El Golpe a la Comunicación Pública

Además del bochornoso rol de Clari Arias como principal asesor de comunicación en Itaipú, esta semana recibimos la noticia del nombramiento del nuevo Ministro de Comunicación, el periodista deportivo Gustavo Könh, sin ninguna trayectoria ni formación en políticas públicas.

 

La comunicación pública en Paraguay siempre ha tenido problemas para desarrollarse, los diferentes gobiernos han persistido en menoscabar y no dar espacio a las áreas denominadas de “Prensa” o de “Comunicación”, que estaban reducidas a difundir las actividades de la máxima autoridad de la institución. Estas áreas fueron creadas con la apertura democrática, cuando se empieza a considerar la función de los medios de comunicación como parte del conjunto institucional sobre el que se asienta la estructura plural de la democracia. Este paradigma de la comunicación centrada en las relaciones entre la prensa y las autoridades evolucionó rápidamente en el mundo, pero en nuestro país se estancó por décadas.

La comunicación pública no es marketing político, ni prensa institucional, ni propaganda gubernamental, ni estrategia de manipulación social. La comunicación pública hoy es una herramienta integral de gestión pública orientada a la ciudadanía, desde una nueva cultura del servicio público que apunta a una profundización de la democracia, enfocándose en el rol del Estado como garante de derechos, promoviendo la participación ciudadana, el acceso a la información pública, la rendición de cuentas y la transparencia, para la construcción de una mayor confianza en la sociedad.

En los últimos años, por primera vez se dieron grandes avances en torno a este nuevo paradigma de comunicación para el desarrollo y el cambio social, con la creación de una Secretaría de Estado responsable de la promoción del derecho a la comunicación y la información, la conformación de una Red de Comunicadores del Estado (ECOE), la potenciación de los medios públicos y el intento de institucionalización de procesos estratégicos de comunicación en las dependencias públicas, que incluyen la comunicación interna, la atención ciudadana, los medios digitales y la comunicación directa con usuarios de servicios, la relaciones con la prensa, entre otros.

Varias instituciones del Poder Ejecutivo comprendieron la importancia de estos procesos y proyectaron estructuras de comunicación pública orientadas a la ciudadanía con políticas comunicacionales alineadas con los planes, roles y funciones institucionales. El cambio estaba apenas comenzando a sentirse, con mucho debate y formación, cuando un sector político decidió cortar el proceso y destruirlo desde sus bases.

La democracia golpeada y la comunicación nuevamente ninguneada

Los medios de comunicación comerciales desinforman intencionalmente cada día, buscando imponer su agenda de intereses. De alguna manera desde las áreas de comunicación pública de las instituciones se intentaba paliar la distorsión y ausencia de información clara, generando servicios informativos propios, a través de canales web, youtube, facebook, twitter, etc. así como la publicación periódica de informes de gestión.

Una de las primeras acciones del gobierno golpista fue desmembrar estos canales, como se dio por ejemplo, en la Secretaría de la Función Pública, donde dejaron a todo el equipo de la Dirección de Comunicación Pública sin correo electrónico y cerraron las cuentas institucionales de twitter y facebook, echando por la borda un trabajo de más de tres años construyendo una base de datos y sumando a más de 3.500 personas interesadas en recibir información sobre el trabajo de la institución. Cambiaron la contraseña de acceso a la web, despidieron a la periodista institucional responsable de los contenidos web y las relaciones con la prensa, y mandaron al “freezer” a las demás funcionarias, todo esto sin ninguna explicación ni criterio técnico, desconociendo las herramientas y descalificando a profesionales competentes por razones políticas e ideológicas.

Muchas instituciones convirtieron sus canales institucionales en las fuentes de la mentira, compitiendo con el sensacionalismo de la prensa amarilla, generaron mayor desinformación y confusión. Algunos ejemplos tristes son el video que “prueba” que el canciller venezolano arengó a las Fuerzas Armadas paraguayas, entregado a la prensa por la propia Ministra de Defensa, que horas después se descubrió que estaba editado malintencionadamente; o la acusación de la nueva “primera dama” que Lugo se robó hasta las cacerolas de Mburuvicha Roga, sin embargo horas después se presentó el inventario demostrando lo contrario; o el acto efectista del Ministro del Interior entregando equipos a la policía para la lucha contra el EPP solo para la foto, horas después policías denuncian que los equipos fueron retirados y uno de los denunciantes es apresado; o cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores se difundió que el gobierno de Franco fue reconocido por Alemania, España y Canadá, cuando los únicos que hicieron oficial su respaldo al gobierno de facto fueron Taiwán y el Vaticano. En poco más de 100 días nos dieron increíbles muestras de esquizofrenia política y desvergüenza, les preocupó más cambiar la identidad visual del gobierno que dar una orientación clara a la comunicación interna y externa.

Recuperando hoy un texto sobre Comunicación Política de Javier Del Rey Morato (1989) me pareció muy pertinente la interpretación que hace del pensamiento de Carl Popper en la sociedad abierta y sus enemigos, donde explica la democracia como una sociedad abierta, que se ha de mantener vigilante contra sus enemigos: la intolerancia y el fanatismo. El autor señala que todas las formas de gobierno pueden remitirse a una tipología binaria, sumaria, pero que sirven al objetivo de la reflexión: sociedades que se gobiernan por conflicto y sociedades que se gobiernan por consenso. Las primeras recurren a la fuerza, las segundas a la comunicación.

Las acciones arbitrarias y autoritarias de los golpistas no requieren argumentos, las palabras tienen poco valor en la situación en la que nos encontramos. Comunican con su torpes actos, amparados en la inmunidad e impunidad que les da tener a la mayoría de los sectores conservadores de su lado. Intentan borrar la historia de los intentos de cambio, profesionalización e institucionalización, que se dieron entre agosto de 2008 y junio de 2012. Pisotean políticas que fueron pensadas con muchos actores sociales, aplican censura ideológica, deciden qué información pública puede o no continuar siendo pública, en base a sus intereses políticos.

Además del bochornoso rol de Clari Arias como principal asesor de comunicación, esta semana recibimos la noticia del nombramiento del nuevo Ministro de Comunicación, el periodista deportivo Gustavo Könh, sin ninguna trayectoria ni formación en políticas públicas. Lo cual evidencia el desinterés que hay en este campo. Para los políticos tradicionales la comunicación es una constante amenaza, hay que controlarla, no mejorarla. Se consolida de esta manera un modelo de comunicación oficial en consonancia con las metodologías de la comunicación comercial sesgada y manipuladora. Pierden cada vez más credibilidad ellos, los golpistas. Perdemos los comunicadores institucionales que trabajamos para instalar nuevas prácticas. Pierde la ciudadanía que cada vez tiene menos posibilidades de entender lo que pasa en su país y participar en las decisiones que les afectan. No tenemos nadie que defienda y garantice nuestro derecho a la comunicación. Y así perdemos todos.

 

Fuente: http://www.sinmiedoapensar.net/news/el-golpe-a-la-comunicacion-publica/

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