¿Una psiquiatría AT?. La Experiencia de la Clínica Placera

Escribir sobre lo in-usual suele ser amenazante. Esta es la primera vez que comparto un escrito sobre la experiencia de clínica placera. Escribir esto es bienvenir el debate sobre lo placero y lo clínico.

Se dio gracias a una revista digital sobre acompañamiento terapéutico (AT).

El mundo del AT en Paraguay está poco visibilizado: es un mundo de cercanías, presencias, móvilidades, abierto a lo caótico, como lo placero. Hermosa coincidencia que, justamente, esta revista se llame La plaza AT… ¿Coincidencia?

Por Agustín Barúa Caffarena*

(…) me ayudó a comprender que es necesario verse entre los demás y no solo mirar (…).

[Acompañado placero]

Hace un tiempo una querida compañera me propuso escribir en esta revista. Desconozco el debate enorme del mundo del Acompañamiento Terapéutico (AT), sin embargo hace tiempo que como profesional (psiquiatra y antropólogo) me nombro “acompañante”. Intentaré compartir la experiencia en la que estoy, a ciegas del campo AT pero intuyendo afinidades.

Desde el 2015 trabajo en bancos de plazas de Asunción en acompañamientos clínicos en salud mental con perspectiva de desmanicomialización. De esto les quiero hablar.

ALGUNOS DEBATES PREVIOS

Tres debates que nacen lo clínico placero:

. Reivindicación del espacio público. Ante el repliegue a lo privado por miedo o por consumismo, hay una apuesta a potenciar lo público como espacio de encuentro y de atravesar lo desconocido ante la neofobia social.

. Desmanicomializar las clínicas. El espacio público es el de la cordura y todo lo que sea de lo loco tiene que salir, molesta, no tiene lugar; esto es algo que valida los encierros y que buscamos cuestionar. Lo decía Passos (2009) desde la experiencia del cierre del Hospital psiquiátrico de San Giovanni en Trieste cuando luego de superar muchos obstáculos descubrían que “el verdadero enemigo no era más un ‘otro’ puro (ni el otro de la enfermedad, o de la locura). El verdadero enemigo se insinuaba, en todas partes y en cada uno, en la intolerancia de la ciudad”.

. Desmontar el plus vergonzante del sufrimiento psíquico. Si me duele la rodilla te la muestro, pero si estoy pensando en suicidarme no sé si lo voy a contar. Hay un plus avergonzante construido en el sufrimiento psíquico que hace que sea más difícil compartirlo. Todo eso converge en la iniciativa de intentar buscar dispositivos conversacionales validados ya por la cultura, como son los bancos de la plaza.

Nos preguntamos si es posible construir intimidad sin cemento, problematizando “ese manicomito de a dos”, como le llamaba al consultorio el psiquiatra Carlos Portillo.

Agustín Barúa Caffarena

REFERENCIAS Y EXPERIENCIAS PREVIAS

Las referencias son el Psicodrama Moreniano, el Esquizoanálisis, la Psiquiatría Democrática Basagliana, el Construccionismo Social, la Antropología Social y la Psicología Social Moffatiana (1974).

Experiencias placeras afines son el Colectivo Psicoanálisis en la Plaza Roosevelt (2019) donde psicoanalistas se sientan en sus ya conocidas sillas plegadizas coloridas a ofrecer su escucha en San Pablo, Brasil.

A la Plaza San Salvador, en Laranjeiras (Rio de Janeiro, Brasil), un grupo de psicólogxs van una vez por semana generando Plaza Terapia (2019).

También los Bancos de la amistad promovidos por el psiquiatra Dixon Chibanda (2016) en Zimbabwe donde para la “depresión” conectó la sabiduría de las abuelas de las comunidades con herramientas psicoterapéuticas en encuentros en bancos de plazas.

