El escritor que nos atrapa en su fantástico e irrepetible mundo literario

A 97 años del nacimiento de Julio Cortázar, quien hasta ahora infunde respeto, admiración, cariño, envidias y devoción.

 

Julio Cortázar

Julio Cortázar, a 97 años de su nacimiento europeo y 27 de su dolorosa muerte parisina, continúa vivo, radiante, fresco, en sus obras que nos atrapan, envuelven –al menos durante un lapso inmensurable– en su fantástico e irrepetible mundo literario.

@SebasOcampos

El 26 de agosto de 1914, cuando sus padres estaban por trabajo diplomático y turismo en la ciudad de Bruselas ocupada por los alemanes, el mundo tuvo la gracia de recibir al ser humano que décadas después se convirtió en el gran escritor que, al decir de García Márquez, infundió e infunde respeto, admiración, cariño, grandes envidias y devoción, iniciados en mí la tarde sabatina que escuché el capítulo 7 de Rayuela en FM Concert, hace un poco más de dos lustros. Desde ese momento tuve la necesidad de sorprenderme –como muchos lectores ávidos de todo– con cada vuelta de página de los libros de Julio y homenajearlo las veces necesarias, como hoy, por el aniversario número 97 de su nacimiento festejado el pasado viernes 26.

Julio Denis y las primeras palabras

Si bien, según José Luis Trenti Rocamora, el estimado Julio, muy en sus inicios, en la década de los 30 del siglo XX, firmó J. Florencio Cortázar, desde su triste fallecimiento (en 1984) son más reconocidas sus obras firmadas con el seudónimo de Julio Denis, con el cual publicó un libro de poemas (Presencia, de 1938) y otro de cuentos (La otra orilla, de 1945), que en ese entonces pasaron desapercibidos por la crítica y los lectores.

En los cuentos de La otra orilla, reunidos porque se necesitaban entre sí, en palabras de la introducción del libro, ya se percibe a un Cortázar con buen manejo del idioma y la estructuración de los cuentos, en algunos casos extraordinarios, como en Las manos que crecen, donde, al decir de Vargas Llosa, Julio sorprende con cada vuelta de página, más aún en las últimas líneas de la obra, técnica sobresaliente en los ya famosos cuentos Continuidad de los parques, La noche boca arriba, Las armas secretas, entre muchos otros de perfecta calidad literaria.

Julio Cortázar y las grandes obras

A partir de 1949, con la publicación del libro de teatro Los reyes, el escritor decidió dejar de lado su seudónimo y firmar de una vez por todas Julio Cortázar, aunque todavía era ignorado por la crítica. Esa indiferencia ante su obra empezó a disiparse con la publicación de Bestiario, que incluía los cuentos Casa tomada (ya elogiada por Borges, y publicada en la revista literaria Los anales en 1946), Carta a una señorita en París y, por supuesto, Bestiario.

Ese libro de cuentos lo posicionó como un escritor de renombre, hasta el punto de que en Colombia, un muchacho inquieto y tímido llamado Gabriel, se dijo a sí mismo, apenas terminó de leer las últimas líneas de Bestiario, que definitivamente quería escribir como su excepcional autor, Julio Cortázar, a quien demostró su admiración durante las siguientes décadas con devoción, afirmando que Julio fue la persona más importante que tuvo la suerte de conocer.

Luego vinieron los extraordinarios libros Final de juego, Las armas secretas, la famosísima Rayuela, Todos los fuegos el fuego (que incluye el insuperable cuento Las autopistas del sur), donde su estilo tomó mejor forma de título en título, mostrando de una obra a otra, cada vez de manera más clara y sencilla, las características propias del Cortázar idolatrado que a cualquier persona iniciada en las letras llama la atención, a algunas hasta el extremo de intentar imitarlo, aunque casi siempre sin haber recorrido el necesario camino que Julio hizo durante décadas de lectura tenaz e incluso enfermiza y escritura denodada, innovadora, original.

Su legado bello e indestructible

El legado de Cortázar está formado por el conjunto de sus bellas e indestructibles palabras habladas y escritas, que captaron la atención del mundo literario, cinéfilo, social y político, sorprendiendo y conmoviendo a cuanta persona se topaba con ellas, gracias al conocimiento de todo compartido por su autor, la elocuencia de su profunda voz de erres arrastradas y sus manos grandes y expresivas que daban forma a sus vocablos fluidos, sencillos, bien medidos, que brotaban de él como el jazz del que tanto gustaba y en ocasiones como los golpes de knockout del que también gustó en demasía.

Julio Cortázar, a 97 años de su nacimiento europeo y 27 de su dolorosa muerte parisina, continúa vivo, radiante, fresco, en sus obras que nos atrapan, envuelven –al menos durante un lapso inmensurable– en su fantástico e irrepetible mundo literario.

Capítulo 7 de Rayuela en la voz de Julio Cortázar

Fuentes:

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http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Cort%C3%A1zar
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/cortazar.htm
http://www.lamaquinadeltiempo.com/cortazar/marquez.htm

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