El díficil paso de los símbolos a las acciones concretas

El gobierno de Fernando Lugo va entrando en un pasaje del proceso político donde las enunciaciones ya no sirven y se imponen acciones concretas. Tomar medidas de cambio real exige una fuerza política capaz de romper con el cerco institucional (Leyes, vaciamiento de las arcas del Estado, poderes judicial y legislativo corroídos) que heredó de la era colorada. Y en la base no hay tiempo para esperar. En realidad, no hay nada que esperar.

Como era de esperarse, el gobierno de Fernando Lugo se encontró con un territorio minado y no tiene, a corto plazo, estrategia para despejar el camino. Entre la victoria electoral del 20 de abril y la asunción, el 15 de agosto, en la mayoría de las instituciones el gobierno colorado apuró la ejecución presupuestaria del año hasta el punto de que el ministro de Hacienda Dionicio Borda tuvo que exhortar a los parlamentarios a aprobar la donación de Taiwán de 70 millones de dólares para cerrar el plan presupuestario.

Ahora, en este mismo momento, sigue manteniéndose en la incertidumbre a miles de trabajadores contratados y cuesta hasta conseguir fondos para los nuevos funcionarios de confianza.
El gobierno se encuentra con un estado-almacén donde las reprogramaciones presupuestarias giran nuevamente en torno de gastos comunes de burocracia (ver en este número el material de Economía).
Como propuesta de salida, Dionisio Borda anunció la vigencia del impuesto a la renta personal, que necesita de una vuelta parlamentaria, allí mismo donde se paralizó cuando se aprobaron todas las demás leyes impositivas que bajaron el impuesto a la renta de las empresas (del 30% al 10%) y se impuso la base por la cual miles de trabajadores pagan impuesto por trabajar con el cuento de que son prestadores de servicios y no trabajadores en relación de dependencia.

De dónde sacará la plata

El periodista de economía, Jorge Villalba Dígalo, sostiene que una salida rápida e inmediata para oxigenar económicamente al Estado puede ser un impuesto a la exportación de la soja. Él cree que unos 200 millones de dólares al año se puede conseguir fácilmente de este rubro. Esta posibilidad depende también de una ley, que a su vez necesita mayoría parlamentaria.

La propuesta de llevar adelante una «reforma agraria integral», base imprescindible para reorganizar el aparato productivo, según coinciden muchos analistas, incluso el remozado Borda, choca con realidades altamente cristalizadas: no existe dinero suficiente para asistir a las colonias agrícolas y la redistribución posible de tierra depende primero de un catastro nacional de propiedades, para el cual no se previó presupuesto directo alguno, además de estar encorsetada por un artículo constitucional de expropiaciones que obliga al Estado a aprobar por ley cada una de ellas (las expropiaciones).

Estas leyes pueden ser atacadas de inconstitucionalidad en una ronda infinita donde además el Estado termina pagando por las tierras precios de mercado, cuando los terratenientes pagan impuesto sobre valores fiscales irrisorios. Un negocio redondo para la especulación inmobiliaria.

La mayor parte de los pobres programas asistenciales, tanto en el campo como en la ciudad, en viviendas, asistencia crediticia, depende de créditos externos y donaciones, como las de Taiwán o el nuevo paquete de 30 millones de dólares aprobados en el Senado contraído con el Banco Interamericano de Desarrollo.

El presidente Fernando Lugo está todavía usando el crédito de los cien días; el cual le da algunas chances para seguir con la enunciación de los grandes problemas. En su discurso en las Naciones Unidas señaló a los agrotóxicos como parte del terrorismo internacional.

En la anterior nota de Eœa, Aristides Ortiz ya había enumerado todos los signos utilizados en el discurso que hacen pensar en un giro simbólico hacia cierta izquierda cristiana. El período de las enunciaciones pronto se encontrará –si ya no lo hizo– con la realidad material, objetiva, donde lo simbólico ya no servirá, sino el ejercicio en acción, discurso y dirección en los grandes temas planteados. Decisiones fundamentales. Acciones fundamentales.

Un golpe de timón en las actuales condiciones del país pasa necesariamente por un fuerte sustento político que no solo concuerde con la idea general de cambio insustancial, aparente, perceptual, que «unificara» expectativas de Jaeggli, Zucolillo y Ña Juana, sino que encarne centralmente la dirección en el rumbo prometido.

Asamblea constituyente

El abanico de partidos e individualidades de tan diverso interés y tan atados muchos al antiguo orden de relaciones socioeconómicas prebendarias, clientelistas, concentradoras de tierra y especuladores de pelo y maña, le sirvió al proyecto Lugo para acceder al gobierno y zafar al país de un yugo establecido por el mejor gerente (61 años de gobierno del Partido Colorado), pero impedirá, a cualquiera, sea Lugo o Marx, avanzar en las reformas prometidas.

