Un tremendo final salva el burdel

Hay grupo de varones en el bar de la esquina, otro grupo juega truco en la plazoleta frente al Puerto de Asunción. Es viernes fresco, ha caído la noche. Un revuelo de prostitutas en la calle envalentona a los parroquianos. Y noquea a los conductores de autos, taxis y a la Policía. Desde el vamos la obra consigue la intervención de la gente. Son mujeres, con mucho maquillaje y menuda ropa, que la “mueven”.

Hay un grupo de hombres jugando a la pulseada, tomando caña, firmándose como “hombres” . Hablan un guaraní áspero, son pobres de extracción campesina, de visita por el burdel de Ña Cande, gastándose, seguramente, los guaraníes del boom del algodón. Hay un marinero gringo que mama la caña.

Una mujer embarazada es echada del burdel, pero no se construye drama en torno. Otra es asesinada, pero sigue el baile. Ña Candé tiene sus influencias y muchos “amigos” civiles y militares. En esas cuestiones de jergas prostibularias y rituales reales e imaginarios de un tiempo de “gran vida” y una construcción de caricatura general o farsa general se trascurre de la calle a la plazoleta, y de plazoleta al zaguán del puerto para la gran fiesta. Estamos en Colón y el Puerto. La fiesta de la Candelaria, cumple  de Ña Cande. Es el 3 de febrero. Asiste un general y otros invitados especiales, hay sexo, mucha bebida, un alguien golpea a  una trabajadora, hay baile… hasta que, plaf, Maldición de Mandiga, cae la dictadura de Alfredo Stroessner, y el negocio, por lo menos para Ña Candé, se viene abajo. El negocio, claro está, se recicla rápidamente con otras formas, con polvo español. Olé.

Los prostíbulos alrededor sobreviven sin el glamour de esos tiempos. Algunos, como Esclalera del Cielo, hoy es una facultad. Los puertos se han privatizado. Hay negocios demasiado buenos para que el Estado malgaste el dinero. Hay cosas que mejor se trafican por puertos privados. Si es por Puerto Fénix, mejor.

El cierre de la obra, adaptación de un libro de Victorio Suárez, es magistral. La bahía, a esa hora, ya es un mechón de intensos claroscuros. Muchas cosas han pasado desde la caída del Alfredo Stroessner.

Muchos negocios y  las prácticas del régimen se ampliaron exponencialmente hasta configurarse una poderosa simbiosis entre el stronismo y el bárbaro espíritu neoliberal. Todo es mercancía, absolutamente. El viejo régimen le proporciona brutalidad fascista. En el reino del mercado, imaginemosno cómo es el poder en un paisito como el nuestro, tan lejos del mar y tan cerca de sus verdugos.

Ah, por tanta intervención desde distintos ángulos, el grito de Ulises Silva se tomó como parte de la obra. Entonces, nadie acudió a socorrer el auto que una grúa se lo llevaba. “Es que hay cada vecino”, se quejó el dueño del bar donde se extendió la tertulia nocturna.

Moncho Azuaga y sus muchachos, un elenco más que convencido súper leal, cierran de una manera magistral esta simbiosis: prepotencia y la idea de que todo es mercancía. Stronismo neoliberal.

El cierre salva una obra que, según nos contara Moncho Azuaga, tenía luego la intención de abundar en la farsa y la caricatura.

Ayer, sábado, se suspendió. Llegaron unos barcos con gentes de Brasil y Argentina. Les hubiera gustado la obra y tal vez se hubieran tomado el licor de caña paraguaya y frutas que preparara Romilio.

Y, claro, ya se sabe que los marineros tienen ondas prostibularias. Eh, qué coincidencia.

Ah, hay una boda entre el gringo, un holandés, y una de las trabajadoras. Se casan: una ilusión de gentes que nada  tienen que perder y de gentes que aún tienen la idea del contrato como proyecto de futuro.

Eran épocas de whisky importado, tabacos rubio, escarpines, época de Itaipú, el Puente de la Amistad, el tráfico de mercaderías para meter a Brasil y Argentina, de los Dominguez Dibb, del mozuelo de Cartes, del exitoso Wasmosy, de derroches, de Pecci, Olimpia campeón de la Copa Libertadores, Paraguay campeón de América, Domínguez Dibb en duelo con Zacarías. De la extensión del latifundio para la ganadería y otras cosas que se han ampliado sobremanera.

Por eso el cierre es magistral. Porque de todo lo que se vende, el cuerpo cumple la función esencial.

El cuerpo es, finalmente , como el Cristo en la Cruz, el objeto de toda dominación

Dirección:  Moncho Azuaga

Realización: Carlos Cáceres, Rodrigo  Sosa y Laura Marín.

Vestuario: Rolando Rasmussen

Comentarios

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1 Comentario
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    Ana Bella
    Posted at 09:08h, 23 agosto Responder

    Gracias!!lastina nos suspendieron la segunda función ! 🙁

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