“¿¡Y TE VAS NOMÁS Y HABLÁS CON LA GENTE!?”: DE CÓMO LLEGAMOS A LO PLACERO

Del 2008 al 2012 hicimos una experiencia que nombramos clinitaria (2011, 2015) que fueron acompañamientos clínicos en salud mental con sensibilidades comunitarias anudadas a la red de equipos de Atención Primaria de Salud del Ministerio de Salud en los bañados (barrios ribereños de Asunción sobre la costa del Río Paraguay). De esto quedaron dos interpelaciones:

– La primera, la potencia y el hábito de construir clínica en patios bajo ropa recién lavada colgada y goteando, con reggaeton, cumbia villera y polka electrónica sonando todo al mismo tiempo. Vendedores ambulantes, niños, teléfonos sonando (jamás en silencio), gallinas, gatos y perros entre las piernas.

– La segunda, la crítica de una colega psicóloga de que las Agentes Comunitarias de Salud de los equipos de APS no deberían estar en las entrevistas psico porque “ellas no están capacitadas para esto”, invisibilizado tanto sus saberes locales como su potencia interventiva al residir y ser parte de la cultura local de esos territorios.

Este proceso fue interrumpido por el Golpe de Estado al Gobierno de Fernando Lugo (2012) y pasé a residir 3 años en Montevideo.

Al volver a Asunción los lugares históricos donde trabajé no me eran accesibles por variadas razones por lo que hice lo que nunca había hecho en mi práctica clínica profesional: alquilar un consultorio.

Esta experiencia me generó incomodidad, aburrimiento, sin sentido, frustración, ajenidad. Entonces me pregunté “Habitualmente ¿Dónde me gusta pensar con la gente?”. Y ahí vinieron los bancos de plazas.

Los bancos como espacio (ya) múltiple: de llanto, de carcajada, de silencio o de peleas, de rupturas y encuentros, de sudar o tiritar. Dispositivos ya validados en la cultura cotidiana como lugares conversables.

La experiencia se inicia en noviembre del 2015, y se despliega en múltiples plazas de Asunción. Los contactos se dan por conexión telefónica directa o por la fanpage de una red social (Facebook: Clínica placera). Antes del primer encuentro presento en que se basó la elección de lo placero como opción terapéutica; propongo intentar un encuentro donde veamos si “podemos pensar juntos en una plaza”; y acordamos día, hora y plaza.

El setting placero incluye teléfono celular, repelente, tereré o mate, pañuelitos desechables, una motoneta Vespa (para poder llegar a distintas plazas en medio del tránsito), sello y recetario. Los encuentros placeros duran 45 minutos.

Hay imprevistos previstos como la necesidad de baño o qué hacer si llueve, para eso uso bares cercanos a cada plaza.

VOCES EN DIALOGO: LO PLACERO EN LO CLÍNICO

. «La calle es de la policía» decía un ministro de educación de la dictadura stronista. La disputa por los protagonismos, los usos y las legitimidades del y en el espacio público son centrales. La plaza que más uso es una de las que fue enrejada y se cierra a la noche tarde; a la vez tiene dos lugares donde los barrotes fueron anónimamente sacados del enrejado permitiendo que se pueda entrar a cualquier hora.

En el debate de lo común y la propiedad, es valioso el giro de “mi consultorio” a “tu banco” ya que en general son las personas acompañadas quienes deciden cuál es su banco favorito en la plaza donde habitualmente nos encontramos.

Esto es afín a la noción derridiana de hospitalidad (2000) “como si el lugar del que se tratara en la hospitalidad fuera un lugar que no perteneciese originalmente ni al anfitrión ni al invitado, sino al gesto mediante el cual uno da acogida al otro”.

. Lo antropológico contemporáneo tiene en la diferencia su noción central. Estar en contexto placero es afín a la idea de que querer estudiar antropología es como

querer estudiar una avalancha, en términos de riesgo y presencia, lo que se nombra en investigación antropológica como la inmersión subjetiva.

. La potencia de la incertidumbre en lo placero invita a lo que reivindica Franco Rotelli (2014) para los dispositivos sustitutivos a lo manicomial donde no hay una solución institucional positivamente acabada ni está establecido una normativa, sino que se suscitan, por el contrario, dinámicas, conflictos y transformaciones, y tiene por ello abierto un campo de incertidumbre.

