¿Qué lugar ocupa en nuestras vidas la literatura?

La poeta y periodista Susy Delgado, ganadora del Premio Nacional de Literatura 2017 por su poemario “Yvytu yma”, recibió ayer el certificado de su reconocimiento en el inicio de la sesión ordinaria de la Cámara de Senadores. Entregaron la distinción el presidente del Congreso Nacional y de la Cámara de Senadores, Silvio Ovelar, la presidenta de la Comisión de Cultura, Educación, Culto y Deportes, Blanca Ovelar, junto a su colega, la senadora Esperanza Martínez, como una de las propulsoras de este acto.

«Me entregaron el certificado y les agradezco el gesto. Pero yo tenía un mensaje para los señores parlamentarios, y que, según me habían indicado, podía decirlo sin problemas, ya que contaba con los minutos necesarios para ello. No tuvieron esos pocos minutos para este mensaje», contó la escritora.

¿Qué lugar ocupa en nuestras vidas la literatura?

Por Susy Delgado

Karai ha kuñakarai mburuvichakuéra, che rogaygua ha cheirünguéra pejúva peñemoï che ykére ko pyharevépe, che maitei rory peëme. Autoridades, familiares y amigos que me acompañan esta mañana, mi saludo cordial a todos.

Péina oñemoï che pópe ko jopói guasuete kuatia –Premio Nacional de Literatura omoañetëva-. Aaguyjeme’ë Comisión de Cultura ha opavave Senador-kuérape pemomba’e haguére ko ahupytyva’ekue, ha upekuévo ha’ese peëme che remiandumi.

Dijo alguna vez el mayor escritor paraguayo, Augusto Roa Bastos, que “La literatura es capaz de ganar batallas contra la adversidad sin más armas que la letra y el espíritu, sin más poder que la imaginación y el lenguaje”. Y agregó que “la literatura no es un mero y solitario pasatiempo para los que escriben y para los que leen, sino un modo de influir en la realidad y de transformarla con las fábulas de la imaginación que en la realidad se inspiran”.

Y nuestro gran poeta de lengua guaraní, Gregorio Gómez Centurión, identificando el contenido literario con el cauce en el que este late, ya lo dijo en un poema admirable: Ñe’ë ndaha’éi pararä rei… En un brillante final, Gregorio resumió el sentido de la palabra, que intentamos honrar los escritores: Tembiapo pyahu. Tekove pyahu./ Arapy pyahu tembiapo añete./ Tembiapo guasu tekojojarä./ Pévako ha’e añete ñe’ë.

Rescato estos breves pensamientos para proponerles, respetuosamente, que nos preguntemos qué estamos haciendo en el Paraguay con y por este maravilloso elemento cultural, el que nos ofrece el espejo más profundo de nuestro modo de ser en el mundo, amalgama y cimiento en que se sostienen muchas otras artes. ¿Qué lugar ocupa en nuestras vidas la literatura?

Sería largo y tedioso mencionar los índices que nos ubican en el triste furgón de quienes no han aprendido a leer en el sentido pleno y riguroso de la palabra, porque no han alcanzado el hábito y la cultura del libro que les hubiera permitido comprender mejor su propia realidad y su propio tiempo. Un sector enorme de la población no conoce ese espejo profundo en el cual puede reconocerse, y desde allí, crecer en sensibilidad, inteligencia y humanidad. No ha accedido al instrumento que le permitiría alcanzar el verdadero desarrollo.

En esta atmósfera enrarecida, sin embargo, la literatura paraguaya existe y hasta podría decirse que goza de buena salud. Tenemos un país con dos lenguas oficiales, una de las cuales se incluye entre las originarias más vigorosas de América, un país que tiene dos ricos cauces literarios, sin olvidar que tiene una veintena más de lenguas indígenas, portadoras de saberes invalorables. Los más prestigiosos y respetados investigadores del mundo observan con atención lo que se crea en el Paraguay y vienen periódicamente al país a buscar los libros que no han merecido hasta ahora, mecanismos eficaces de difusión y promoción.

