Sila Godoy, el compositor postergado

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Un ejemplo podría ser Josef Haydn con sus Seis Sonatas para piano Hob 20 escritas en 1770 y publicadas recién 10 años después. Haydn sentía que estas seis sonatas estaban muy adelantadas para la época que le tocaba vivir, y probablemente ni el publico ni sus mecenas reales lo comprendieran. Tuvo que llegar su joven pupilo de Bonn para empaparse de estas corrientes innovadoras de Haydn y seguir abriendo camino en la historia de la música, si…. estoy hablando de Beethoven.

Así también Beethoven en el periodo final de su vida, (una vez escrita su Novena Sinfonía) la creatividad le disparo a galaxias sonoras muy lejanas de aquella década de 1820. La gente de su tiempo no podía comprender cómo el inspirado compositor de la “Oda a la Alegría” pudiera escribir algo tan horrible como la Grosse Fugue op 133. Sin dudas Beethoven ya había dejado su legado a sus contemporáneos, y al final de su vida empezó a escribir el legado que dejaría a la posteridad.

Pero… ¿Podríamos pensar que la inspiración de Cayo Sila Godoy fue para otros tiempos? Mas bien yo creo que no, sino que su música entro en cola de espera dado el retraso cultural que vivía el Paraguay en el siglo XX.

A diferencia de Haydn o Beethoven, nuestros compositores no se dedicaron exclusivamente a cultivar sus carreras personales, sino que tuvieron que tomar posturas muy complejas en pos de restaurar una cultura que estaba siendo constantemente asediada por los retrasos generados en las diversas coyunturas sociopolíticas que vivía el Paraguay desde la posguerra.

Por citar estas restauraciones vemos a José Asunción Flores, quien lucho arduamente para dar una escritura aproximada a la música paraguaya ya en pleno siglo XX, que hasta antes de el solo se tocaba de oído.

Agustín Barrios quien no pudo desarrollar su carrera de concertista y compositor en el país, se vio obligado a salir y buscar mejores horizontes. Carlos Lara Bareiro, quien ya en plena mitad del siglo, gestiona recién la primera orquesta sinfónica del Paraguay, que como mucho exigir, pedía mínimamente que los integrantes pudieran tener un sueldo digno por su trabajo. Los músicos eran vistos como de una casta inferior, y mucho menos eran considerados trabajadores, cosa que tristemente persiste hasta hoy.

Este era el clima que le tocaba vivir a una persona que se dedicaba a la música de una manera seria en Paraguay, La composición era casi secundario, para los ratos libres. Había menesteres mas urgentes que solucionar en un país que daba zancadas para poder pararse muy rezagado en la carrera del progreso.

Desde luego Cayo Sila Godoy formaba parte de este grupo, guitarrista, compositor e investigador nacido en Villarrica en 1919. El talentoso joven escalo rápidamente a los niveles mas altos de la ejecución maestra de la guitarra clásica.

La situación vivida por la Guerra del Chaco (1932-1935), quien Sila estuvo muy de cerca en sus años juveniles, y así también la llegada del teatro del absurdo al Paraguay, (pos segunda guerra mundial), movieron las velas creativas que llevaba el artista dentro de el.

Fue becado para estudiar en la Argentina en el año 1944, con el fin de perfeccionar su técnica guitarrística con la profesora Consuelo Mallo López. A la par se hace amigo de Alberto Ginastera quien fue el máximo representante de la vanguardia musical en la capital porteña.

Este vinculo tanto con Ginastera y sus años en Buenos Aires, lo acercan a la música de vanguardia. Así conoció la obra de Arnold Schonberg. Sila quedo absorto por la filosofía y la música compuesta por los representantes de la segunda escuela de Viena, siendo una inspiración que va replicando a lo largo de su vida en diversas obras como: Ébano, Vals, Hanna Szennes, Preludio a Alice, Sortilegio entre otras.

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Primera página del manuscrito de Hanna Szenes

Pero la realidad del Paraguay estaba todavía muy lejana a los avances musicales que se estaban librando en el siglo XX. Para la década del 40 Paraguay no tenia orquestas sinfónicas profesionales, ni tampoco músicos con una formación exhaustiva. A la par Sila Godoy ya escribiría su primera obra atonal titulada Hanna Szennes, estrenada en la Unión Hebraica Argentina en el año 1949. La menciono no solo por ser un hito de importancia en la carrera de Sila Godoy, sino que esta pieza (actualmente incompleta) es la primera obra atonal escrita por un compositor paraguayo. Fue el único en hacerlo hasta 1966 cuando Nicolás Pérez González escribe su obra para guitarra titulada Mangoré.