. Volver visible la locura aporta a su comprensibilidad. Venturini (2016) señala que la visibilidad no es sólo la abertura de una puerta o el derribo de una reja o de una pared, que la visibilidad es, particularmente, comprensibilidad, visibilidad es volver comprensible la imprevisibilidad aparente del loco.

. Lo placero es un lugar fuertemente asociado a lo desconocido y su temibilidad. La potencia de lo(s) desconocido(s) es resaltada aquí por Carlos Skliar (2014)

A los niños se les prohíbe hablar con desconocidos –como a habitar el ancho de las calles, jugar con desmesura, hablar demasiado alto, indagar sobre lo que está a más de un metro de distancia-. A ello contribuyen, sobre todo, los mitos salvajes de lo extraño, la temerosa idea del peligro y todas las pantallas encendidas. Un niño que no puede hablar con desconocidos es ya una estirpe cerrada, una guerra en ciernes, el ocultamiento del mundo; en fin: una posible ternura menos.

. Habitar la nocturnidad de las plazas trae el miedo al oscuro afuera. Valioso lo que señala sobre lo que podrían “iluminar” las plazas “mal iluminadas”, Jan Patocka oponía la noche a los valores del día; decía que el ser humano está sujeto a dejar crecer en él lo inquietante, la incompatibilidad, lo enigmático, eso de lo cual la vida común se desvía para pasar al orden de lo diurno pues la noche es la apertura a lo que conmueve (Dufourmantelle, 2000).

. A veces en medio de una entrevista es de valor contemplar las copas de los arboles entrecruzados, los tonos del cielo en ese momento, “hacer nada”. Proia, Viglianco y Pizzi (2008) resaltan el valor del no hacer ya que existiría un prejuicio, de que, si uno va a acompañar, es para “hacer algo”, entonces, si el paciente se descompensa es porque “uno no hizo lo que tenía que hacer” pero dicen que acompañar es ir a no hacer, es ir a mirar, ir a escuchar y, en todo caso, ayudar a que la otra persona haga lo que se haya propuesto.

VOCES EN DIALOGO: LO CLÍNICO EN LO PLACERO

. Roland Barthes (2003) se pregunta sobre una clínica que no tiene pregunta sobre sus lógicas de encierro, tensionando una clínica «claustrofílica» que la descubria en si por su gusto en disponer de espacios cerrados (de trabajo, de vida, de sueños), protegido por ardides, por cercos.

. Antonio Lancetti, el generador de la Clínica peripatética, discute el lugar de la inmovilidad asociada a la práctica clínica hegemónica. Recuerda que Kliniké significa cuidados médicos de un doliente encamado y el verbo klino, inclinarse sobre el paciente, y propone que en la clínica antimanicomial se trata de salir, de poner a las personas de pie.

. La “desatención” también suele invocarse como obstáculo para trabajar lo clínico placero. Aquí intentamos no criminalizar la “desatención” y romper la linealidad tan instalada en el sentido común profesional de que si atiende está «Bien» y si no atiende está «Mal».

Reivindicamos una disponibilidad de la atención a lo flaneur en palabras de Alemany (2015) quien lo trae como una forma nueva, diferente, de experimentar la gran ciudad, moviéndose por ella con la atención lo más despierta posible a fin de apreciarla como una inmensa acumulación de detalles, de matices, de contrastes sutiles, de huellas de distintos pasados.

. El Construccionismo Social aporta a la clínica placera (Anderson, 2017) el mantener una actitud crítica y cuestionadora sobre el conocimiento como algo fundamental y definitivo; el evitar las generalizaciones, aprendiendo aquello que hay de específico en cada persona y en sus vidas directamente a partir de ellas; y el privilegiar el saber local en tanto los conocimientos locales que son creados dentro de una comunidad de personas comunes que tienen conocimiento de primera mano sobre sí mismos y su situación, así se entiende a la persona como experta de sí misma.

. López Mosteiro (2015) describe la relación entre clínica y desinstitucionalización a través de varios puntos: ritmos que permitan evitar los tiempos muertos y mantener constante la iniciativa, el movimiento; poner a prueba una lógica original e imprevista, de la levedad de la ironía, de la fantasía y de la capacidad creativa, incluso de la debilidad; buscar dar cuenta con la mayor precisión posible del aspecto sensible de las cosas; el recorrido que va desde el manicomio, nivel cero de los intercambios sociales, a la multiplicidad extrema de las relaciones (Franco Rotelli).

