El Indio Solari: mito viviente que convocó a miles de feligreses en Tandil

Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado comandados por Carlos Alberto “Indio” Solari, ex cantante de los Redonditos de Ricota, citaron a la feligresía ricotera en Tandil, provincia de Buenos Aires. Miles y miles de almas lunáticas explotaron en un ritual que no se explica, ni se entiende, solo se siente.

Los incondicionales…

La Figura del “indio” ya se ha consagrado como un fenómeno social. Solo basta su nombre y su música para atraer a  una masa impresionante de personas a cualquier destino, sin importar la distancia recorrida, como ocurrió el fin de semana pasado en las serranías de Tandil

En este concierto, diversas generaciones compartieron un inquebrantable lazo de hermandad, bajo la luz de las bengalas iluminadoras del nuevo cielo, y por supuesto del rock and roll, ese que tanto nos conmueve y nos alienta aún en la noche más oscura a buscar el día en nuestros corazones.

El largo viaje a Tandil

Fueron más de 1700 quilómetros recorridos desde Asunción hasta las sierras tandilenses, que para algunos  era ya la segunda «misa india» (en alusión al Indio).  Entre los que se aventuraron al recorrido figura el autor de esta sencilla crónica.  Otros iban a vivir por primera vez un evento de esta naturaleza.

Sin embargo, todos estaban unidos por la ansiedad de ser parte de una de las mayores muestras de integración artística y social que se vería en los últimos veinte años en la Argentina y más allá de sus fronteras, teniendo en cuenta que hubo personas que llegaron a Tandil provenientes de Chile, Uruguay, Perú, Paraguay entre otros.

Los rituales de cada concierto

La recompensa de atravesar esos miles de kilómetros finalmente comenzó a develarse aproximadamente a las 18 hs de aquel sábado 13 de noviembre, cuando se divisaron las imponentes sierras, momento en que todo el cansancio viajero fue eliminado automáticamente. En su lugar la alegría se apoderó del bus, los ojos ciegos bien abiertos observaban la fiesta que se vivía en las calles de Tandil, personas rodeando la parrilla, parlantes que retumbaban al ritmo los himnos de los Redondos,  las bandas agitando con las canciones de aliento para los Fundamentalistas, rituales ineludibles antes de cada concierto del Indio.

Esa tarde-noche Tandil fue el epicentro de convivencia de varias generaciones de ricoteros, de los más longevos que fueron testigos del génesis de los Redondos en pequeños pubs a mediados de la década del 70, pasando por  los  que vieron a los Redondos en los tiempos en que comenzaban a masificarse en los años 80, hasta los que vivieron la consagración definitiva de la banda como ícono de la contracultura en la década de los 90. Y los más pibes que sufrieron la separación nunca confirmada oficialmente, pero que en las misas indias marcan presencia para rendir tributo al portavoz innato del espíritu ricotero.

Ya abajo del bus comenzamos un largo recorrido hasta el hipódromo preguntándonos ¿Con qué tema irá a comenzar? Ojalá que toque este, este otro…en fin, fueron metros y metros de preguntas, fotografías de recuerdos, cervezas y chorizos, hasta llegar al imponente escenario donde todas nuestras interrogantes serían resueltas. Y las de miles de personas que aguardaban con ansias indescriptibles el momento en que las luces se apaguen y comience la liturgia del Dios pagano, del hedonista del Parque Leloir, del Salinger del rock, o simplemente del “indio”.

El primer trago: un Jugo de tomate frío

Eso ocurrió cerca de las diez de noche. Las luces se apagaron y las bengalas presagiaban el inminente comienzo del recital más esperado del año. Luego de las palabras de apertura, el rock bebió Jugo de tomate frío, clásico de Manal con el cual Solari daba inicio a una liturgia musical. A esta canción le siguió una de las tantas gratas sorpresas sonoras de las que fuimos testigos en esa noche inolvidable, como fue sin duda Un Tal Brigitte Bardot, primer tema de la deliciosa selección de canciones “redondas” que sonaron durante el recital.

Durante dos horas y media de show Solari hizo un excitante recorrido por canciones de su discografía solista y los infaltables temas redondos. A la par que intercambiaba palabras irónicas sobre la cantidad de gente, los desperfectos técnicos que obligaron a una interrupción del show a minutos de haber comenzado. Y dedicatorias especiales para algunos amantes. Entre las canciones que dejaron a más de uno agarrado de la cabeza se pueden citar Noticias de Ayer, El Regreso de Mao (dedicado al maoísmo digital), Taxi Taxi, Vamos las Bandas, Un angel para tu soledad, El infierno está encantador y Juguetes Perdidos, la canción más emotivas del show.

El atracón ricotero

Es imposible dejar de mencionar de igual manera los temas pertenecientes a las dos placas editadas por los Fundamentalistas: El Tesoro de Los Inocentes y Porco Rex; También sonaron Ramas desnudas, Martinis y Tafiroles, To Beef or not to beef, Pabellón Séptimo y Flight 956, como antesalas a la canción que ya en varias ocasiones literalmente hizo temblar la tierra. Antes de los temas finales, el Indio se tomó licencia para cantar el segundo cover de la noche, algo nunca antes hecho. Esta vez el homenajeado por la voz fundamentalista fue Pescado Rabioso, con el tema Post Crucifixión. Nobleza obliga reconocer a los músicos compañeros del Indio, que en perfecta sintonía lograron con creces la misión de conmover a los patéticos viajantes.

Como hemos anticipado luego de Post Crucifixión y Fligth 956, llegaba el momento trascendental de la noche. Si bien el objetivo de satisfacción musical ya estaba más que cumplido, faltaba cerrar el concierto más convocante del año de la manera en que se merecía. Los primeros acordes de Jijiji desataron la explosión de 100 mil almas lunáticas errantes en un ritual que no se explica, ni se entiende, solo se siente.

El pogo más grande del universo, como fue bautizado por el mismísimo Solari, renovó el eterno idilio entre el Indio y las bandas, la guitarra de Gaspar Benegas fue la responsable de musicalizar uno de los fenómenos más fascinantes del rock. La danza descontrolada era la devolución de gentilezas a dos horas y media de show. Ante la atenta mirada del indio sin los anteojos que lo caracterizan, tras el final de Jijiji se terminaba un nueva página de esta historia, y se comenzaba a escribir la siguiente. Salta en marzo donde nuevamente se beberán de las copas más lindas, con el aroma del Perfume de la Tempestad.

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