El costo público de las crisis privadas

En el Partido Convergencia Popular Socialista se debatió sobre el rol del Estado y la crisis financiera con el economista Luis Brunstein.

Ñamandú, un niño mbyá, juega en el patio. Las rondas de tereré no dan tregua y las charlas previas al conversatorio se suceden sobre los más diversos temas. Las referencias al partido de fútbol de esa tarde parecían inevitables. Y bueno, ¿qué tal si empezamos?, sugiere alguien.

“Neoliberalismo, rol del Estado y crisis” fue el tema analizado por el economista argentino Luis Brunstein el pasado domingo 18 de diciembre en el local del Partido Convergencia Popular Socialista (PCPS). En su intervención analizó el contexto de la crisis mundial y regional, el tan denostado por los “libertarios” intervención estatal en la economía y lo que es o no el neoliberalismo.

Brunstein arrancó con una precisión conceptual sosteniendo que el neoliberalismo no existe como teoría económica y que es una figura más bien instrumentalizada para justificar la privatización de bienes públicos, la desregulación y el vaciamiento del Estado en los países en que fueron aplicadas políticas que muchas veces no eran completamente coherentes con la ortodoxia económica. Citó como ejemplo que el régimen de convertibilidad en la Argentina, conocido como el uno a uno, no fue una medida liberal, pues el mercado de cambio quedó atado al precio del dólar y no al libre juego de la oferta y la demanda.

Luego remarcó que actualmente en Europa, bajo la tutela de Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, y Ángela Merkel, canciller de Alemania, se está insistiendo con políticas de “ajuste estructural” que no harían sino ahondar el desastre, trayendo más desempleo y retracción de la economía. Un ajuste estructural y una austeridad que no resultaron tales, pues en el rescate a los bancos privados con dineros públicos en EE.UU. se destinaron 7,77 billones de dólares, y no los 700.000 millones de dólares anunciados inicialmente, una cifra ya de por sí monstruosa, según datos desclasificados obtenidos por Bloomberg News y  de los que se hace eco Juan Gelman en un artículo titulado “Los que cortan la pizza”.

Políticas de este tipo son las que se están implementando en Europa, principalmente en España, Italia y Grecia, con las recetas del FMI, el Banco Mundial y los bancos centrales europeo y alemán, políticas tendientes solo a garantizar que los bancos no entren en default y que no tienen en cuenta el perjuicio perpetrado contra el conjunto de la sociedad, señaló el economista.

En términos equivalentes se expresó el premio Nobel de Economía Paul Krugman, en su ilustrativo “El peligro de creer que la austeridad es la salvación”, a propósito del pacto de Bruselas firmado en octubre pasado que evidenció el fracaso de una doctrina económica según la cual  “en el período subsiguiente a una crisis financiera, los bancos deben ser rescatados pero el público en general debe pagar el precio”. En este mismo texto sostuvo que una crisis generada por la falta de regulación, paradójicamente, derivó en la radicalización hacia la derecha que, en lugar de generar empleos productivos, recorta la inversión pública y los programas sociales. Añadió que la austeridad expansionista es una ficción y que creer que la depresión gubernamental estimulará los gastos privados es como creer en cuentos de hadas.

Ante este escenario Brunstein opuso el caso de la Argentina, que desde 2003 fortaleció el papel del Estado restringiendo el flujo de capitales especulativos a través de encajes, regulaciones en la compra de dólares y otras medidas de diverso porte, que blindaron la economía contra la crisis y que, en contrapartida, no afectaron las inversiones productivas. Así también destacó que lo que en un principio fue señalado como un defecto, el no contar con un mercado de créditos desarrollado, evitó el contagio del colapso financiero, pues es por esta puerta que las crisis ingresan.

Como reflexión final sugirió alejarse de discusiones estériles del tipo si existe o no el neoliberalismo, “un concepto totalmente vago que genera confusión”, según acotó, para entender mejor cuestiones concretas como cuál debería ser el papel del Estado en función del bienestar general, específicamente la necesidad de construir una economía más inclusiva a favor de la clase trabajadora.

 

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