TESTIMONIOS PLACEROS

Compartimos las respuestas de personas acompañadas en plazas a la pregunta de que les ha sido significativo de la experiencia.

(…) Recuerdo ese primer día. Estaba rígido y atento a todo. Estaba en guardia. Miraba a mí alrededor. Gente que pasaba, iba y venía. No me sentía seguro. Temía a que me escuchen. Temía a que vean cuan frágil era. Temía a que me vean llorar. Temía a que me dijeran loco. Igual me atreví a seguir.

Luego fui tomando confianza y comprendiendo lo importante de un espacio libre para conversar, porque me ayudó a comprender que es necesario verse entre los demás y no solo mirar (…).

[Acompañado 4]

Estaba triste pero me reconfortó llegar 5 minutos antes y disfrutar el viento moviéndose en la copa de los árboles. Eso no lo sentiría en consultorio.

Contrario a lo que pensé no lo vi como exposición. O esa cosa de que todo lo público es jodido. La gente ve dos personas charlando. En la charla hay cuidado.

Si hay mate es mejor. Sigo triste… pero voy a otras plazas desde entonces.

[Acompañada 6]

(…) O entrar en una plaza, y encontrarte con una protesta estudiantil de secundarios absolutamente fuerte, comprometida y esperanzadora y quedarse divagando sobre el contenido sociopolítico generacional que eso implica.

Eeeh… estar hablando de tus peores miedos y que un perro genere por detrás de ti una tormenta de arena porque está cavando qué se yo qué cosa.

La clínica placera creo que es la antítesis de la asepsia del consultorio de un psicoanalista porque no hay cosa más distractora (…) que una plaza con (…) los pájaros extraños que se paran y te miran (…).

[Acompañada 3]

(…) En mi última gran crisis tuve que acudir a la ayuda de mi hermano mayor, chico normal de barrio, sin casi estudios. Sus comentarios eran las de “ese está peor que vos” y sólo lo había visto unos segundos. Cuestionaba “¿Por qué no te atiende en su consultorio?”.

(…) La primera sensación que me produjo acudir a una plaza para tener una sesión fue la de estar buscando, coordinando o esperando a mi dealer (…).

Otra sensación era que quizás los habitantes de la plaza pensarían que éramos homosexuales buscando encuentros sexuales casuales y anónimos (…). Contar a los “amigos” que estaba acudiendo a la ayuda de Agustín en la plaza generaba comentarios como “que chanta que ya es, no quiere ni pagar un alquiler para su consultorio” (…).

[Acompañado 7]

La experiencia placera, me dio la oportunidad de sentirme identificada con el entorno.

Eso significa que, por un lado, no estuve condicionada a los espacios determinados y cargados de lo ajeno, como suele ocurrir en el consultorio tradicional que habla – en general- muy alto sobre el terapeuta.

En la “plaza”, que puede ser cualquier lugar disponible, tuve suficiente espacio para cargar el encuentro terapéutico con lo propio, sin temer a lo ajeno. La plaza es tan ajena al terapeuta como a mí. La plaza puede ser tan propia del terapeuta como mía.

[Acompañada 8]

TENSIONES, CON-FUSIONES E INTERROGANTES

PARA LO CLÍNICO EN EL ESPACIO PÚBLICO

Una primera pregunta es ¿Dónde? Quizás una pregunta vaciada o estereotipada en el mundo psi. Lancetti contaba que una de las primeras actitudes durante el proceso de cambio en el hospital psiquiátrico de Santos fue pegar un mapa de la ciudad en una de las paredes del hospicio para colocar la ciudad en la cabeza de todos nosotros. En otro sentido, problematizando la idea de adentro – afuera, Florencia Urruty nos contaba que en la Clínica La Borde (Francia) la idea no es ‘salir’ sino es ir al encuentro de otra cosa.

