Sale a pre-venta «La cuarentena de Ñasaindy», novela de Julio Benegas

El periodista y escritor paraguayo Julio Benegas Vidallet publicará en octubre la novela La cuarentena de Ñasaindy. El tejido dramático de la novela se desarrolla durante la cuarentena todavía en curso. De fondo, “una especie de eterna cuarentena de una persona de origen guaraní brutalmente sometida y silenciada, con todo lo que eso implica, incluida la imposibilidad de hablar su lengua de origen con su propio hijo”, comentó el escritor.

La publicación se financiará, según anunció, por el sistema de venta anticipada. Las personas interesadas pueden girar al 0971150805 (Personal) G. 50.000 para reservar su ejemplar. El periodista y su equipo de trabajo prometen dedicatoria y entrega del libro.

“Esta iba a ser mi primera novela diseñada de principio a fin, pero, maldición de Mandinga o bendición de San Cayetano, apareció la pandemia. Todos los personajes de la novela, algunos en Nueva York, otros en Suiza y algunos más en Paraguay, entraron en cuarentena, en pánico, en angustia y algunos más en una desoladora desolación”.

Esta es la segunda novela que Benegas financiará con preventa. La experiencia con la anterior, Vuela Soledad, “ha sido muy intensa, muy linda. La edición de 600 ejemplares se agotó en un mes. Pienso reeditarlo en la brevedad posible”,  anunció.

Benegas es autor de los libros Tereré en la Plaza, Soledad, La Vida y la Bronca, La masacre de Curuguaty, Vuela Soledad y Francisco Estigarribia, semblanza de un militante.

Anticipo

La Cuarentena de Ñasaindy

Novela de Julio Benegas Vidallet

(Introducción-Fragmento)

Esa tardecita noche, que en la pieza de Thomas era oscuridad profunda con haz de luz blanquecina de la computadora, él no recordaba a sus padres y tampoco hacía un esfuerzo por recordar la noche con Claudia. Que lo dejara formaba parte de un catálogo de posibilidades inmediatas y que volviera también. Qué importancia tenía una u otra cosa en la vida de un tipo que, según Claudia y anteriores amantes, todas latinas, no tenía propósito alguno, no proyectaba futuros ni le importaba el destino. Acostumbrado a tener disponibles en la heladera -como en su casa de Suiza-, el jamón, el queso, las aceitunas y la leche, esa mañana lo alteró sobremanera el refrigerador vacío.
-Mierda, mierda, cómo pudo pasar- golpeó y golpeó el piso, desencajado, con el puño izquierdo. ¡Maldita Claudia, maldita¡ En ese estado buscó billetes en el bolsillo sin buenos resultados. Se levantó abruptamente, prendió la luz de la pieza y fue entonces que, en vez de billetes, vio el manuscrito de Claudia.
Te dejo, Thomas. No puedo enamorarme de vos. Mi corazón no es mi mejor arma.
¡Scheise¡. Maldita Claudia. La palabra amor no formaba parte de su universo de relaciones, pero la maldición seguía motivada principalmente por la ausencia de leche y su jugo de naranjas en la heladera.
Al volver sobre la palabra enamorar, escrita por Claudia en letras recostadas hacia la derecha, repentinamente mejoró su humor. Se rascó la cabeza y se preguntó cómo alguien podía enamorarse de él. Le puso contento y lo distrajo un rato de su alta tensión por la ausencia inesperada de leche y jugo de naranja en cartón. Ya con mejor humor se puso el jean sobre su pijama, se ubicó encima de un pulóver de lana una chaqueta de cuero y se preparó para ir a la frutería de un parce peruano –él usaba este término muy extendido en Colombia aplicándolo a todos los latinos-, a pedir fiado la naranja. Para la leche las monedas que juntó del suelo bastaban. Se dirigió a la puerta de salida de la habitación. Buscó las llaves para abrirla de regreso. Para abrirla desde adentro bastaba girar con las manos el cerrojo. No encontró la llave en el gancho al lado de la puerta. Buscó alrededor del colchón, entre las cajas de cigarrillos, las latitas de cerveza y las botellitas de ginebra. Nada. Entró en el baño, husmeó entre las ropas esparcidas, las revistas, en el pequeño e improvisado anaquel de libros y en el botiquín. La llave no aparecía. La ausencia de su jugo, la leche, la carta de Claudia y la pérdida de la llave lo dejaron exhaustos.
-¡Por qué a mí, por qué¡ ¡Solo quiero mi leche y mi jugo¡
Si se hubiera imaginado a él mismo como a un dibujo animado, se hubiera sorprendido con los ojos rojos, los pelos de punta, los ceños fruncidos y las venas a punto de explotar.
La habitación de Thomas era la perfecta contraposición de la casa familiar ordenada e impecablemente limpia. En su casa, la madre lo tenía todo disponible: el jugo, la leche, las aceitunas, los panes, los jamones, los juguetes didácticos, la computadora, las ropas. Si desordenaba o rompía algo, la madre juntaba las cosas, las remendaba, las ordenaba o las ubicaba en el basurero en silencio.
Ya con la luz prendida miró alrededor: toda su habitación era un gigantesco basurero. No valía la pena desordenar lo que estaba desordenado o romper lo que a nadie interesaba que estuviese intacto. Se sentó en el piso aturdido, cruzó las piernas, respiró hondo y escuchó Anotherlove. A punto estaba de volver a su frecuencia ni ahí estoy con nada, escuchó, como silbido del diablo en el tímpano, el teléfono de línea baja. La línea baja la mantenía únicamente para comunicarse con los padres, así que sin preguntarse quién podía llamarlo, sin necesidad de asumir esa actitud grave o alegre de inesperada espera, se levantó cansinamente del suelo y fue hasta la mesita de luz donde el viejo tubo negro descansaba.
Al alzarlo, del otro lado, la madre, escueta, le dijo:
-Murió tu padre. Vení.

Comentarios

.
Sin comentarios

Sorry, the comment form is closed at this time.

.
Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.