El golpe de Estado en la TV Pública

El golpismo desmanteló los pilares del proyecto: la autonomía financiero-política, programas  estimulantes de la participación ciudadana y la calidad profesional del medio a partir del procedimiento de méritos con  el cual se seleccionó su plantel humano original.

Manifestación frente a la Tv Pública, tras el golpe parlamentario y el atropello de funcionarios de Franco al canal. Foto: Charizard.

Si estamos de acuerdo con que el golpe de Estado de hace un año fue de restauración conservadora, en la TV Pública eso se  dio con el levantamiento de todo programa abierto al debate de la realidad social y  la expulsión y amedrentamiento de funcionarios y funcionarias que defendían la naturaleza ciudadana del medio.

Antes de ella,  la historia de la televisión nacional era la historia de la televisión empresarial, predominante hace 46 años en el país. Desde el 2010 el gobierno de Fernando Lugo empezó a delinear los contornos del proyecto, haciendo lo más lógico: invitar a sectores del audiovisual  a comandar el mismo.

El 14 de mayo de 2011, en medio de tantos festejos bicentenarios se lanzó oficialmente el canal, pero recién el 12 de diciembre de ese mismo año trasmitió su primera señal en el canal 14 de aire y 15.1 digital. Arrancó con 17 producciones nacionales independientes y 7 latinoamericanas, y un plantel base de 100 profesionales.

Apenas 6 meses y 10 días después, una perpleja audiencia miraba a su director, Marcelo Martinessi, renunciar, debido a la total vulnerabilidad del medio tras el golpe de Estado.

Escasos minutos después, el primer emisario del “nuevo”  gobierno, Cristian Vázquez, amedrentaba la sala de transmisión del canal, requiriendo la grilla de programación e interesándose especialmente en el espacio “Micrófono abierto”.

Manifestantes frente a Tv Pública, tras el golpe parlamentario. Foto: Charizard.

Esta apuesta estaba desde los inicios de la transmisión y consistía en colocar un micrófono en cualquier lugar concurrido del país, especialmente Asunción: una plaza, un mercado, una manifestación…donde la gente se acercaba libremente a opinar y era filmada y transmitida en vivo y en directo.

En los días de crispación política el micrófono estuvo donde debía, en las plazas donde los alarmados sectores democráticos del país acudían para repudiar el desarrollo de los acontecimientos políticos. También lo hizo después de concretarse el golpe con forma de juicio político parlamentario.

Fue el conducto donde la gente mayoritariamente repudió lo acontecido y eso tuvo un impacto nacional e internacional.  Al “nuevo” gobierno y a los poderes irritó porque burló el cerco mediático  que activaron los  medios masivos empresariales, que en esos momentos se esforzaban por esconder el  malestar y las protestas ciudadanas y mostrar la normalidad con que transcurría la vida en el país.

En  las siguientes 24 horas otros emisarios de Federico Franco se comunicaron con el canal para ordenar que dejen de trasmitir materiales alusivos al juicio político. Esto fue denunciado por trabajadores y trabajadoras del canal a través de las redes  sociales, y en una reacción espontánea, los sectores democráticos se convocaron frente al local del medio a defender el proyecto y en general, el proceso democrático. Esta movilización y la solidaridad internacional de comunicadores y comunicadoras de mucha trayectoria frenaron el desmantelamiento del canal en un primer momento, que se intentó primero a través de formas bruscas, como el corte de energía eléctrica de la planta trasmisora o la ocupación policial del canal.

Marcelo Martinessi, en el «Micrófono abierto», frente a la Tv.

Sin embargo, después de un tiempo y a través de formas más sutiles, el gobierno ilegítimo de Franco empezó a operar los cambios pertinentes. Primero para que dejen de trasmitir materiales comprometedoras para el golpismo y después para desactivar el  proyecto original y controlarlo.

En ese camino, en los últimos tiempos, se degeneró el sistema de contrataciones del personal por concurso, se cortaron las producciones de programas nacionales de debate socio-cultural para privilegiar contenidos característicos de canales comerciales (como la transmisión de fútbol o tenis), también quedó en desuso códigos de ética en torno a tandas publicitarias, abriendo paso a la mención de marcas comerciales durante las transmisiones.

Ha sido un ‘curso de aprendizaje rápido’ para entender la ferocidad y el ensañamiento con que actúan los poderes fácticos en Paraguay”, resumía en una entrevista Martinessi sobre  lo que vivió al frente de la  TV Pública.[1]

En otro momento durante el mismo material, todavía en tiempos previos al triunfo de Horacio Cartes en  las últimas elecciones, dice que difícilmente los proyectos de partidos tradicionales son compatibles con una televisión pública genuina, ciudadana, plural, “porque sus intereses colisionan (fuertemente) con los intereses que debe defender un medio que pertenece a la ciudadanía”.

Para muchos y muchas analistas, el futuro de tan noble proyecto depende de la dinámica de sectores ciudadanos y democráticos del mundo de las comunicaciones y la cultura principalmente, que son quienes deben ocupar el espacio. Mientras – y ya desde el golpe de Estado-  referentes colorados están involucrados en el funcionamiento del medio. A lo mejor han percibido su estratégica importancia.

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