¿Cuán subjetivado está nuestro dispositivo por “la cama”? En un proceso de reforma, buscando generar una sala de internación de salud mental en un hospital general en Entrerríos, dos referentes basaglianos recorrían el hospital remarcando dos necesidades para el futuro servicio: que tenga lugares cómodos para conversar, y que tenga conexión con un patio bonito donde salir a caminar y a fumar. Lo quieto queda desnudado en su arreflexividad después de esta experiencia (Barúa, 2018).

¿Des-plazar-se? ¿A-plazar? ¿Reem-plazar?: ¿Cuál es la complejidad del des-plaza-miento? Harleen Anderson propone esa pregunta en estos términos “¿Cómo nuestras prácticas pueden tener relevancia para el día a día de las personas en un mundo en constante cambio? ¿Qué es esa relevancia? y ¿Quién la determina?”.

¿Cómo tramitamos lo normativo moral del deber ser «serios y profesionales» y su censura para nuestro crear?

Una vez un hombre que trabaja limpiando la plaza que más frecuento se me acercó y dijo “Doctor… ¿me invitás tu agua?”. Hasta ese momento no me había percatado que ya me veían como médico otras personas que habitan la plaza, dejando la interrogante de si cuánto lo clínico placero puede ser otro artefacto biopolítico.

¿Cuáles son tus recorridos cotidianos por lugares públicos? Poder pensar que tránsitos cotidianos públicos caminamos día a día. Calvino (1977) decía que “para ver una ciudad no es suficiente tener los ojos abiertos. Antes que nada es necesario ver todo lo que impide ver (…)”.

¿En qué tipo de espacios públicos te sentís alegre y libre para pensar y pensarte con otras personas?

¿Qué podemos aportar a la relación entre la clínica y el espacio público?

Finalmente, invitar a que nos demos el permiso de pensar esto: Si no trabajara dentro de cemento, ¿Dónde disfrutaría trabajando clínica en salud mental?:

¿Canoera? ¿Caminatera? ¿Hamaquera?¿Piletera? ¿…?

BRISA, TORMENTA, CIELO

El título de este trabajo puede resultar pretensioso, sin embargo al conocer este año algo de las experiencias de Acompañamiento Terapéutico en Argentina me había interpelado si de que debíamos hacernos cargo las profesiones “tradicionales” y que había vuelto necesario (o imprescindible) que surja el AT.

Intuyo que esas mismas interpelaciones que generaron este surgir, son las me hago a lo interno de la psiquiatría sobre lo sensible puesto en acto, sobre el dónde como cuestión a subvertir, en general sobre el poder – saber médico hegemónico como anti terapéutico, y son las que nacen este placereo.

*Psiquiatra de Atención Primaria de Salud. Antropólogo social. Psicodramatista. Investigador de la Universidad Nacional de Pilar. Integrante del colectivo Noimbai, de ALAMES – Paraguay, de la Sociedad Paraguaya de Psiquiatría y del Foro Permanente de Salud mental.

Publicado originalmente en la revista digital La Plaza AT

BIBLIOGRAFÍA

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. Anderson, H. A postura filosófica: o coraçao e a alma da prática colaborativa. P. 24. En: Grandesso, M. (2017). Práticas colaborativas e dialógicas em distintos contextos e populaçoes: um diálogo entre teoría e práticas. CRV: Curitiba.

. Barthes, R. (2003). Cómo vivir juntos: simulaciones novelescas de algunos espacios cotidianos. Siglo XXI.

. Barúa, A. (2011). clinitaria: andando, de a chiquito, con la gente. acompañamientos clínicos en salud mental desde sensibilidades comunitarias. Asunción: Cruz Roja Suiza.

. Barúa, A. “Se puede hacer”: Apuntes para una sociedad sin manicomios desde la psiquiatría democrática italiana. Conferencia Permanente por la salud mental en el mundo. Publicado el 5 de diciembre del 2018 en http://www.confbasaglia.org/wp-content/uploads/2018/12/Se-puede-hacer.pdf

. Barúa, A. Autoetnografía de “clinitaria” como des-cubrimiento de lo antropológico en salud mental comunitaria. Universidad Católica de Asunción. Suplemento Antropológico. Universidad Católica de Asunción. Vol 1. Junio, 2015.

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