Ticio Escobar: “La destitución de Causarano fue motivada por jugadas partidarias de cara al 2018”

El reconocido intelectual, crítico de arte y ex ministro de Cultura, opina en esta breve entrevista sobre las causas de la reciente destitución de Mabel Causarano como ministra de la SNC.

Escobar critica con dureza la decisión del presidente Horacio Cartes de destituir a Causarano, y arrima ideas de cómo podría abordar el nuevo ministro de Cultura, Fernando Griffith, la dirección de la Secretaría Nacional de Cultura (SNC). Causarano fue sorpresivamente destituida de su cargo el pasado jueves 8 de setiembre.

Cuál es su interpretación respecto de la repentina destitución de Mabel Causarano de Cultura   

Considero que la destitución de Mabel Causarano como  ministra de Cultura fue motivada por  causas puramente políticas. Y cuando  hablo  de “política”, no me refiero a criterios y razones de  Estado, sino a jugadas partidarias contingentes, movidas por intereses inmediatos en la  escena del poder,   allí donde se disputan posiciones  electorales de cara al 2018. Eso es grave. Para destituir a Causarano no se  invocaron razones  de Estado ni resultados de evaluaciones  de su desempeño: la ministra, resistida desde el comienzo por los sectores más reaccionarios del Partido Colorado, fue removida uno o  dos días antes de la concentración a la que estaba convocando con desesperación ese partido para conmemorar los 129 años  de su  fundación (sin muchas razones ni convicciones, digámoslo).

Obedeció a cuestiones internas de su partido, la ANR, entonces…

La aturdida y desprolija decisión de Cartes traduce lo que todos sabemos: su extrema debilidad en términos de poder de Estado. Dividido su partido (que se había integrado ad hoc tras intereses coyunturales, electorales) hoy es incapaz  de sostener las líneas de competencia, profesionalismo e independencia partidaria que había prometido a la  hora de integrar su “selección”.  En ese contexto, es riesgoso para la institucionalidad pública, los ministros se convierten en fichas de cambio en manos de un presidente que da brazadas de ahogado sin ningún rumbo,  ni nuevo ni viejo. Recordemos  la implacable  sentencia de Séneca: “para quien navega sin rumbo todos los  vientos son  adversos”

Qué debería priorizar el nuevo ministro en su gestión al frente de Cultura

El nuevo ministro  de cultura se encuentra ante  un desafío tremendo. No es especialista en el ámbito de la gestión y  cultural y no tiene  tiempo para aprender ni para ensayar otras posibilidades. En teoría tiene dos  años  de gestión, pero este año ya está aterrizando, el 2017 será un tiempo de pura puja política electoral y el 18 está descontado como  tiempo de gestión. Entonces lo único que puede hacer el nuevo ministro para salvaguardar la azarosa institucionalidad cultural  -sostenida sobre la protección  de planes de  gobierno en políticas de Estado- es poner en automático y salvar lo poco que le queda.

La  única dirección general que continúa  realizando el Plan Nacional  de Cultura y los programas  del presupuesto  anual es la  de Patrimonio. Este punto resulta esencialmente sensible por la reciente promulgación de la  nueva Ley  de Patrimonio. De que esa dirección continúe en manos altamente especializadas dependerá de que esa ley sea no sólo debidamente  reglamentada, sino integrada a las instancias de aplicación  de la  SNC y desarrollada  en distintas pragmáticas territoriales y sociales que constituyen la garantía de su sustentabilidad.  Por razones de espacio, acá me refiero sólo al aspecto más inmediato de un conjunto de políticas patrimoniales decisivas que se  encuentran desarrollando.

Cuál es un error que no debería cometer el nuevo ministro

Si el ministro actual decidiese, como lo hizo la tristemente  recordada Graciela Bartolozzi, desmantelar lo que está  funcionando, estará dando un mensaje oscuro a  los  sectores culturales, a la ciudadanía y  la clase política en general. Estará demostrando que no le interesa asegurar políticas de Estado  en el ámbito de su recién  estrenada  cartera, sino seguir la política boyante  de un  gobierno sin destino.  La  cultura lo juzgará, el país  también, si cometiera ese error.

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