El fin de la era Tata

El esquema Tata llegó a su techo con esa orden inapelable de mantener control sobre un espacio determinado.

Tata está cansado de su esquema y está atrapado en él. Ya no sabe cómo recrearlo. La selección paraguaya clasifica nuevamente gracias a su esquema de contención y juega muy mal gracias a la inapelable disposición táctica ordenada por él.

No es que los nuestros jueguen así como vimos a nuestra selección frente a Venezuela y Brasil: sin juntarse en las salidas, sin rotar el balón, sin abrir corredores por los laterales ni triangular por el centro. Si así lo hicieran no tendrían cabida en equipos modernos y competitivos. Es el esquema Tata el que llegó a su techo con esa orden inapelable de mantener control sobre un espacio determinado.

Se juega con miedo a perder el control del cuadrilatero. El esquema ya había sufrido un golpe durísimo con la desgracia de Salvador Cabañas al perderse un jugador que luego de la presión arriba de Nelson Haedo y de otros jugadores llegaba -Salvador- al balón con espacios suficientes y muchas veces a contrapierna de los adversarios para penetrar en el área rival con gambetas y triangulaciones.

Tata ya no quiere embarcarse en un nuevo proceso con la selección paraguaya. Se lo siente áspero, enojado con el equipo aunque profundamente debiera estar enojado con él. Fuente: el-nacional.com

Luego iría perdiendo paulatinamente a otro hombre clave de dicha disposición: Roque Santa Cruz que, de lesiones en lesiones, ya no disputa con fuerza los balones, aunque sigue marcando los tiempos y distribuyendo como puede la pelota, cansinamente. Sin Roque a plenitud y sin Cabañas una vértebra esencial del esquema Tata se quebró y sigue quebrándose, quedando Nelson Haedo como un llanero solitario, el hombre que encarna “la garra guaraní”.

Con la incorporación de Marcelo Estigarribia nuestra selección encontró más movilidad pero cuando disputa una pelota o desborda nadie se acercaba en el partido frente a Brasil no porque así sea nuestro futbol, sino porque la orden era no perder el territorio de contención. No jugamos sueltos, liberados, sino constreñidos. Y eso se siente, desgasta el humor, nos inunda de espíritu de sacrificio, martirio y nos hace creer, además, que “así nomás luego es nuestro fútbol”.

Tata ya no quiere embarcarse en un nuevo proceso con la selección paraguaya. Se lo siente áspero, enojado con el equipo aunque profundamente debiera estar enojado con él. Tata en realidad está peleado consigo mismo. Y eso, aunque no lo asuma verbalmente, es evidente. Comenzar un nuevo proceso incorporando plenamente a Piris, ensayando con Miguel Samudio y tal vez con Zeballos, relajando a los volantes para rotar, triangular, es un desafío que el Tata casi ya no quiere asumir. El piensa en dirigir la selección Argentina. Y lo tiene merecido. Paraguay debiera pensar cómo enfrentar la era post Tata. No será fácil.

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