El hombre nuevo según el Dios Mercado

Vivimos un mundo donde la incertidumbre y la inseguridad se han apoderado del ser humano. El Dios mercado ha logrado vulnerar toda idea de seguridad en nuestras vidas hasta ubicarnos como seres en permanente crisis. La angustia y la ansiedad nos acompañaban como la grasa al chancho. Antiguas patologías individuales se han comunizado. El Dios mercado ha logrado instalar en nosotros la bastarda idea de que no existe un lugar seguro ni un momento en que pueda estirarse el cuerpo y decirse “estoy bien, nada me falta”. La ansiedad es el signo definitivo de estos tiempos.

Una tremenda acumulación de capitales, la aparición de una maquinaria que vomita objetos y sujetos y una tecnología que se presenta al alcance de todos, arropada de obsolescencia evidente y aun programada, nos han metido en este estado civilizatorio: fragmento de nosotros mismos. Personalidad múltiple, casi esquizoide.

El futuro ha llegado. “He visto el futuro,
es un crimen”, nos dice Leonard Cohen. Este estado civilizatorio ha sido fundamentalmente reforzado por las nuevas tecnologías de la comunicación: aparecen al alcance de todos sin certeza alguna de su durabilidad y mucho menos de la posibilidad de acceso estable, no traumático, a la próxima versión.  Jamás el ser humano estuvo frente a instrumentos de comunicación tal volátiles ni se ha encontrado frente a espejos tan múltiples cual túnel con miles de ventanas virtuales. Jamás hubo tanta acumulación de capitales en pocas manos, las mismas que deciden cuándo aparecerá próxima versión del sofward y harward que tejará “out” o te permitirá ser un “in”, en fin un winner o un loser.

Hace poco participé de la presentación de un programa de inserción de medios digitales. De cada diez palabras emitidas por los expertos cuatro a cinco correspondían a una nomenclatura en inglés. Este nuevo ministerio construye una cofradía de códigos tan herméticos que te dejan marcando ocupado permanentemente. Mucho más hermético que un diagnóstico médico sobre “politraumatismo craneal”.

Hay muchas cosas que ya “ocurren” a través de estas plataformas de comunicación a tal punto de sentir que nuestras vidas mueren en la agonía al terminarse la batería o el saldo: parecida sensación causada por el corte de energía eléctrica a la madrugada de pleno verano o un desperfecto mecánico del auto en medio de la nada.

Esta sensación de permanente inseguridad e incertidumbre llegó para quedarse como afirmación del propio ser contemporáneo.  Es una contracara ineludible de un sistema de acumulación y producción de bienes materiales concentrado en convertir a cada ser humano en sujeto individual de consumo de bienes y servicios. Computadora, celular, autos, casas, televisores y otros bienes materiales personales hacen a una afirmación omnipresente de la individualidad. Soy en tanto tengo algo para mí. Pero este soy en tanto tengo algo para mí es, a todas luces, leña seca de una permanente insatisfacción. Todo está a un paso de que eso que tengo para mí “ya no me sirva mañana”.

 

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