El gobierno “progresista” de Lugo y el retorno del “cuco” colorado

Opinión de Bernardo Coronel.

Fernando Lugo y Sixto Pereira. Foto: Presidencia.

Fernando Lugo y Sixto Pereira. Foto: Presidencia.

Uno de los  mayores referentes del luguismo, el senador Sixto Pereira, afirmó por la radio de las Madres de Plaza de Mayo, de Buenos Aires, que en el Paraguay sólo se puede avanzar hacia transformaciones sociales estimulando la movilización popular, justificando así los pocos (o nulos) cambios tras cuatro años de gobierno no colorado. A fines del año pasado, en medio de la crisis de “Ñacunday”, el presidente de la república se ufanaba ante los medios locales, señalando que su gobierno logró desmovilizar al campo popular. “De 189 ocupaciones que había en el 2008, sólo quedan 29, de las cuales 13 son rurales”, indicaba orgulloso Fernando Lugo.

Pereira señaló, además, que para que se profundicen los cambios en el marco de la “democracia burguesa” es necesario que el acceso a mayores cargos legislativos sea acompañado de movilizaciones sociales, especialmente teniendo a un poder judicial sometido al partido colorado.

El senador no descubrió la pólvora, lo señalado por él es sabido. Los gobiernos de izquierda de Latinoamérica lograron romper el dique de la democracia representativa liberal, combinando la lucha social con la lucha electoral. El tránsito hacia una democracia más participativa en la región es fruto de la lucha del movimiento popular sin dudas. La llegada al poder de Chávez y Evo Morales (por citar algunos) por la vía electoral solo fue la culminación de esas largas movilizaciones populares. Los gobiernos “progresistas” (Lula, Bachelet, Mujica) que lograron adormecer a las masas, no obstante, transitan por caminos más tranquilos, por no decir más neoliberales.

Pero, ¿qué pasa con los hermanos siameses Lugo y Pereira? Uno dice una cosa y el otro lo desmiente. El senador dice que sólo con la movilización se conseguirán los cambios, pero Lugo nos presenta la desmovilización popular como uno de los mejores logros de su gobierno.

Si algo caracteriza al gobierno de Lugo es su incoherencia y pusilanimidad. Prometió un combate frontal a la corrupción, pero en los puestos claves de recaudación (Aduanas, puertos, Yacyretá, Itaipu, DINAC, MOPC) están referentes colorados de estirpe stronista, monitoreados por lo no menos stronistas Miguel A. Rojas, Kencho Rodríguez, Napout y otros. Prometió que los indígenas iban a ser los privilegiados pero hoy hay más indígenas mendigos en las calles que en tiempos de Nicanor. Desde el gobierno se dice una cosa y al cabo de unos días se hace otra cosa. Presionado por grupos de poder Lugo presentó un proyecto de ley de tercerización de los aeropuertos y después de unos meses, presionado por un sector colorado cercano a su gobierno, retiró el proyecto del Parlamento.

El discurso “progresista” no cambió mucho, así como no cambió mucho el rumbo del país, luego de la diáspora colorada. Hoy nos hablan del “cuco” colorado, que se prepara para retornar con las uñas más afiladas, gracias al sucio dinero del narcotráfico.

Una gran parte de la ciudadanía,que fue llamada a la unidad para derrotar a la ANR, fue seducida por la promesa del cambio en el 2008. Si ayer hablaban de derrotar al partico colorado hoy dicen que hay que evitar su retorno. ¿Pero a cambio de qué?, ¿de que hurreros como Miguel Ángel Rojas sigan dirigiendo nuestros destinos en los próximos cinco años?

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