El Estado ante el trabajo infantil

A propósito de la reciente polémica desatada por el senador liberal Alfredo Luis Jaeggli y la situación de los niños y niñas trabajadores de la calle en Paraguay.

Que si el niño debe o no debe trabajar es una pregunta mal formulada, afirma Alejandro Cussiánovich[1], ya que es necesario partir de la realidad en Latinoamérica donde el niño ya está trabajando.

Aquello que demanda una pregunta real de investigación es: conocer las condiciones en las cuales lo hace y las razones. En este país, el que no trabaja no come. Entonces, debemos partir del hecho de que el niño trabaja, por lo tanto, el tema no es ese sino que no trabaje en cualquier cosa o bajo cualquier condición[2], alega.

Los seres humanos no trabajamos solamente para poder comer, o para ganar dinero el trabajo es la condición primera y fundamental de la existencia humana, gracias al trabajo el hombre se separó del mundo animal, empezó a elaborar instrumentos de producción y pudo desarrollar sus facultades[3], el trabajo potencializa las capacidades humanas, a través de él nos relacionamos con los demás y tenemos la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades.

El trabajo como actividad humana es socialmente necesario, y esta actividad humana debe dignificar a la persona que la realiza, sean éstas mujeres, varones, niños o niñas. Para esto las condiciones de trabajo deben ser adecuadas, dignas y favorecer el desarrollo humano, pero ¿qué sucede cuando el trabajo se realiza en precarias condiciones?

En países de pobreza extrema las condiciones laborales son cada vez más precarias y esto se traduce con el aumento del trabajo informal, no hay empleo ni fuentes de trabajo y las personas para poder sobrevivir y conseguir algún tipo de ingreso deben trabajar en lo que puedan, en lo que alcance.

En las economías industriales de los países denominados del primer mundo la fuerza de trabajo pasó a ser explotada para conseguir el mayor lucro o ganancia posible por parte de las empresas y fábricas, esto ocasionó aglomeración de seres humanos trabajadores en fábricas, en un conocido estado escandaloso. Los niños eran pues parte integral de este estado, ya que la explotación de su fuerza de trabajo prometía por lo menos el mismo lucro, que el de las personas adultas[4] y las primeras manifestaciones de prohibición del trabajo infantil se dieron en contra de estas situaciones de explotación.

En países de América del Sur, como el caso nuestro, la mayoría de los niños trabajadores se encuentran en el sector informal, en la economía doméstica y en la producción de parcela de pequeños campesinos. Sin dudas ellos trabajan aquí en muchas ocasiones, bajo condiciones indignas y de peligro para su salud y vida. Pero querer resolver los problemas de estos niños con la prohibición de su trabajo tiene consecuencias cínicas. Esto significa pues, no aplicar más la ley contra los empresarios y fabricantes, sino practicar el poder del Estado contra los niños y sus familias[5].

¿Qué significa esto que plantea Liebel al referirse a practicar el poder del Estado contra los niños y sus familias? En un artículo publicado por Cristiano Morsolin en la página web rebelión.org[6] relata el operativo de redadas llevado adelante en Perú contra los niños trabajadores en la calle: Muchos niños que trabajan en las calles en estos momentos están siendo reprimidos, desalojados de manera violenta y deshumana dentro del marco de la ley de la mendicidad Nº 28190. Están siendo despojados de sus herramientas de trabajo y a cambio de ello reciben castigos corporales, humillaciones y son privados de su libertad”. Así también, en el mismo artículo, denuncia las redadas practicadas en Paraguay durante el año 2000 por la entonces Jueza Britez de Buzó: “La Comisión Interamericana de Derechos Humanos admitió el 28 de marzo continuar con las investigaciones en el caso que se relaciona con la privación de la libertad de niños y niñas, ordenada por Mercedes Brítez de Buzó, jueza de Primera Instancia en lo Tutelar y Correccional del Menor del Sexto Turno. La misma junto con las fuerzas policiales realizó una redada y ubicó a los niños en instituciones del Estado y privadas. El pedido de investigación fue realizado por la Coordinadora por los Derechos de la Infancia y Adolescencia, la Fundación Tekojoja y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL). Las mismas argumentan que dicha acción realizada el 27, 28 y 29 de noviembre de 2000 violó los artículos 5 (derecho a la integridad personal), 7 (derecho a la libertad personal), 8 (garantías judiciales), 11 (protección de la honra y de la dignidad), 17 (protección a la familia), 19 (derechos del niño), 22 (derecho de circulación y de residencia), 24 (igualdad ante la ley) y 25 (protección judicial). En esta oportunidad, por ejemplo el niño Haiano Rafael Duarte Maciel contaba con siete meses de edad, y a la fecha aún continúa detenido. Las organizaciones peticionantes alegan que el Estado de Paraguay violó los derechos de los niños al arrear en forma masiva a niños y niñas de la calle sin la individualización previa de cada caso para ser separados de sus familias y privados de su libertad, que siempre debe ser la última medida, haciéndose uso excesivo de la fuerza. En el caso fueron detenidos 69 niños y niñas de 0 a 15 años de edad”.

