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Analisis y Opinión

El juego del miedo

Las plazas son, íntimamente, espacios públicos. En ellas tomamos tereré, dormimos una siestita si no tenemos para pagar un hospedaje, jugamos a enamorarnos y últimamente muchos chicos pobres le bajan leones con cola y a la marihuana. Y en ellas también protestamos. Ahora la Plaza Italia está censurada por el miedo.

En el Parque Carlos Antonio López, de Sajonia, Asunción, varias hamacas están desechas y otras cositas de madera por donde juegan las criaturas. En la plaza del barrio Nazaret las cosas están peor y es la única plaza de esa zona en por lo menos 15 cuadras a la redonda. Es la situación de una buena cantidad de espacios públicos con juegos para niños. La intendencia asuncena, empero, decide invertir 222 millones en enrejar la Plaza Italia y ahora va por otras plazas.

En la Plaza Italia, la que ahora se enreja, hay un anfiteatro muy lindo para actividades diversas. El 19 de diciembre, con la excusa de la presentación del librito “la vida y la bronca”, compartimos allí con músicos, poetas, vecinos, actores, amigos y familiares una peña que para los de más aguante duró hasta las 6:00. Los que viven en dicha plaza cantaron, bailaron y agradecieron esa especie de serenata, esa travesura de compartir el pan, la palabra y la vida.

La Plaza Italia es uno de los puntos más recurrentes de concentración de la gente que viene con sus necesidades del interior, principalmente. Aquellas familias a las que cada vez la gente de ciudad niega más, en una cita a ciegas con la historia, con las raíces, con aquellas familias que nos parieron y producen lo que comemos.

Las plazas son, íntimamente, espacios públicos. En ellas tomamos tereré, dormimos una siestita si no tenemos para pagar un hospedaje, jugamos a enamorarnos y últimamente muchos chicos pobres le bajan leones con cola y a la marihuana.

En los últimos tiempos, los pueblos indígenas llegan con sus demandas y urgencias a la ciudad y se apuestan en las plazas, lugares públicos, espacios íntimamente públicos.

“Maldición de Mandinga. Ahora, aparte de que se les quita la tierra le cierran las plazas”, se queja Claudia Miranda, una cantora de esta ciudad ya más compleja, de hollín y urgencias, muy lejos de las alcobas, mecedoras y los arroyos donde hasta los 70 la gente disfrutaba de los arroyos.

A los indígenas, como a los demás pobres, en los shopines es muy probable que no les dejen entrar para disfrutar de ese airecito fresco tan yorador en estos días de mucho calor. En el Crown Plaza o el Sheraton probablamente no le hagan precio especial cuando se acerquen con sus demandas. Le quedarán las veredas. ¿Adónde se los expulsará de ahí?

En nombre del orden y la seguridad se cerrará la Plaza Italia. La intendencia capitalina ya mira ahora la Plaza Uruguaya. A muchos nos duele y nos da rabia esta determinación.

El poder juega con el miedo de la gente. El miedo al otro, al otro más pobre que uno. Utiliza el miedo como principal arma para vendernos todas las chatarras que brindan “seguridad” y que nos alejan del otro, peligroso, presunto delincuente, sospechoso.

Juega a la ansiedad y a la paraonia, dos estados perfectos para la alienación posmoderna. Juega, en fin, a encerrarnos en nuestros mundos cápsula.

No vayamos tanto. La idea era simplemente decir que duele la decisión, da rabia y que es una mentira que encerrarán las plazas porque les importe “la ciudadanía”, esta frase bastarda con que intentan separarnos de los más pobres. Si realmente les importaran los ciudadanos se repararían las hamacas deshechas y esas cositas de madera que en mi cabeza todavía no tienen nombre pero que a las criaturas, como mi beba Zenit, fascinan. Se harían teatro, música, competencias deportivas, talleres de pintura en los barrios y tantas cosas necesarias para que los muchachos salgan del horizonte gris de la segregación por falta de oportunidades. Si nos importaran realmente los “ciudadanos”, debiéramos percatarnos además de que el otro segregado: el oscuro, el presunto delincuente, el que fuma marihuana, la que quedó sin trabajo, la que trafica con su cuerpo es alguien ya muy próximo que convive con nosotros.

El miedo es una trampa mortal. Nos divide, nos fragmenta y nos vuelve vulnerable ante el poder. Algo más interesante tendríamos que hacer antes que encerrar plazas. Podríamos pensar, por ejemplo, cómo asistir a los desterrados y compartir con ellos cuando llegan con sus demandas. Un primer paso es, claro está, dejar de ver el mundo por la TV.

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4 Comentarios sobre “El juego del miedo”

  1. maravilloso articulo julio, y muy verdadero tambien, a ellos no les importa la ciudadania, solo quieren tapar su suciedad bajo la alfombra, no quieren que los afectados por sus politicas neoliberales hambreadoras les restreguen en la cara su miseria; lastimosamente para los urbanos, los “representantes del pueblo” estan en la ciudad, en el congreso. Y como ellos no quieren escuchar la voz movilizada del pueblo, les niegan las plazas para ubicarse. Quieren dividirnos para vencer, nos hacen creer que los pobres son nuestros enemigos, cuando son ellos los que nos empobrecen y nos asesinan de hambre.

    Posted by lolo | febrero 11, 2010, 3:42 pm
  2. Muy buena, Julio. Le das en el clavo. Y en eso de segregar, separar, fragmentar, atomizar para mejor dominar, estàn todos al unisono: medios de com y “politicos” fantoches disfrazados de personjaes respetables. Sombras siniestras de un pasado que no termina de morir!
    La respuesta posible: unidos en la lucha por un PY fraterno y solidario. Nada nos caerà del cielo, siglos de atropellos de los poderosos hacia las mayorias desposeidas hablan a las claras que la idea es organizarnos, unirnos con nuestras diferencias, quienes pretendemos un pais libre de esta claque perimida, enmohecida.

    Posted by Alba | febrero 15, 2010, 8:52 am
  3. Siempre me parecio una locura esto de enrejar las plazas, pero este enero estuve en Rio de Janeiro y aunque no lo crean, TODAS las plazas alla son enrejadas, pero TODAS.
    De día se abren y la gente esta dentro, solo que de noche se cierran quiza justamente para evitar que gente vaya a dormir alla.

    Abria que analizar tambien porque en otras ciudades enrejan sus plazas

    Posted by Guillermo | febrero 19, 2010, 10:13 am
  4. gua´i son los que quieren solucionar el tema de la via publica cerrando plazas, Y SE OLVIDAN DE LOS BACHES DE ASUNCION, DE LAS INUNDACIONES QUE TIENE SUS CALLES EN LLUVIAS, DEL CAOS VEHICULAR?… pero es simpatico como ahora nos olvidamos de todo eso y ya esta! habia sido co el problema eran las plazas… que despierten porque los indigenas y los carenciados no van a desaparecer por mas que cierren plazas! quieren aplicar el refran “ojos que no ven, corazon que no siente” piooo???jajajjaja.

    Posted by rastafa | febrero 20, 2010, 12:10 pm

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