El flamenco, entre el reconocimiento universal y las trabas locales

Por Kepa Arbizu, publicado en Tercera Información. Que el flamenco haya sido nombrado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad no encubre las críticas que recibe la Junta de Andalucía por el tratamiento que le da.

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) en su reunión del pasado martes en la ciudad keniata de Nairobi declaró el flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, petición que ya hace cinco años fue planteada pero con el resultado contrario.

La candidatura referente al “cante jondo” fue presentada y respaldada por la Junta de Andalucía, con el consenso de Murcia y Extremadura y el apoyo del Gobierno central. Es lógico pensar que si estos estamentos promulgan el valor universal de este arte también se dedicarán a su promoción y defensa en territorio local. Algo tan obvio no parece tan claro viendo diferentes manifiestos y plataformas que precisamente critican estos aspectos.

La Junta de Andalucía es el centro de muchas de las críticas de artistas, críticos y diferentes personas del mundo del arte. Lo es, principalmente, porque dicha región siendo la cuna del flamenco y el epicentro de su desarrollo y el lugar donde la afición es más patente no parece verse correspondido por la actitud de las entidades públicas.

Hace unos meses se hacía público un manifiesto que englobaba a artistas flamencos como Juan Pinilla o El Cabrero, músicos como Manu Chao, actrices como María Estévez, intelectuales, aficionados, políticos y la Asociación de Artistas Flamencos (AAF) que reclamaban la falta de apoyo que sufría este estilo musical en Andalucía mientras sin embargo se dedicaban grandes sumas a su promoción en el resto del estado e internacionalmente.

Según los firmantes, esta política cultural está trayendo como consecuencia la desaparición de muchos de los festivales flamencos andaluces (Montilla, La Parpuja de Chiclana, La Rambla, Ëcija o el de Castilblanco) y la precariedad de la red de Peñas Flamencas de Andalucía, colectivos que son uno de los mayores exponentes en cuanto a difusión se refiere . Además se critica la existencia de un grupo selecto de artistas que reciben las subvenciones mientras que casi un 85 % se queda fuera de esas ayudas, lo que dificulta la aparición de nuevos músicos tal y como advirtió la Asociación de Artistas Flamencos.

Para demostrar sus argumentaciones sacan a la luz pública los gastos de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco. Desglosando el dinero que dedica a diferentes eventos dejan en evidencia que es muy poco lo utilizado para la promoción local y donde casi la mitad está dedicado a proyectos exteriores. En el blog http://flamencoesunderecho.blogspot.com/ se puede consultar en más profundidad el modo de distribuir las subvenciones.

No es mucho más alentador el discurso cuando se refiere a la promoción dentro de Andalucía. Son las zonas rurales, en detrimento de las capitales de provincia, las más desprotegidas, curiosamente cuando es en su seno donde más se ha desarrollado este tipo de arte, tanto en lo concerniente al nacimeinto de artistas como en su desarrollo artísitico.

Es por causa de estas situaciones por las que se pide que se dote de una subvención anual, equitativa y suficiente a los organizadores de Festivales Flamencos, a las Peñas Flamencas, Casas de Cultura y Teatros de la Comunidad para que desarrollen libre y dignamente su actividad. Además también se reclama que expertos y asesores sean elegidos con criterios artísitcos y que se tenga en cuenta a los representantes de los artistas y Peñas Flamencas, además de la necesidad de que desaparezca la competencia desleal que se hace desde organismos públicos y se deje trabajar a los profesionales.

En definitiva el manifiesto presenta una Junta de Andalucía más preocupado por la difusión y el marketing que de verdaderamente cuidar el flamenco, promocionarlo y poner las bases correctas para que aquí sea. El reconocimiento que ha recibido por la Unesco no tendrá una relevancia verdadera si desde el lugar donde nace el arte galordonado no es protegido con políticas verdaderamente válidas.

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