El Hombre de Buchanan’s

Mientras el Hombre de Buchanan’s muestra su rumbo –el cual no incluye a los obreros y obreras, a los campesinos y campesinas– los hospitales están vacíos de presupuesto, las escuelas a la intemperie, la deuda e(x)terna crece, y la esperanza popular está a la deriva. 


A mediados de la década del 80 inundaba los espacios publicitarios de la televisión el aviso de un hombre “exitoso” (era otro, no Wasmosy). A él todo le era fácil. “Cambiaba rubia por morena”, “era un hombre triunfador”, “era decidido, y se vestía como quería”. Era un Hombre de Buchanan’s (*). En dicha época, en las postrimerías de la dictadura stronista, el salario de un trabajador y de una trabajadora de la educación correspondía a la mitad del sueldo mínimo, el sueldo de un trabajador y una trabajadora de la salud era aun menor. Y en las mazmorras stronistas, los presos tanto políticos como comunes eran mártires. Pero ellos no eran hombres de Buchanan’s.

En tal época emergía alguien que postulaba a ser el Hombre de Buchanan’s. Se hizo piloto aviador. Luego se involucró en el negociado de las divisas, junto a otro postulante al “buchanismo”,  Edgardo Sobrero Trócoli, un verdadero “mago” de las finanzas. Finanzas con dinero del pueblo paraguayo, por supuesto. Luego de problemas en la repartija del botín, ambos huyeron del país. Eran hombres “decididos”, como lo rezaba el aviso de la tv.

Décadas después, el Hombre de Buchanan’s volvió. Ya convertido en “hombre de negocios”. Abrió casas de cambios, financieras, bancos, tabacaleras, se abocó al rubro de importación de bebidas, invirtió en el fútbol. En medio de ello, soportó juicios por varias causas, tanto en Paraguay como en Brasil. Y luego incursionó en la política.

Ya allí, disfrutando de su fidelidad a Buchanan’s, decide nombrar como ministros a exoperadores financieros de Wall Street; a adscriptos a la doctrina de la Seguridad Nacional norteamericana; a operadores jurídicos de la diplomacia stronista; a gestores del negocio ambiental, que privilegia el lucro a costa de los recursos naturales; a gerentes televisivos de empresas de la timba; a intermediarios del complejo militar industrial estadounidense; a ordenanzas de las agencias de “cooperación” norteñas; y también a algún que otro defensor de los negocios. Los suyos, por supuesto.

Mientras el Hombre de Buchanan’s muestra su rumbo –el cual no incluye a los obreros y obreras, a los campesinos y campesinas– los hospitales están vacíos de presupuesto, las escuelas a la intemperie, la deuda e(x)terna crece, y la esperanza popular está a la deriva.

El 15 de agosto de 2013 quedará marcado como la paradoja en que durante el día de la Asunción, la República descendió a la B. Y lastimosamente no es un aviso de tv.

*Marca de un whisky importado. 

 

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