El cannabis mejora la calidad de vida de los pacientes, afirma médico

¿Por qué el Paraguay, siendo uno de los principales productores de marihuana del mundo, debe importar la materia prima a un costo muy elevado? En esta nota abordamos este y otros aspectos de la autorización del aceite de cannabis para uso medicinal en nuestro país.

Por Paulo César López

El neurocirujano Miguel Velázquez Blanco, coordinador médico del Sistema Nacional de Telemedicina del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS), nos habla en esta entrevista sobre la autorización de la importación del aceite de marihuana para el tratamiento de los dolores de personas que padecen enfermedades terminales y otras como la epilepsia refractaria.

Velázquez Blanco señala que durante su experiencia ha podido notar una importante mejora en la calidad de vida de los pacientes tratados con cannabis, especialmente los dolores oncológicos, pero al mismo tiempo advierte que esta sustancia no cura la enfermedad. Asimismo, le consultamos sobre la paradoja de que el Paraguay, siendo uno de los principales productores de marihuana del mundo, deba importar el aceite a un costo muy elevado.

El valor comercial de una botella de 236 ml oscila entre los G. 1.800.000 y G. 2.500.000. Esto ha provocado un torrente de críticas, pues el medicamento sería inaccesible para la mayoría de los pacientes. Además, se constituiría en un negocio que solo beneficiaría a las farmacéuticas importadoras del medicamento en lugar de aprovechar la materia prima disponible e industrializarla en el país.

La firma habilitada para la importación del producto es el laboratorio Lasca, propiedad de Vicente Scavone, un empresario cercano al presidente Horacio Cartes, quien poco después de asumir en el cargo en 2013 lo nombró asesor económico “ad honórem”.

El alto costo del aceite de cannabis importado dificulta el acceso de muchos pacientes a este paliativo del dolor.

El alto costo del aceite de cannabis importado dificulta el acceso de muchos pacientes a este paliativo del dolor. Foto: internet.

–¿Cómo está avanzando en nuestro medio el uso del cannabis medicinal?

–Se está superando el prejuicio y los médicos se están anotando para prescribir. El cannabis funciona en el tratamiento de los dolores y no podemos negarles eso a los pacientes. Lógicamente con las indicaciones precisas, las dosis adecuadas y la producción correcta esto va a ser muy útil para los pacientes. Yo sostengo que el cannabis no cura, pero sí mejora enormemente la calidad de vida de los pacientes.

–¿Cuál es el potencial terapéutico del THC?

–El tetrahidrocannabinol (THC) se usa para el dolor, pero con altos porcentajes tiene otros efectos. Para uso medicinal está permitido hasta el 0,3% de THC a nivel mundial. Por encima de esta medida tiene otros efectos secundarios y complicados.

Hay una enfermedad que se llama Síndrome de Tourette, que se manifiesta en forma de tics motrices y fónicos. No hay una medicación estándar en el mundo, pero bajo tratamiento con cannabis los pacientes se normalizan notablemente. También funciona para dolores oncológicos, dolores relacionados al HIV y dolor crónico asociado a fibromialgia.

La epilepsia refractaria es de difícil tratamiento y el paciente convulsiona al menos una vez por semana sin poder parar. Ante esto se van combinando dos o tres anticonvulsionantes a la vez y no tienen mejoría en sus síntomas.  Hay pacientes que pueden convulsionar cincuenta veces por día y ahora con el tratamiento con cannabis convulsionan una vez cada tres semanas. No se curan, no dejan de convulsionar, pero mejoran su calidad de vida. Debemos pelear para que nuestros pacientes tengan calidad de vida. Un día menos de dolor es un día más que ese paciente está feliz, que está soportando una enfermedad que probablemente le llevará a la muerte o tenga que soportarla lo que le queda de vida.

–Hubo cierta controversia respecto a la paradoja de que la materia prima sea importada al mismo tiempo que el Paraguay es uno de los principales productores de cannabis del mundo.

–El Paraguay no tiene la mejor marihuana para uso medicinal, pero sí tiene la mejor tierra.  Probablemente también sí tenga la mejor marihuana para uso recreativo, pero no para uso medicinal porque no se usa toda la planta.  Solo se utilizan dos componentes de más de 400 que tiene la marihuana. En Paraguay tenemos una excelente marihuana con alto contenido en THC, pero para uso medicinal debemos tenerlo por debajo del 0,3%.

La planta que tenemos en Paraguay puede llegar a tener hasta el 20% de THC, según análisis laboratoriales de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad). Entonces no podemos darles a los pacientes algo que pueda generar un problema de salud posterior. Ahora estamos hablando en el ministerio sobre la producción nacional de cannabis con las semillas que corresponden, que también ya se está haciendo de manera controlada.

–¿Cuál es su postura respecto al autocultivo?

–Yo respeto el autocultivo, lo que no respeto es la producción casera porque no sé qué es lo que puede tener. Si alguien quiere montar una industria y fabricar el fármaco, ojalá que lo haga, pero en todas las condiciones sanitarias y que me diga qué porcentaje de THC tiene el aceite por mililitro en cada botellita. Así voy a poder prescribir al paciente. Si eso conseguimos con el autocultivo, estaría bien y ojalá podamos exportar también y que pueda ser más barato para los pacientes. Pero de forma irresponsable y sin etiquetar lo que se tiene dentro de una preparación para mí es muy peligroso. Yo no voy a prescribir un aceite casero que no sé qué tiene.

–¿Usted cree que la política prohibicionista funciona?

–Yo no estoy a favor de la represión. Estoy a favor de la educación. Hay drogas “permitidas” que son altamente peligrosas como el alcohol, que es la puerta de entrada a todo el resto. Eso no está penalizado y en algunos casos ni siquiera está controlado. Tenemos que cambiar el concepto porque después tenemos que empezar de nuevo a desatanizar algo como el cannabis, que es útil. Tampoco estoy con eso de liberar ni con la represión. Sí estoy por la prevención, la educación y el uso responsable.

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