El libro “investigado” por la fiscalía narra ejecución de inocentes

El hecho de que se haya encontrado el libro “Relatos que parecen” cuentos en manos de personas presumiblemente integrantes de grupos armados en nada puede implicar un “delito” a ser “investigado” por el fiscal Joel Cazal, nos dice Benjamín Valiente, uno de los autores del libro. De los fondos de la narcoganadería y la soja, “Relatos que parecen cuentos”, del vicario general de Concepción, Pablo Cáceres y Benjamín Valiente, recrea, como en crónicas, historias de los fondos de Concepción. Entre las historias trae la de un sordo acribillado, Agustín Ledesma (22), por fuerzas policiales en la “búsqueda del EPP” (abril 2012). Al percatarse del “error” le encajaron un fusil enorme en el cuerpo para presentarlo como “temible terrorista”. También recrea el libro la historia de una comunidad indígena, en los fondos de Yvy Yau, que sufrió las de Caín cuando se le apresara al narcotraficante Ximenes Pavao. Además, reconstruye la vida del dirigente campesino de Arroyito, Benjamín Toto Lezcano, tenaz opositor a la semilla transgénica de la soja, acribillado frente a su casa por sicarios.

Sobrevivió para contarlo. Rosa González, víctima de los operativos de la FTC.

Sobrevivió para contarlo. Rosa González, víctima de los operativos de la FTC. Foto de imágenes de Telefuturo.

En último operativo “encontraron” ejemplar del libro (algunos sostienen que es una táctica más para neutralizar los cuestionamientos). El fiscal Cazal dijo que se lo iba a citar a declarar a Pablito Cáceres, “por los hechos que denuncia, sería importante que acerque las pruebas que tiene. La fiscalía es la más interesada en aclarar la situación», según publicación de ABC Color.

De los desafueros de la Fuerza de Tarea Conjunta es víctima también la señora Rosa González que sobrevivió con la mandíbula destrozada de un operativo cuando con sus parientes, Marcos y Hermenegildo Ovelar, fueron, al decir de diversos testimonios, en busca de vacas. Marcos y Hermenegildo murieron. Uno de ellos, al igual que Rosa, presentaban rastros de tajos de cuchillo en la nalga y en los brazos.

También víctima fatal de estos operativos habría sido, el 15 de noviembre del año pasado, Vicente Ojeda, 25 años, cuñado de los Jara Larrea, considerados los cabecillas del grupo armado ACA. El estaba en su casa, con sus hijos y otros familiares aquel sábado, cuando fueron rodeados por un allanamiento de grandes proporciones. La comunidad de Arroyito asegura que lo ejecutaron y en su momento denunció, en asamblea, “permanente acoso y terrorismo de Estado” a que son sometidos desde que militarizaron la zona.

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