El mayor capital de los trabajadores está en juego

Durante el gobierno de Juan Carlos Wasmosy se había logrado algo aparentemente imposible: quebrar el Banco Nacional de Trabajadores. Una precisa ingeniería delictiva encubierta de obras para los trabajadores, de las cuales, una asume ya el cartel del elefante blanco: el complejo habitacional de Mariano R. Alonso. El BNT contaba con ingreso fresco mensual, aporte de los trabajadores, de G.900.000.000 mensuales.
Ahora los fondos del Instituto de Previsión Social están en la mira. Una ley habilita el uso para obras públicas.
La ley fue promovida por Víctor Bogado, Ariel Oviedo y Luis Gneiting y Franciso Rivas. Y como muchas cosas, no llegó a estadio público. El Ejecutivo, el 15 de octubre de 2013, la había vetado parcialmente, pero luego, por decreto número 484, del 15 de octubre de 203, rectificó.
El aporte obrero patronal del IPS se calcula en un promedio de 60 millones de dólares al mes, lo que al año significan 720 millones de dólares.
Algunos medios de este país, como ABC Color, asumen que la rápida renuncia de Aníbal Filártiga (apenas once días) se debió a su negativa de usar estos fondos.
El actual presidente, Benigno López, dice que, tras estudiar la ley, no habría “panorama jurídico” para tocar los fondos jubilatorios. “Es muy riesgoso y no vale la pena empezar por ahí”, sostiene.
A su salida, el médico Aníbal Filártiga había dicho que IPS es una gran manzana a la que todos quieren darle una mordida.
Recién cuando salió del oscuro laberinto de los papeles, se presentó un proyecto de derogación, presentado por la senadora Desiré Massi, acompañada por la multibancada (Frente Guasu, Avanza País y PDP).

 

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