El Frente Guasu ha cruzado el Rubicón

Por Eduardo Arce

Apenas un tiempo atrás nadie hubiera creído que el Frente Guasu estaría haciendo alianza con Horacio Cartes y el cartismo. Impensable. El odio parecía irreconciliable. La misma situación se daba con los liberales, pero sobre todo con Llano, quien tras ser soporte de Lugo durante cuatro años de gobierno, le dio la puñalada por la espalda en junio de 2012.

La realidad nos muestra hoy que todo eso no pasó de ser un discurso para incautos. Sus verdugos anteriores, Cartes y el cartismo y Llano y el llanismo, hoy son sus aliados que alimentan las apetencias de Lugo de tener la posibilidad de ser reelecto presidente, y, bajo su sombra, los senadores del Frente Guasu renuevan sus esperanzas de seguir sentados en sus escaños por otros cinco años.

Como buen “poncho juru”, Lugo pretende esconder esa alianza con una actitud falsa, pero es claramente quien encabeza el proceso de imposición de la enmienda para la reelección.

Una total pérdida de ética y escrúpulos de Lugo, contagiada rápidamente a sus senadores del Frente Guasu, que hasta les ofrecieron a sus nuevos aliados el local de su bancada para llevar adelante las aberrantes reuniones del 28 y el 31 de marzo, donde cocinaron la modificación del reglamento de la Cámara de Senadores y la aprobación de la enmienda constitucional, respectivamente.

La pérdida de la estrategia y el programa revolucionarios y hasta los mínimos aspectos metodológicos, éticos y de práctica política, los convierte esencialmente en un partido burgués más.

Han cruzado el Rubicón

Abandonado el programa y la estrategia de la revolución socialista, Lugo, el Frente Guasu, sus senadores y principales cuadros, enfocan su accionar en el sistema, en la necesidad de acomodarse electoralmente para seguir teniendo ventajas y privilegios. Lejos quedaron los días en que proponían organización y movilización para reclamar derechos, garantías e intereses de la clase trabajadora, del campesinado y del pueblo empobrecido. Hoy, con la clara orientación reformista, dicen que “desde el Parlamento” se pueden lograr grandes cambios.

No importa que sus planteamientos, opiniones o proyectos de leyes que pudieran presentar, no le mueva un pelo a la burguesía. Es evidente que, persiguiendo la concreción de sus apetencias políticas de seguir teniendo los privilegios parlamentarios (en sus propuestas de modificación de la Constitución, Lugo, si pierde la presidencia, podrá seguir siendo senador), pueden hacer cualquier cosa. Hasta cruzar el Rubicón.

Esta expresión deviene de una anécdota histórica. Hacia el año 49 a. C., Julio César volvía a Roma tras su campaña victoriosa en las Galias al frente de sus tropas. Sin embargo, la ley romana prohibía a los generales entrar en Italia con su ejército. Debían desbandarlo antes de atravesar la frontera, situada a lo largo del río Rubicón, bajo pena de muerte. César conocía esa ley y, pese a ello, decidió cruzar el Rubicón a sabiendas de que este gesto significaría la guerra civil contra los entonces cónsules de Roma. Según la tradición, César pronunció la famosa frase “Alea jacta est” (la suerte está echada), cuando se disponía a cruzar el río con sus tropas, señalando que ya no había vuelta atrás tras ese gesto.

No le quedaba ya si no afrontar las inevitables consecuencias. La guerra civil, en efecto, se produjo y acabó con la victoria de César. Desde entonces, se usa la frase cruzar el Rubicón para referirse al hecho de llevar a cabo alguna acción que va a acarrear serias consecuencias que ya no van a poder evitarse.

Paulatina pérdida de apoyo

Resulta difícil precisar si el Frente Guasu tiene una crisis interna, al menos pública, debido a los últimos acontecimientos. En cambio, algunos aseguran que les resta paulatinamente considerables adhesiones y votos y sobre todo esa “aureola” de que son algo distinto.

Los datos de una encuesta de Ati Snead, divulgada recientemente por el portal Nova Paraguay, aseguran que tanto Lugo como Cartes “están pagando caro la decisión de aprobar la enmienda a cualquier precio”.

La encuesta revela que solo el 32,9% de los encuestados tiene una buena opinión de Lugo y un 3,5 %, muy buena, es decir, solo el 36,4% lo considera bueno o muy bueno. En contrapartida, un 47% tiene mala opinión y 15,4% muy mala, o sea, el 63% no lo quiere. Del 63% que opina mal o muy mal de él, el 23% cree que es un mentiroso, el 21%, que traicionó sus ideales, en tanto que un 13% se siente decepcionado por la actitud del exmandatario.

“Seguramente esto tenga mucho que ver con la inexplicable posición asumida tanto por él como por su grupo parlamentario y la incoherencia entre su discurso y sus actos”, afirma la publicación.

Cartes sale peor parado en el sondeo, lo cual reconfirma los altos niveles de rechazo a su figura y su administración. Sin embargo, excede la competencia de este artículo ahondar en un asunto harto conocido.

Foto: internet

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