Los Estados, principalmente en la década anterior e inicio de la actual, han pasado a criminalizar la pobreza y con ella a los pobres, utilizando incluso la fuerza para invisivilizarlos, han anexado a la pobreza con la criminalidad y peligrosidad, han desprestigiado las formas de organizarse de los pobres, y los trabajos que éstos realizan para poder comer. El pobre es sinónimo de peligro y en ese contexto han actuado también de manera violenta para erradicar el trabajo infantil, aplicando recetas represivas y jurídicas para enfrentar a los problemas sociales.

Con los gobiernos progresistas los Estados deben practicar su poder de otra manera, las nuevas gobernabilidades (al decir de Zibechi:La nueva gobernabilidad suscita una nueva conciencia de derechos en la gente: el Estado les debe’ ciertas cosas, y si no las cumple pierde su legitimidad. Es como el retorno de una cierta lógica del Estado del Bienestar pero sin Estado del Bienestar, porque en realidad no hay derechos, sino prestaciones)[7] deben aplicar planes sociales que se congratulen con la población, que puedan mirar y asistir a los pobres, a trabajar sobre las consecuencias de la pobreza y no sobre sus causas. Dentro de esos planes, los Estados también siguen incluyendo su deseo de abolir el trabajo infantil, pero ya no con policías ni jueces, no de una forma meramente represiva. Para luchar o disminuir el trabajo infantil en las calles, el Estado debe tener otra indumentaria en estos lugares de concentración de pobres; ya sean las esquinas y semáforos en donde la informalidad del trabajo es ejercida por familias en extrema pobreza con sus niños y niñas, que con sus caramelos en manos, con sus limpiaparabrisas y un poco de malabares callejeros ponen en evidencia lo mal que está una sociedad.

Para seguir abordando la situación de los niños y niñas que salen a las calles para trabajar, desde diciembre del año 2009 e inicios del 2010, se ha promocionado mucho (con destaque en varios medios de comunicación) el trabajo que lleva adelante la Secretaría de la Niñez y Adolescencia a través de un programa llamado ABRAZO[8] con el apoyo de la UNICEF, que busca la disminución progresiva del trabajo infantil. Operativo Verano fue la denominación al trabajo realizado por este programa desde los meses de diciembre a febrero. El diario Ultima Hora fue uno de los medios que más destaque dio a este operativo, por ejemplo, este medio publicaba con fecha 10 de diciembre del 2009, un artículo que lleva por título: 1.730 niños dejan el trabajo de la calle gracias a ABRAZO”.

Buscando el cumplimiento de su objetivo, el cual es disminuir progresivamente el trabajo infantil, el programa ha establecido unos 157 focos en todo el país, (denominan focos a esquinas o lugares geográficos determinados), donde a través de la presencia de educadores y educadoras de calle abordan a los niños/as y sus familias que trabajan en ese lugar. En Asunción se tienen aproximadamente 50 focos distribuidos en zonas principales, uno en la zona céntrica de la ciudad, dos a lo largo de las avenidas España, Mariscal López y Artigas, y tres en el barrio Villa Morra. Este barrio, reconocido por ser un lugar residencial, en el que viven gente con mucho poder económico y cuenta además con importantes centros comerciales.

