El idioma paraguayo o la lengua española

El “idioma paraguayo”, tendrá que cortar algún día el cordón umbilical que lo tiene sujeto al imperio de la RAE.

Es bien sabido que la lengua es de quienes la hablan. En tal sentido, es bien conocido también que el idioma castellano o lengua española o idioma español, da lo mismo, llegó a su condición de imperio, tal como lo reconocemos en la actualidad, luego de un largo periodo histórico, durante el cual, tras haberse desprendido del latín como una lengua “vulgar”, logró oficializarse y expandir sus territorios de poder con la conquista española sobre gran parte del mapa americano.

Es decir, que aquella lengua pasó de ser un compendio de vulgarismos increíblemente repudiados y ridiculizados por la sociedad “culta” de aquel entonces, cuando otro era el imperio y cuando ellos, los españoles, habitaban una condición muy parecida a la nuestra; a convertirse, con el correr de los años y con el indomable afán globalizador de su principal órgano: la Real Academia Española (RAE), en el “cerebro” que funge de torre de control y mando sobre las lenguas de todos los hispanohablantes.

Son ellos los que, a través de su “gran institución” (la RAE), dictaminan bajo sus muy particulares intereses qué palabras podemos utilizar para nombrar a las cosas y situaciones que son propias de NUESTRO entorno y NUESTRA realidad cultural. Nosotros decimos, por ejemplo, “bajear” o “arribar”, en sentidos que nosotros comprendemos perfectamente. Estas construcciones, puestas como ejemplos, siguen los patrones normales de composición léxica pero las acepciones que nosotros les atribuimos a esas palabras no figuran en la biblia de la lengua española; pero, aún así, repito: a nosotros nos sirven y nos entendemos.

Entonces, la pregunta que surge es sí no deberíamos acaso ser nosotros, los paraguayos y los habitantes de los demás países de habla hispana, los que reconociéndonos como los propietarios del idioma, construyamos nuestro propia lengua, oficializando las andanzas de nuestras formas de comunicación; las que tan arraigadas están en nosotros y en nuestras costumbres, pero que no se reflejan en los “grandes lineamientos” de la institución madre.

Al igual que nuestra lengua guaraní, nuestra manera de idioma “español”, tan rico e implícitamente legitimado por el pueblo como “idioma paraguayo”, tendrá que inevitablemente cortar algún día el cordón umbilical que lo tiene sujeto al imperio, y que actualmente lo mantiene sostenido por las sucursales de la Real Academia que están regadas por nuestros países como ojos vigilantes. Y eso sucederá, con el establecimiento de una Academia de la Lengua Paraguaya, o quién sabe cómo, pero sucederá y no hay porqué poner “póras” o “cucos” en eso.

Lo que sí sería importante es plantearnos si aquel destino no resultará será más cercano y liberador para todos los paraguayos, principalmente, si en vez de incitar ingenuamente a la burla de nuestra propia identidad lingüística, con programas d televisión, y hasta sitios virtuales como www.chiperagaga.com, vacíos de contenido reflexivo y llenos de los prejuicios propios de una sociedad que no valora su situación de bilingüismo; si en vez de ello, orientáramos nuestros esfuerzos en dejar de menoscabarnos y si pusiéramos aunque sea un poco más de entusiasmo en revisar estos aspectos históricos y antropológicos que tan enriquecedores resultarían para el debate y para que, de a poco, nos vayamos involucrando con rol protagónico en la reflexión de este asunto de la lengua… ¿Española? ¿Paraguaya?

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