Con todos los cercos institucionales en la Corte Suprema, Justicia Electoral, Parlamento, al gobierno de Fernando Lugo no le queda otra fórmula posible que convocar a una Asamblea Nacional, como se hiciera en Ecuador, Venezuela y Bolivia. Una asamblea refundacional que integre el pensamiento y las reivindicaciones de esas nuevas mayorías sociales desplazadas del antiguo orden. Esta posibilidad, no enunciada durante el proceso electoral, requiere de una articulación de fuerzas e ideas en una dirección general de cambio. Sin ese escenario no se podrá refrendar la nueva mayoría que se expresa algunas veces en las urnas, pero principalmente en la calle, en el hastío, en el cansancio, en el desarraigo.

En el actual ruedo institucional es imposible pensar siquiera en el impuesto a la renta personal. Ni hablar de la redistribución de tierras, el impuesto a la soja, la ampliación del impuesto al latifundio o la prohibición del uso de los transgénicos o la recuperación del territorio ocupado por las mafias. Solo un proyecto colectivo es superior a la realidad material.

El marco institucional no está para grandes cosas. Y el gobierno de Fernando Lugo no tiene un proyecto colectivo, sino un colectivo de proyectos desarticulados, de múltiples aspiraciones y ansiedades. Sin un escenario refundacional, este nuevo período, que es un golpe significativo al orden stronista vigente, servirá tal vez para una segunda transición de corte conservador, algo menos corrupto, algo menos represivo y mejor administrador de finanzas. Tal vez.

El escenario

Ya no está en el gobierno el mejor gerente del antiguo orden. Pero el antiguo orden funciona inercialmente y cada día produce más pobreza. Recordemos algunas variantes de ese orden: latifundista (más del 70% de las tierras en manos del 1% de propietarios); reexportador (todo tipo de mercaderías, incluidas las drogas y las armas); agroexportador (principalmente soja, algodón y carne). Este orden produce un tipo de Justicia, un tipo de Parlamento, un tipo de organizaciones sociales y un tipo de liderazgo también. Lo que se expresó en las urnas el 20 de abril es un descontento mayoritario con ese orden al ser desbordado su modelo de legitimación social: el carguito, las changuitas, el estudio garantizado a través del Partido, el cajón para mi pariente muerto, la medicina para el hijo enfermo. El modelo ya no abastece.

Este orden produce un estado mendicante y mayorías marginales a la espera de la quiniela y el rosario en la mano o a punto de tomar el puñal para el peaje. La enunciación de los graves problemas nacionales es importante, pero dentro de poco chocará con el hambre y la miseria, sin intermediación, por más que el que lo enuncie sea esta vez un cura. Tampoco servirán los parches ni la buena administración del dinero, porque el dinero de que disponemos con el actual sistema productivo es de almacén, y nuestras necesidades son más grandes que el Multiplaza.

Cómo movernos

Actualmente, existe mucho debate, aunque enmudecido, en las organizaciones sociales sobre el escenario en que debemos movernos para avanzar en nuestros derechos. En el escenario más lógico, el de una transición con predominio conservador, el camino para las organizaciones es el camino de la extensión de todo el territorio. Es el camino de la organización de sindicatos y su fortalecimiento; es el camino de la recuperación de las tierras y el de la creación de los medios de producción y comunicación.
El gobierno actuará de acuerdo a sus posibilidades. El avance y el repliegue estarán determinados por la composición de fuerzas, dirían los teóricos.

En esa lucha, la de ampliar significativamente la fuerza del cambio real, habrá que forzarle al Estado a ser un árbitro. Hemos tenido demasiado tiempo encima de nosotros un juez con la sentencia en la mano. Siempre en contra, por cierto.

Los trabajadores del campo y la ciudad también necesitamos una idea superadora de la realidad. Una estrategia colectiva. La Coordinadora por un País para la Mayoría, que aglutina a Federación Nacional Campesina, la Organización de Trabajadores de la Educación en Paraguay, la Corriente Sindical Clasista, entre otros, plantea la Constituyente. Eladio Flecha, antiguo dirigente de la Federación, entiende bien que no se puede avanzar en la reforma agraria con el actual marco consitucional y jurídico. El nuevo Frente Patriótico y Popular también plantea como idea superadora y articuladora la Asamblea. Blanca, estudiante de Ciencias Sociales, entiende tambien la historia. «Si no nos unimos seguirán matándonos». Lo expresó durante un encuentro en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía, donde los estudiantes analizaban actividades concretas de apoyo a los campesinos ante el avance de la respresiones. Hay coincidencias. Y cuando suena el río, agua lleva.

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