El mundo del reciclaje

De las muchísimas familias que se dedican al reciclaje en el Bañado Sur, rescatamos la experiencia de Yohana. “Llego al mes, no me quejo, aunque cuesta un poco por el sol”, nos cuenta.

En carritos tirados a mano o en motocarros, la mayoría de los pobladores del Bañado hace del reciclaje su principal fuente de ingreso. Foto: Rocío Chari Céspedes.

Foto: Rocío Chari Céspedes.

La cita con Paola Yohana Lucía Fernández, 33 años, es en la parada de la línea 27, en el barrio Republicano. Para no perdernos, con Rocío Chari Céspedes seguimos a un colectivo. Yohana y su hijo nos esperaban en el motocarro, debajo de un retoño de mango. En disposición de trabajo, ella con su cuerpo rubio, lleno de pecas, envuelto en una camisa rosada, una calza roja y un quepis del diario ADN, dispara: “Ndaha’eiete pende koche pe la pejupátava hína”.

A sus 33 años,  Yohana alimenta a sus cinco hijos con la recolección de plásticos, cartones, hierro, que, luego de almacenar en su casa y de discriminar por rubros, vende al patrón, el acopiador. Este se encarga de llevar a la prensadora. Todo se recicla, comenta Yohana, mientras recoge una bolsa negra con botellas de vidrio vacías y su hijo hace lo suyo con los cartones. 350 guaraníes el kilo el cartón, 120 botellas de vidrio, 1600 el plástico…enumera. El barrio Republicano no solo está poblado, como pudiéramos imaginarnos, de casas populares. En algunas cuadras se yerguen mansiones de esas que podemos ver en Villa Morra, algunos sectores de Trinidad y otros barrios capitalinos, con enormes rejas y alambradas eléctricas. En sus calles se cruzan recicladores en carritos tirados a caballo, a mano y motocarros y familias enteras que deambulan a pie, con sus enormes bolsas negras, para recoger de la basura las cosas que pudieran vender a sus patrones.

Antes de conseguir su motocarro, Yohana recogía los materiales a pie. Si bien le ha dado mayor desplazamiento y volumen de recolección, también le ha conferido mayores obligaciones. 400 mil guaraníes al mes debe gastar en el mantenimiento de esa máquina, aparte de pagar la cuota y el combustible. Así, con esos gastos, el trabajo de reciclaje no alcanza para llegar al mes; entonces,  tres veces a la semana, por la mañana, trabaja en limpieza en casas de familia. Para ella, sin embargo, el mundo es como es: “Llego al mes, no me quejo, aunque cuesta un poco por el sol”.

Yohana realiza sus trabajo de reciclaje acompañada de su hijo. Foto: Rocío Chari Céspedes.

Su castellano es asentado, como buena parte de los antiguos pobladores del Bañado. A diferencia de miles de familias que se agolparon del campo a la ciudad en esos humedales, ella es hija de Asunción, al igual que su padre, Miguel Fernández, que trabajaba en el puerto de Asunción como estibador. Eran otros tiempos en que el puerto de Asunción era un universo de gentes que bajaban y subían mercaderías, donde se vendían productos filtrados por la coima, tiempos de hombres duros, rudos y mareados que relajaban la tensión fálica en los burdeles. Su madre, Nancy Mendieta, cosía bolsa de arpillera. Con la estiva y la costura, pasaron de la casita de hule a la de concreto, donde vive Yohana con sus cinco hijos. La mayor está a punto de terminar el colegio. Yohana está segura que podrá enviarla y sostenerla en la universidad. “Ella quiere ser supervisora de supermercado”, dice, en tanto la llama para sacarse una foto. “Nooo”, grita la hija y se mete en la pieza, que apenas se vislumbra entre tanta ropa extendida en el patio. “Qué kougua que es mi hija”, suelta Yohana, con una sonrisa amable, diáfana, en tanto junta a sus criaturas para una producción fotográfica de alta costura.

Foto: Rocío Chari Céspedes.

Foto: Rocío Chari Céspedes.

Foto: Rocío Chari Céspedes.

Foto: Rocío Chari Céspedes.

Foto: Rocío Chari Céspedes.

Rocío Chari Céspedes.

Yohana lleva los objetos reciclados a su casa para clasificarlos, para luego llevarlos a vender. Foto: Rocío Chari Céspedes.

Hasta hace unos años, los recicladores se concentraban en Cateura, el vertedero municipal. Cuando la basura reciclable empezó a ser clasificada ya en los camiones recolectores, mermando su llegada al destino final, los gancheros empezaron a salir a las calles para adelantarse en el negocio. Foto: Rocío Chari Céspedes.

Yohana con 4 de sus 5 hijos e hijas. Foto: Rocío Chari Céspedes.

 

 

 

 

 

 

Comentarios

1 Comentario

  • Avatar
    Cristina
    10 febrero, 2016

    tengo varios kilos de vidrio y deseo que alguien que recicle los venga a buscar…justo encontré este reportaje, me gustaría que Yohana venga a buscar el vidrio yo, se lo regalo…

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