El día que Astiz mató a un músico de Vinicius

A Francisco Tenorio Cerqueira, Tenorinho, lo confundieron con un militante y lo secuestraron 6 días antes del golpe de Estado del 1976 en Argentina. Lo asesinaron en la ESMA.

Francisco Tenorio Cerqueira, Tenorinho.

“Voy a comprar cigarrillos y regreso”, fueron las últimas palabras que Vinicius de Moraes, Toquinho y el resto de los músicos cariocas, que por esos días actuaban en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, le escucharon pronunciar a Francisco Tenorio Cerqueira en la noche del 18 de marzo de 1976 mientras bajaba las escaleras del hotel Normandie donde la delegación se hospedaba.

Una patota integrada por cuatro hombres vestidos de civil que se movilizaban en un Ford Falcon lo secuestró mientras circulaba por la avenida Corrientes con su aire de intelectual con pelo y barba largos. El estereotipo de su imagen bastó para que lo confundieran con un militante de izquierda y se lo llevaran para perderse en la noche de los parapoliciales que en los días previos al golpe dominaban la ciudad.

Francisco Tenorio o Tenorinho, como era conocido en el ambiente musical brasileño, era pianista y tenía 33 años. Vinicius de Moraes lo había seleccionado entre más de veinte músicos para acompañarlo en sus giras. Nacido en Río de Janeiro, desde adolescente se inclinó por la música y realizó estudios de piano.

En 1964, pleno auge de la renovación musical en su país con Vinicius y la bossa nova, Tenorinho grabó su único disco solista, el instrumental Embalo, que lo hizo ser considerado una promesa en la renovación artística carioca y el elegido por Vinicius para sus espectáculos de poesía. A comienzos de los años setenta, entre actuaciones y grabaciones, Tenorinho empezó a cursar estudios en la facultad de Medicina de Río de Janeiro.

A comienzos de 1976 Vinicius inició una serie de conciertos con los que recorrió Brasil y algunos países de América latina. A Buenos Aires llegó en marzo, cuando el golpe militar era un secreto a voces y el Operativo Cóndor aún no había mostrado completamente sus garras.

Un disparo en la cabeza

“Tenía ocho años cuando nos avisaron a mi madres y a mis hermanos lo que había ocurrido con mi padre en Buenos Aires. Mi único recuerdo nítido es verlo tocar el piano en casa”, dijo a Miradas al Sur Elisa Cerqueira, su hija mayor. “Mucho tiempo después, aquí, en Brasil, apareció un represor argentino huyendo de su país y reveló que vio a mi padre en la Esma muy torturado y que el 25 de marzo fue asesinado con un disparo en la cabeza por el oficial Alfredo Astiz”, señaló Elisa.

La revelación corrió por cuenta de Claudio Vallejos, suboficial de la Esma, integrante del Servicio de Información Naval y torturador, quien además se jactaba de haber participado del secuestro del diplomático argentino Héctor Hidalgo Solá.

En una entrevista publicada en 1986 en Brasil, Vallejos señaló tácitamente haber participado del secuestro del músico brasileño o al menos de haber estado al tanto desde el primer momento. “Él (Tenorinho) caminaba por la avenida Corrientes y lo confundimos con otra persona, un subversivo”.

“El 20 de marzo de 1976, el oficial Rubén Chamorro –jefe de la Esma– pidió autorización para establecer contacto con un agente brasileño, cuyo código de guerra era 003, letra C y pertenecía al Servicio de Información Naval de Brasil, para que le informase qué grupo de tareas estaba interesado en brindar informaciones sobre la identidad y vínculos políticos de Francisco Tenorio Cerqueira Jr”, agregó Vallejos en la entrevista. “Astiz lo mató en el sótano de la construcción vieja de la Esma pero no sé donde lo enterraron”, finalizó el represor.

Silencio oficial. Pese a los intentos de Vinicius, que esa misma noche se movilizó en busca de Tenorinho, ni el gobierno argentino ni la embajada brasileña se hicieron eco de las reclamaciones. El 25 de marzo la Armada envió un comunicado a la representación brasileña en Buenos Aires donde reconoce responsabilidades oficiales. “Lamentamos informar el fallecimiento del ciudadano brasileño Francisco Tenório Júnior, pasaporte N° 197803, de 35 años, músico de profesión, residente en la ciudad de Río de Janeiro. El mismo se encontraba detenido a disposición del PEN, lo cual fue oportunamente informado a esa embajada. El cadáver se encuentra a disposición de la embajada en la morgue judicial de la ciudad de Buenos Aires, donde fue remitido para la debida autopsia”.

Alfredo Ignacio Astiz (1951), conocido como el ángel rubio y el ángel de la muerte.

En Brasil no se investiga

“Viajé varias veces a Buenos Aires en representación de mi madre para hacer los trámites judiciales de rigor”, señaló su hija. “Sólo el Estado argentino hace un par de años se hizo responsable del crimen de padre y nos indemnizó. En Brasil las investigaciones nunca se hicieron y ningún gobierno está dispuesto a investigar el Operativo Cóndor ni a hacerse cargo de los muertos y desaparecidos como mi padre. Sólo nos queda la memoria”.

En noviembre pasado se colocó una placa recordatoria sobre el número 320 de la calle Rodríguez Peña, la vereda del hotel Normandie donde Tenorio se hospedó junto al resto de los músicos brasileños y fue visto por última vez con vida. La iniciativa fue del legislador porteño por el socialismo Raúl Puy.

“Aquí se hospedó este brillante músico brasileño, víctima de la dictadura militar argentina”, dice el texto.

Alfredo Astiz

Alfredo Ignacio Astiz (1951), conocido como el ángel rubio y el ángel de la muerte, es un excapitán de fragata de la Armada Argentina, que durante el Proceso de Reorganización Nacional en la Argentina (Golpe de Estado de 1976), se infiltró en las organizaciones de derechos humanos como espía. Perteneció al Grupo de Tareas 332 que actuaba con base en la ESMA.

Entre los delitos de lesa humanidad que se le atribuyen se cuentan casos como el secuestro, la tortura y la desaparición de dos monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet por los cuales fue condenado en ausencia en Francia a cadena perpetua, y la adolescente argentina Dagmar Hagelin. En 2011 fue condenado a cadena perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua por la justicia argentina.

El cantautor argentino Ignacio Copani le dedicó la canción Angel rubio, donde le reprocha «haber asesinado a las monjas francesas», el haber besado «la bota del inglés sin haber disparado ni un tiro» y finaliza refiriéndose al mismo como “un canalla reventado que merece ser colgado del extremo de una cuerda”.

Fuente: Miradas al Sur.

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