El meritorio reinicio del planeta de los simios

Reseña de Rise of the planet of the apes, la película que entra en la historia del cine gracias a sus propios méritos.

Rise of the planet of the apes: el origen del planeta de los simios

Afiche de la película. Imagen: Coveralia.com

@SebasOcampos

Luego de una década, donde Tim Burton desaprovechó la brillante oportunidad de retomar bien una de las mejores sagas de ciencia ficción de finales de los sesenta y principios de los setenta, el director Rupert Wyatt, en base al muy buen guión de Rick Jaffa y Amanda Silver, se inserta en la historia cinematográfica con una excelente película que desde su estreno hasta hoy satisface tanto a la crítica severa como al público comercial.

La novela, la saga, las series

Esta historia tomó sus primeros aires en 1963, cuando el escritor francés Pierre Boulle publicó la novela La planète des singes. Luego, gracias al éxito literario, Hollywood le echó un ojo y, con unas modificaciones bien estadounidenses, estrenó Planet of the apes en 1968, bajo la buena dirección de Franklin J. Schaffner, la recordada actuación de Charlton Heston y el maquillaje revolucionario que alcanzó el 17% del presupuesto total de la película.

El rotundo éxito del filme, con uno de los mejores finales en la historia del cine, logró la realización de cuatro títulos más: Beneath the planet of the apes (1970), Escape from the planet of the apes (1971), Conquest of the planet of the apes (1972) y Battle for the planet of the apes (1973), cerrando el círculo de la saga, a la que siguieron dos series de televisión (la última animada) en 1974 y 1975.

El inicio ya no es el principio del fin

Los guionistas Rick Jaffa y Amanda Silver, basados tanto en la novela como en las primeras cinco películas, hicieron bastante bien su labor de dar un nuevo aire a la entonces innovadora historia del planeta de los simios. Es así como el gran cambio que se hizo en este reinicio fue romper con la línea futurista (donde unos astronautas se estrellaban en un planeta desconocido ya cerca de los 4000 años E.C.) para trabajar el guión de manera realista, casi hiperrealista, revelándonos imágenes conocidas desde el inicio de la cinta aún de ciencia ficción.

En ese realismo vemos atraparse en la selva a la simia que luego será llamada Ojos Brillantes –nombre dado, en la película de 1968, al astronauta George Taylor (Charlton Heston), por sus iris azules–. Ojos Brillantes termina sus días en el laboratorio dirigido por el doctor Will Rodman (interpretado correctamente por James Franco), que sólo tiene un objetivo: hallar la cura del Alzheimer para salvar a su padre. Con el correr de las escenas, la cura parece surtir efecto en Ojos Brillantes. Todos se entusiasman, pero ella, ante el acoso de los guardias, escapa de su pequeña prisión y destruye todo lo que se pone en su camino.

El nacimiento y la formación del líder nato

Luego del desastre, en el cual Ojos Brillantes termina asesinada, el doctor Will Rodman y su equipo se dan cuenta de que ella actuó así debido al temor de que su hijo recién nacido fuera herido. El pequeño simio, a causa de que estaban deshaciéndose de los animales del laboratorio, va a vivir a la casa de Will, donde su padre, Charles, se encariña rápidamente con él, llamándolo César en el acto, en homenaje a Julio César.

Con el correr de los años, donde el paso del tiempo es muy bien trabajado en pocos segundos con el crecimiento de César y sus ágiles movimientos recorriendo toda la casa, tanto Will como su padre perciben la inteligencia sobresaliente del simio, gracias a los genes heredados de su madre, demostrados también en sus ojos claros.

El conflicto en la familia atípica inicia cuando César sale en defensa de Charles, el padre de Will, que empezó a caer otra vez en las garras del Alzheimer, luego de que la cura de su hijo pareciera haberlo rescatado del infierno de la desmemoria. En esa escena, un vecino maltrata a Charles por haberse metido en su automóvil sin permiso y haberlo chocado una y otra vez en unos pocos metros. César no soporta ver eso desde la ventana y va en rescate de Charles, golpeando al vecino repetidas veces. La sociedad, a su vez, no tolera esa violencia y César va a parar en un lugar para primates.

Rise of the planet of the apes: revolución

Escena de la película donde César dirige la batalla contra los humanos en el puente Golden Gate. Imagen: Zonafreak.net

«¡No!», el principio de la revolución

Es en ese lugar dedicado a primates donde César percibe el maltrato constante del humano hacia los simios, representado por uno de los guardias que electrocuta, golpea y moja con agua a presión a los animales cada vez que se le antoja. Ante esa injusticia intolerable, después de comunicarse con otros primates, siempre en lenguaje de señas, que por cierto tiene su buen grado de comicidad, nuestro héroe planifica la rebelión impensada.

La revolución, comprendida como el cambio radical de una forma de vida, comienza cuando César, a la vista de los demás simios, grita con los ojos llenos de ira al guardia maltratador: «¡No!» Esa simple negación enfática representa el principio de la liberación. Los simios, ya con cierta inteligencia (pues César había esparcido en medio de las jaulas el nuevo medicamento trabajado por Will, luego de haberlo robado de su casa), siguen las órdenes del líder nato y parten al edificio del laboratorio donde todo inició, para liberar a los simios y destruirlo.

La película, que va ganándose al espectador escena tras escena, con detalles (del guión, la dirección y los efectos especiales) estupendamente bien trabajados, llega a su clímax de acción en la gran batalla llevada adelante en el puente Golden Gate. Simios contra humanos luchan con sus armas: los primeros se lucen con la fuerza bruta y la inteligencia del líder, mientras que los segundos sólo cuentan con sus armas de fuego. César vuelve a gritar «¡No!», pero esta vez ya dirigido a un gorila, para que no asesinase a un humano. Su piedad empieza a caracterizarlo, en busca de (de)mostrarse diferente de quien está liberándose.

«César está en casa»

Con los humanos hechos a un lado después de culminar la batalla, los simios se dirigen al Parque Nacional Muir Woods. Will, apenas se enteró del escape de los simios del lugar para primates, se puso a buscar a César y no tardó en saber que él iría al bosque donde solían ir juntos en otros tiempos.

Al estar en medio del parque, Will es atacado por un simio (con rostro de villano), pero César sale de la nada e impide que lo hiera. Will, al encontrarse frente a frente con su amigo primate, le advierte que los humanos atacarán con todas sus fuerzas apenas puedan y que él lo podrá proteger sólo si regresa a casa. César lo escucha y, tomándose su tiempo, se le acerca al oído y le dice: «César está en casa», palabras que el doctor Will Rodman comprende al instante.

Los minutos finales se vuelven sencillos, poéticos, con César elevándose a la altura máxima de un árbol para mirar la ciudad a lo lejos, ciudad en la que un piloto revela la realización de al menos una película más, que desde ya aguardamos con ganas sea igual o –con suerte– superior a este meritorio reinicio del planeta de los simios.

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