El fin de los inspectores de colectivo

Luego de más de 30 años de existencia en Asunción, el oficio de inspector de colectivo está camino a desaparecer debido a la implementación del boleto electrónico, prevista para el año que viene. Los inspectores fueron puestos para cuidar el dinero del jefe; ahora, son los mismos empresarios quienes los reemplazarán por una máquina electrónica.

Foto: M.O.

Viajar en colectivo es como leer un libro de Rousseau: propone la vuelta al estado natural y salvaje del hombre. Desde la parada vemos llegar a nuestro bus envuelto en una nube de humo y ruido digna de los jinetes del apocalipsis. Subir, pagar el pasaje y  avanzar unos pasos por el pasillo equivale a atravesar las trincheras de la Guerra del Chaco. Dentro del bus la temperatura ronda los 30 grados; un sujeto pega su axila a nuestras aletas nasales y empezamos a extrañar el mundo exterior en el que existe el desodorante. El colectivo se detiene y sube el inspector de colectivo. Su rostro sólo conoce la seriedad. Algunos usan lentes oscuros. No hay tormenta capaz de quebrantar su peinado –suelen vestir camisa azul y pantalón negro–; planilla y bolígrafo en mano, gasta zapatos que ignoran los favores del lustre: su autoridad se alimenta de nuestro cotidiano descuido.

-¡Su boleto!- exige el hombre.

En vano buscamos en mochilas, bolsos y bolsillos. El papelito se extravió y el inspector nos mira como si hubiéramos violado un artículo de los Derechos Humanos. ¿Quién inventó al inspector de colectivo? ¿Es un oficio poner a prueba la paciencia de los demás?

Los inspectores de colectivo aparecieron en Gran Asunción en los años ochenta. Su misión: vigilar que no existan fugas en la recaudación. En ese momento, el boleto ni siquiera era una garantía para la integridad del usuario, pues el seguro para pasajeros se implementó después. Nadie sabe cuántos inspectores de buses hay en realidad, pero según César Ruiz Díaz, de la Central de Empresarios del Transporte del Área Metropolitana (Cetrapam) la cantidad guarda relación con el número de buses. Para 100 buses se necesitan por lo menos 20 inspectores y en Gran Asunción hay unos 2.500 buses circulando. Los inspectores cobran el salario mínimo y trabajan ocho horas en los horarios de mañana, tarde e incluso noche.

En un país en el que cada año se necesitan 80 mil nuevos puestos de trabajo, la mayoría no puede elegir a qué dedicarse. Según un inspector entrevistado que prefirió el anonimato, se trata de una labor dura, casi tan jodida como ser árbitro de  fútbol. Los usuarios siempre le recuerdan la vencida honra de su madre: “Los pasajeros se molestan, te mandan al carajo, pero el verdadero problema es el chofer, o los choferes, quienes son los que cobran el pasaje pero no dan el boleto y luego le echan la culpa al pasajero”.

Ser inspector de colectivo es una efectiva forma de poner a prueba la paciencia de los demás. Cada día decimos unas cuatro mentiras, pero ninguna es válida frente el inspector. No importa si el pasajero está dormido o finge estarlo, o si es adicto al Candy Crush, cuando ese sujeto anónimo te habla no hay otro remedio más que prestarle atención. “La técnica más famosa de los pasajeros es hacerse el dormido. Yo al menos nunca le dije al pasajero que vuelva a pagar su pasaje, pero hay otros compañeros que casi ligan cuando hacen algo así”, agregó el entrevistado.

Foto: M.O.

Ya en el año 2007 los transportistas manifestaron su intención de implementar el boleto electrónico en reemplazo del inspector. De esta forma iban a ahorrar el plus que les pagan a los 5.000 choferes de Gran Asunción, por cobrar el pasaje mientras  manejan. La propuesta volvió a aparecer en el año 2010 cuando Carlos Amarilla estaba como interventor en Setama. En el año 2011 el Gobierno, bajo la presidencia de Fernando Lugo, firmó el decreto 6630/11 para otorgar el subsidio a los empresarios del transporte público. En el artículo 12 del decreto se estableció que los empresarios deben implementar mejoras en el servicio, como por ejemplo, el boleto electrónico.

Ahora, el Parlamento Nacional está tratando el proyecto y según César Ruiz Díaz, este sistema debe ser aprobado este año e implementado el año que viene. Primero, el boleto electrónico se pondrá en 300 de los 2.500 buses que circulan, luego deberá cubrir todo el servicio.

Los mismos empresarios del transporte que en los años ochenta recurrieron a los inspectores para cuidar hasta la última monedita, son  los que ahora piensan en reemplazarlos por el boleto electrónico. A los oficios que van desapareciendo en Asunción, muy pronto habrá que sumar el oficio de inspector de colectivo.

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