El más genuino proceso revolucionario está en juego

La mayoría de los bolivianos jamás se sintieron tan representados como lo están ahora. Están representados en un gran movimiento de organizaciones de base no solo en el altiplano sino en todas las provincias de este país, donde conviven desde siempre indígenas, campesinos, mineros, cazadores y agricultores, cuyos derechos fueron consumidos por siglos de colonialismo. Están representados en un presidente, Evo Morales, indígena, luchador de siempre por sus derechos y los de sus hermanos. Están representados por un movimiento, el MAS, que creció y se multiplicó en la lucha contra la explotación y el saqueo de las tierras por parte de unas 1.000 familias. Un movimiento que en el gobierno cumplió su promesa de nacionalizar los hidrocarburos y avanza mediante una nueva Constitución a restituir los derechos de lengua y propiedad de los diversas comunidades originarias.

De una parte del dinero que ahora se recauda por la venta de los hidrocarburos, unas 600.000 personas de más de 60 años tienen consagradas un mínimo derecho a la jubilación. Existen misiones médicas y educativas con cubanos y venezolanos en pueblos del llano y del altiplano. En las comunidades de base se discuten reforma agraria, educación, derechos salariales y jubilatorios. Son discusiones candentes que se trasladan, según me comentan, a las plazas de varias ciudades, en especial del altiplano.

Este movimiento extraordinario es omitido por los grandes medios de comunicación, o presentado en forma fragmentada, y es resistido por un poderoso grupo político-económico que gobernó a su antojo los recursos naturales y comerciales del paísEsa gran movilización de masas campesinas, indígenas y obreras es la que finalmente definió confirmar en un 67% el 10 de agosto a Evo Morales en la Presidencia. Y es este el resultado que histerizó a la derecha, retomando una ofensiva paramilitar con el evidente interés de frenar el referendo a la Constitución aprobada por la Asamblea..

¿Cómo parar el referendo constituyente que con seguirdad ganará la mayoría de los votos?

La reacción al proceso, en los departamentos de la Media Luna, se sostiene básicametne en un discurso popular también: el de las autonomías regionales. Ha encontrado en esta revindicación una palanca para oponerse a la revolución que opera en Bolivia, una revolución que de no cortarse, «a como dé lugar», puede restituir a una buena parte de la población sus derechos de propiedad, comunales, colectivos, clánicos, de tierra, explotación y redistribución de sus recursos.

La reacción explora en este esfuerzo sentimientos raciales internalizados. «Ese indio basura que ahora nos gobierna», es una frase que subyace en el discurso de Branko Marinkovic o Costas, jefes “cívicos” de Santa Cruz, representantes clásicos del antiguo poder económico.

«Lo que se cocina en Bolivia no es sólo un golpe de Estado en alguna de sus formas posibles. No es sólo un intento desesperado de los dueños del dinero por retener sus privilegios y su statu quo. Es un extracto de infamia, una muestra del veneno histórico inoculado año tras año en un país que hasta hace poco tenía un presidente que no hablaba bien el castellano», infiere en su análisis de discurso Sandra Russo, en Página 12, Argentina, en su edición del 15 de setiembre.

Evo fue ratificado en más del 80 por ciento de las provincias. Y en el reducto de supuesta abumadora mayoría contraria, Santa Cruz, su apoyo avanzó por encima del 40%. Los grandes medios, sin embargo, habían fracturado la imagen de Evo, oponiéndola a la de los jefes departamentales, como si medio país estuviera en contra del Primer Mandatario.

El movimiento de Evo avanzó en su apoyo popular un paso extraordinario por encima del empate «catastrófico» con la derecha del que hablaba el vicepresidente, Alvaro García.

¿Cómo sobreponerse a esta derrota lo más rápidamente posible?

El entonces embajador norteamericano, Philip Goldberg, había estado antes en Yugoslavia. Conoce cómo se organizó la Guerra del Chaco (1932), entre paraguayos y bolivianos por el interés de la Standard Oild, de los Rockefeller, de controlar un territorio petrólifero. Sabe cómo operó el gobierno norteamericano en Chile para derrocar a Salvador Allende en 10973: complot, desabastecimiento, asesinatos. Exaltar los ánimos, confundir, desestabilizar y pescar en río revuelto. Habla con Costas y otros prefectos. Luego ocurren las tomas de edificios públicos, el atropello a unidades del gobierno, el corte del suministro de energía. «Todos los fuegos, el fuego».

La reacción explota su sangre sicaria en la campiña. El brazo armado organizado por Leopoldo Fernández, prefecto de Pando, donde Evo fue ratificado por más del 50%, masacra a campesinos. Los medios hablan de confrontación, de enfrentamiento. Los datos más íntimos nos señalan delirio sicario. Aunque sin armas, el pueblo mantiene un duelo real y concreto con sus verdugos de siempre. Están de por medio tierras, el control de los recursos hídricos y energéticos. Están de por medio antiguos privilegios. «Y ese indio de mierda en el poder».

Evo había convocado al diálogo antes a los adversarios. Le habían respondido con el ninguneo y la prefabricación. Ahora dialogan sobre muertos. Evo dice «estamos abiertos a ubicar la reivindicación de la autonomía, pero no sé cómo»

Han logrado frenar el referendo de la Constitución. Una constitución que declara a Bolivia plurinacional. No es menor este dato. Declarar la plurinacionalidad en la práctica es resitutuir derechos milenarios.
Los muertos nuevamente los ha puesto la gente pobre, que ya carga pesadas cruces.

«Fuera collas de mierda«, reza en una pared en Santa Cruz. «No era sólo una pared. Eran muchas paredes. Eran gritos también. Mucha gente como la gente gritando “fuera collas de mierda”», nos recuerda Sandra Ruso. Y remata, en extraordinario análisis de discurso: «La cocina ideológica y emocional de la reacción contra Evo Morales hace pensar en que cada crimen que tuvo o tenga lugar en Bolivia es de lesa humanidad».

El más genuino proceso revolucionario de las últimas tres décadas está en juego. La derecha sólo recuerda y respeta los votos cuando tiene alienadas la voluntad y la fuerza de los pueblos. Evo también lee. Los movimientos que promueven el proceso no solo conocen la historia, sino que lo han padecido desde siempre. La pacificación solo se puede lograr con la restauración de los derechos conculcados. No se puede negociar sobre esos derechos. Evo lo sabe. La derecha sabe que no puede más que defender sus privilegios. Es una guerra. Una guerra en que, desde este lado, «todo somos Evo».

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