Reseña de «Iporâkaka», un texto de Paranalander

Por César Zapata*

Comenzaré diciendo que el libro en cuestión llegó a mis manos como un obsequio del propio autor, lo cual es un gesto que se agradece, pues valoro que la cultura, en la medida de lo posible, se comparta gratuitamente.

Pues bien, aquellos que intenten leer Iporakaka, deberán aceptar una invitación para entrar en una casa poblada de estantes atiborrados con figuras de todas la magnitudes y conceptualizaciones posibles, un barroco de jopara trasladado a todas los idiomas y en todos los formatos  enfermizamente imaginables. Una casa que de tantas cosas para mirar, prefieres cerrar los ojos y tratar de oler, pero resulta que de nuevo chocas con un vaho  tan voluptuoso que, o sales arrancando o te adaptas, después de todo siempre son dos o tres o cuatro vigas las que sostienen todo el boliche.

Vaginas pintadas con pequeñas dosis de veneno para asesinar dictadores, vaginas que se juntan con el culo, vaginas que en su interior  tienen un espacio en donde es posible  visitar el pasado. Futurismos  afiebrados con imágenes de comics decadentes  que no consiguen coherencia, Cyborgianos en un pueblo campañero, cyborvillas  incrustadas en la marginalidad urbana, frutos de una biopolítica del control. Historia del Paraguay Supremo psicóticamente matrimoniada  con sofisticadas  técnicas de control social a través de drogas estatales. Filósofos, escritores y músicos totalmente desfragmentados con un bisturí  posmoderno que  a falta de profundización  habla a borbotones de todo. Pensadores  acribillados  sobre los extramuros de una inteligencia confundida en su intento, pero que de cuando en cuando acierta certeramente en el agujero.

Hay grandes escritores que ostentan plumas barrocas, Pedro Lembel o el poeta Rodrigo Lira en Chile, por ejemplo, pero en ambos casos ese excesivo adorno en cada detalle de la frase o verso no se sufre al borde de la saturación. En contraste pareciese que las palabras mismas le temen a Cristino Bogado,, pues es un carnicero del hibridaje, y  quizá justamente sea eso lo que más llama la atención, o lo que da una particularidad escritural:  un palabreo maniáticamente creador de pequeños  golems, finas monstruosidades idiomáticas  “inconsútiles y marranovillosas”, que hablan desde el “sososocialismo” hasta  un “porno liberador y ético”.

Algunos botones de muestra del cuento: El mayor pintor de coños.

“La concha avá fue su primera tarea encomendada por la Embassy. Retrato o close –up o zoom de conchas avá, en gráficos rasterizados y vectoriales, escaneados en HDpara luego ser lanzados al espacio exterior para seducir Ulises alien…”

Del cuento Iporakaka.

“Mi china es una tateto, es decir, una mujer de antes, de antes de las modificaciones radicales introducidas por la biopolítica estatal: mutilación del úteropara superar el dolor infinito de la menstruación y la molestia demográfica del embarazo….”

Recomiendo la lectura, especialmente del “libro 1. El caraí” y del texto que le da nombre: iporakaka,  garantizado en este último la remembranza arquetípica de la prima. Puede saturar como lo he tratado de expresar al comienzo y de hecho lo hace, pero es un verdadero baño por la cultural y contracultura que un sudaca despierto puede capturar con sus lentes de cualquier cosa, tampoco es algo menor el tratamiento del lenguaje, pues  el autor sabe usar cuchillos drogados, que cortan la realidad que no solemos ver. Eso sí, es necesario llevar una buena dosis de concentración para disfrutarlo en toda su dimensión, y, ojalá,  acompañarse del google, para revisar infinitos intertextos o alusiones a personajes de la cultura global.

Algo sobre el autor

Cristino, es un escritor de bastante trayectoria internacional y nacional, cuenta con una  abundante producción. Hoy por hoy trabaja para El Trueno, un diario aparentemente más colorado que el uniforme de Papá Noel, digo aparentemente por el tenor de Paraguay progresa que tienen la mayoría de sus noticias,  sea como sea desde ahí Cristino hace una importante labor cultural, lee libros y los comenta, la mayoría de las veces exhibe sus propios prejuicios y malestares sociopolíticos, pero ¿Puede alguna lectura ser imparcial?  El espacio de enunciación de Paranalander, su pseudónimo, es contra recontra, anti y contracultural, independiente, resentido y voraz. Consciente o no consciente de su labor, creo que Paraguay debe agradecer está dinamización de la cultura que Bogado hace bailar en este escenario donde nos cuesta leernos entre nosotros mismos, los contemporáneos habitantes de este país, hecho que nos cobra el alto precio de no generar diálogos, y por ende construir muy poco pensamiento colectivo.

Los invito, nuevamente  y espero que acepten leer el libro, para muchos puede ser la bofetada necesaria para dejar de respirar tanto de lo mismo.

 

* César Zapata Cerezo ( Chile 1968). Profesor de estado y magister en  filosofía. Desde el 2012 está radicado en Asunción en donde se desempeña como docente en el Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos de los jesuitas del Paraguay ISEHF y en el área de sociales del Colegio Cristo Rey. Ha publicado dos libros de reflexión poemática en Santiago de Chile y  un libro de filosofía editado en Paraguay el 2018 por Arandurã.

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