No se pueden negar los esfuerzos denodados que realizan algunas instituciones y entidades mayoritariamente privadas, para cambiar esta realidad. Pero estos esfuerzos no son suficientes; no pueden serlo mientras no existan las políticas efectivas de promoción del libro y la literatura paraguaya, que en una mirada más abarcadora, siguen siendo los grandes desconocidos en el mundo, y, en alguna medida, en el propio país en que se crean.

No pueden ser suficientes los esfuerzos empeñados mientras los presupuestos asignados a las instituciones relacionadas con el quehacer lingüístico y literario siguen siendo escasos para encarar e implementar esas políticas necesarias, y cumplir cabalmente el importante rol que se les asigna dentro del Estado. Me refiero en especial, a la Secretaría Nacional de Cultura, a la Secretaría de Políticas Lingüísticas, así como a las academias de Lengua Castellana y Guaraní; no se excluye de esta lista el Ministerio de Educación y Ciencias, aunque el mismo muestra en los últimos años una ligera mejoría en su presupuesto. Si bien la cultura debe ser mirada como un tema transversal a todas las instituciones del estado, estas son las que llevan el timón en el terreno que nos ocupa. Y en tanto no existan los canales para encaminar al libro y la literatura paraguaya hacia un sitial más justo, sus creadores tampoco alcanzarán una vida más digna.

Py’ÿi niko ñahendu oñemomoräramo ko’ä institución-kuéra rembiapo, ha katu ñamañátaramo la viru oñeme’ëva chupekuéra rehe, ha’etévaicha ku noñemomba’eguasúiva.

A los señores parlamentarios y autoridades nacionales presentes: aprovechando esta honrosa tribuna, quiero plantearles algunas urgencias que observo, como ciudadana que lleva trabajando en el campo de la lengua y la literatura cerca de cinco décadas:

– El diseño y la implementación de políticas que rescaten a la literatura paraguaya de su inmerecida postergación, otorgándole, por encima de las vidrieras circunstanciales, la posibilidad de un mejor desarrollo, el diálogo que se merece con las literaturas del mundo, y a sus autores, la verdadera dignidad.

– Presupuestos más adecuados a los importantes roles que tienen las instituciones encargadas de acompañar y apoyar el proceso cultural, y dentro del mismo, el literario.

– El estudio y aprobación del anteproyecto de Ley del Libro, presentado a este Parlamento hace ya un buen tiempo, que puede constituirse en una herramienta decisiva para superar la situación de rezago que pesa sobre el libro y la literatura paraguaya.

– Y para soñar un poco más alto, porque al fin y al cabo, nadie puede negarnos este derecho, quiero pedirles como autoridades nacionales que son, una Casa de las Lenguas del Paraguay, un espacio en que se honre y se vivifiquen estos elementos culturales que constituyen el cimiento fundamental de nuestra cultura.

Mburuvichakuéra peiméva ko’ápe. Pendeapytépe oï ohayhúva pe ñe’ë porä haipyre ha pe aranduka ombohyru ha omyasäiva umi ojehaiva’ekue. Peëme ha opavavépe ajerure jajepy’amongetami ko’ä mba’ére ha ñañeha’ä ñambohape porämië mba’e guasuete ouva’ekue ñandéve ñande ypykuéragui: pe ñe’ë ha hyepýpe heñói ha oikovéva, ñane arandukuaa.

Permítanme recordarles como trabajadora de este campo, que la literatura no es un vyrorei. La literatura nos ha dado el mejor hijo de esta tierra, al que vuelvo para terminar estas palabras, don Augusto Roa Bastos, el que supo mirarnos con la mayor agudeza, el que asumió su labor en las letras, según sus propias palabras como “el más alto homenaje que me es dado ofrendar al pueblo y a la cultura de mi país que han sabido resistir con denodada obstinación, dentro de las murallas del miedo, del silencio, del olvido, del aislamiento total, las vicisitudes del infortunio y que, en su lucha por la libertad, han logrado vencer a las fuerzas inhumanas del despotismo que los oprimía”.

Ajerure peëme paraguaja ha haiharaháicha, ñañeha’ä ñahendu, ñañangareko ha ñambohape porämië pe ñe’ë ha ñe’ë haipyre.

Aguyjevete cherendumi haguére. Muchas gracias.

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