El latifundio deja desoladas a varias familias en el día del padre

«Los propios jefes policiales remarcan que las balas que recibieron los efectivos de las fuerzas de seguridad abatidos o heridos fueron disparadas por personas altamente preparadas».

 

La recorrida de hoy en estancia Morombi, Curuguaty, en busca de nuevos cuerpos estuvo marcada por la lluvia. Foto: E'a.

El niño estaba en la Consejería Municipal por los Derechos del Niño, Niña y Adolescente (Codeni) en Curuguaty. Lo albergaron allí desde la masacre del viernes ocurrida en “Marinacue”, en el distrito curuguateño, que fuera Cuarta Capital del República durante la Guerra de la Triple Alianza. El niño no podrá pasar, al igual que las casi veinte víctimas, entre campesinos y policías, el día del padre junto a su progenitor. El sábado, otros familiares lo fueron a recoger.

Ambyasyeterei che primo ojejukahaguere”, comentaba desconsolado, Esteban, joven familiar de Adolfo Castro, frente a la Fiscalía de Curuguaty, el sábado pasado, esperando que su padre, Felipe Benítez, termine su declaración. “Ha la ivaivevakuri, ha´e ojejuka ohupi hape itayrape”, anexaba. Adolfo tenía 23 años. Su hijo, 3.

Castro levantó a su hijo para salvar la vida del infante y la suya, pero las balas policiales impidieron que su objetivo prosperara. El azar impidió que su hijo recibiera los disparos. La morgue judicial de Asunción alberga hasta hoy sus restos.

La descripción hecha por Esteban, que junto a sus hermanos fueron a acompañar a su padre en sede fiscal curuguateña, es una muestra más de que muchos campesinos que ocupaban las tierras públicas usurpadas por el empresario y ex senador colorado Blas Nicolás Riquelme, estaban indefensos.

El cruce de balazos requiere de una exhaustiva investigación, para determinar el origen de las balas que mataron a policías y campesinos. Los propios jefes policiales remarcan que las balas que recibieron los efectivos de las fuerzas de seguridad abatidos o heridos fueron disparadas por personas altamente preparadas. Las armas fueron de calibres inusuales para las portadas por los campesinos que reclaman un lugar para cultivar y vivir. El dantesco saldo de 11 trabajadores rurales y 6 agentes policiales es un macabro hito y un desafío para su esclarecimiento de parte de las entidades investigadoras.

La ciencia y una investigación honesta deberán echar luz a esta masacre que tiño de escarlata las tierras que debían fecundar vida, a través de los alimentos, para millares de personas. Campesinos y policías fueron víctimas del latifundio. Los poderosos cuervos acechan. En memoria de los caídos, y por sus hijos e hijas, el latifundio debe acabar.

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