 La carrera de Sila Godoy cambia de manera considerable cuando el gobierno paraguayo le encarga en 1953, el rescate de las obras de Agustín Barrios Mangoré, quien llevaba ya 9 años de fallecido en aquel entonces, y casi 20 años de su ultima estancia en el Paraguay.
 Ese mismo año Sila parte rumbo a una gira por el rio de la plata, programando conciertos y recabando información sobre Mangoré tanto en Argentina y Uruguay, países donde Barrios desarrollo una parte importante de su carrera. Luego viaja a Chile y finalmente, ya en el año 1954 llega a El Salvador donde es recibido de manera elogiosa por el medio local.

Sila ya llevaba en sus archivos una documentación novedosa sobre el Barrios del periodo rioplatense, cosa que genero mucho interés en el medio cultural salvadoreño, dado que Barrios paso sus años finales en dicho país generando un gran impacto en el ambiente local.

Los ex alumnos de Barrios brindaron a Sila Godoy una buena cantidad de información sobre la vida de este en sus últimos años transcurridos en el país centroamericano. Esta buena relación entre la escuela mangorena salvadoreña y Sila Godoy, permitió reconstruir el rompecabezas que Barrios había dejado desperdigado entre sus andanzas.

Es importante aclarar que a pesar de haber vivido años cercanos, Sila Godoy y Barrios nunca se conocieron, así se entiende que Sila Godoy no tuvo un contacto personal con Barrios, 

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pero si trabajó muy de cerca las obras de Barrios con la escuela mangoreana en aquellos años de exploración. Esto da certeza hasta hoy, que sus registros fonográficos tienen un valor muy alto desde el punto de vista histórico.

Para dimensionar la titánica tarea que le fue comisionada en ese entonces el gobierno de Federico Chávez, debemos situarnos en esos años en que no existía el internet ni los smartphones. Sila fue recorriendo, pueblo por pueblo, lugares donde Barrios había estado alguna vez y había dejado sus partituras, así también cartas, fotos y anécdotas que las iba recopilando en sus cuadernos de viaje. La música de Barrios estaba desperdigada en toda América y la misión de este joven guitarrista fue recopilarlas y traerlas al Paraguay.

Este trabajo le costo a Sila Godoy su vida entera, trabajo que le trajo enormes satisfacciones, pero también amargas decepciones. Muchos aprovecharon el trabajo enorme que había hecho Sila y se apropiaron de su esfuerzo, pero de ese tema se pueda ahondar en otro espacio.

Lo importante hoy, es saber qué, si este hombre no existía, probablemente Barrios hubiera seguido en las sombras. Sin dudas Sila fue la figura que articuló entre ese olvidado Barrios del Salvador quien murió en 1944, y él Barrios consagrado compositor para guitarra universal quien hoy nos llena de orgullo a todos.

El papel del guitarrista australiano John Williams fue fundamental en el proceso de revalorización de Barrios (Click para escuchar el disco en Spotify), dado que fue el primer guitarrista en presentar la obra de Mangoré a una escala mundial. Pero ¿cómo llego Williams a las obras de Barrios?, fue a través de Sila Godoy, quienes fueron compañeros en los cursos que dictaba Andrés Segovia en Santiago de Compostela en los años 60. Sila acerco a Williams estas partituras y lo contacto con la sociedad mangoreana del Salvador, y así empezó la historia del Barrios universal.

Actualmente sus obras y arreglos se encuentran archivados en fotocopias en manos de algunos pocos interesados. No es tan grave que lo tengamos en fotocopia, lo verdaderamente malo es que seamos muy pocos los interesados en difundir su música, siendo que la cantidad de guitarristas jóvenes de gran nivel ha crecido de manera exponencial en los últimos 10 años en el Paraguay.

Con las facilidades que nos da la tecnología hoy, tenemos mucho menos excusas de las que tenia Sila Godoy en 1953 en cuanto rescatar las obras de un compositor se tratase. Lo que si no da la tecnología es la voluntad de hacerlo, eso nace en cada uno, pero es necesario contar con la voluntad de servicio hacia la cultura de un país.

Solo así, tal vez, las generaciones posteriores nos agradezcan el legado que estamos dejando y en algún momento de nuestra historia, darles luz verde a nuestros compositores a ser compositores y no restauradores forzados a postergar su vida en servicio de los olvidados.

Bibliografía

Godoy-Álvarez, E. (2013). Cayo Sila Godoy en programas de conciertos, 8 décadas de música y guitarra clásica, Asunción, Paraguay: Policarpo centro de servicios culturales.

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