En Villa Morra existen 20 focos del programa Abrazo, 10 de ellos se presentan en el siguiente cuadro:

Foco Geográfico

Comercio

Presencia de NATs[9]

Si No

1

Charles de Gaulle y Pacheco

Restaurante La Escuadra

No

2

San Martín y Lillo

Resto-Bar Bule Chees

No

3

República Argentina y Bruno Gugiari

Heladería Chantilli

Si

4

República Argentina y Aviadores del Chaco

Casa Rica

Si

5

San R. González y Quesada

Plaza Infante Rivarola / Shoping Mcal López

Si

6

Aviadores del Chaco

Shoping Del sol

No

7

Senador Long y Mcal López

Shoping Villa Morra

Si

8

Mcal López y Chof. Del Chaco

Patio de Comidas Sabor.com (Súper seis)

Si

9

Mcal López y Dimas Motta

Iglesia Schoenstatt

No

10

República Argentina y Pacheco

Confitería María Castaña

No

Llama la atención que estos focos coinciden con centros comerciales de tipo restaurantes, heladerías, confiterías con grandes vidrieras y una clientela selecta, a excepción de uno de ellos que es la Iglesia de Shoenstatt, en la que sus fieles son de alto nivel económico, empresarios, en su mayoría, con cierta vinculación a la Asociación De Empresarios Cristianos (ADEC).

En cinco de los focos no se observa a niños o niñas trabajando, al menos en el momento en que se realizó la observación (sábado por la tarde). En algunos de estos lugares quizá nunca hubo niños o de lo contrario, la ausencia de niños trabajadores se debe a la efectividad del Programa. Pero el hecho de tener presencia de educadores/as en esos lugares, se puede leer también, como una forma de prevenir que a esos sitios acudan trabajadores de calle, algo que se puede justificar desde un trabajo preventivo, o una intención salvaguardar la imagen de determinadas esquinas.

Sin embargo, otras de las avenidas más populares de Asunción, como es el caso de las Avenidas Eusebio Ayala o la Avenida Fernando de la Mora, en donde miles de personas se trasladan en bus y donde existen gran cantidad de personas adultas, jóvenes y niños/as trabajando en los semáforos, subiendo a los colectivos para vender sus mercaderías, no forma parte de las prioridades establecidas por el Programa de la Secretaría.

Las interrogantes que surgen son ¿si realmente el programa ABRAZO se preocupa por el bienestar de estos niños/as, por el cumplimiento de sus derechos y qué efectos tendrán las acciones hoy llevadas a cabo? ¿O es un programa más que busca limpiar las principales calles de Asunción de la presencia de niños y niñas pobres? (que no tienen otra posibilidad de sobrevivir si no trabajan). ¿dignifica y plantea soluciones a largo plazo para los niños/as y su familia?

Deberíamos preguntarnos ¿Esos más de 1000 niños que mencionan en los medios de comunicación no tendrán necesidad de volver a las calles?. ¿Será que en unos años más se reducirá la cantidad de niños trabajando en calle?. Es cierto, puede disminuir la cantidad de niños en estas zonas, pero, ¿no se trasladarán a trabajar a otros lugares si no hay salida de fondo al tema de la pobreza?.

¿Cuál será el alcance que pueda tener el Programa Abrazo para garantizar la alimentación, ropa, educación y salud de los niños y niñas que hoy están trabajando en calle?. Porque para esto creo que es fundamental reducir la pobreza extrema, porque de lo contrario puede convertirse en un espejismo más, de esos que dicen dar duros combates a la pobreza pero sin tocar los problemas estructurales.

Abel Irala


[1] Miembro del IFEJANT (Instituto de formación y Educación de Jóvenes Adolescentes y Niños Trabajadores) – Perú.

[3] Diccionario Marxista de Economía Política. Borisov, Zhamin y Makarova. Ediciones Quinto Sol.

[4] La Otra Infancia. Niñez Trabajadora y Acción Social. Liebel, Manfred.

[5] Idem

[8] Programa que se lleva a cabo en Paraguay desde el 2005 e incluye una transferencia económica a las familias que se comprometen a sacar a sus hijos/as de la calle. Su objetivo principal es brindar una respuesta integral a la realidad de niños y niñas menores de 14 años que trabajan en espacios públicos de la capital y otras ciudades del país. El Programa Abrazo se realiza en el marco de la Estrategia Nacional de lucha contra la pobreza y forma parte de la Red de Protección y Promoción Social. Desde sus inicios, el programa cuenta con apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), con la financiación del Comité Sueco, y de otros organismos internacionales. Articula sus actividades a través de municipios y servicios públicos de todo el país”.ver: www.snna.gov.py/?categoria…programaabrazo

[9] Niños/as y Adolescentes Trabajadores

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