«Prohibido detenerse»: Una sociedad sin derecho a parar

Por Agustín Barúa Caffarena

En los hospitales están diciendo muchas cosas: «Me viene miedo, como que me voy a morir «. «Anoche no dormí nada otra vez». «Los profesionales declararon so’o , consiguen nomás un permiso o te dicen que van a renunciar, o no vienen nomás ya». «Tengo miedo de morirme acá, pero también tengo miedo que muera mi familia». Y audios. Audios puteando, audios amenazando, audios llorando, audios fakeando.
Claro que también pasa fuera del hospital: «21 tengo la máxima y no baja». «¡Que no entren esos que están fuera del país!”. «La Policía Nacional informó que aumentaron mucho las denuncias de violencia doméstica «. «Y si no trabajo ¿quién me va a dar de comer? «.
Es que en todos lados se dice: Hay algo que se escapa, algo derrama, y encima, todo en cámara lenta. Llega sin llegar.

¿Qué es lo que dicen y no se puede escuchar?
¿Es toda esa superioridad médica que ahora se derrumba? Tanto ingreso, pestañas más o menos quemadas y sonrisas plastificadas de visitador buenastardesdoctor. No eran Dioses, había un mundo más allá de libros y especializaciones, y en clase nunca lo dijeron.
¿O será -década tras década, denuncia tras denuncia- el saqueo, la partidización y la privatización de la salud pública? Ese siempre menos.
¿O es nomás la inevitabilidad de la muerte que se pretende atenuar en números? Se puede jugar a no ser ni ese tantos infectados, ni aquel tantos muertos, ni estar en la curva a aplanar. En los números no estoy yo, es como que me salvo un poco. Pero no se puede dulcificar y lo señala crudamente un médico ante el futuro de la pandemia «es el triage de la muerte: ¿Cómo vamos a decirle a la gente ‘no le puedo reanimar’? Le voy a poner un oxígeno y no puedo hacer más nada, por protocolo no le reanimamos si no tenés terapia; además aumenta el riesgo del médico de infectarse si le intubás».
Dicen todo esto y más, mucho más. Pero son palabras sin lugar, sin sostén, sin escucha. Palabras en las que nadie puede detenerse, como aquel famoso cartel frente al Departamento de Investigaciones de la policía sobre la calle Presidente Franco que decía (perdón, que aún dice) «Prohibido detenerse» . La orden era seguir, pero sobretodo, la orden era seguir como si nada.

El practicismo no es suficiente
«No hay respiradores. Hay 700 camas de Terapia Intensiva, ahora se hicieron 80 creo. Las 700 están llenas. Mínimo un paciente con coronavirus 15 días te está bloqueando un respirador» dice un médico.
Faltan. Es real. Y parece que no llegamos. Esta vez no anda el «problema= solución «, no es simple.
La impotencia se impone. Es que, como dice Rosemary Gómez, «este virus lo que hace es transparentar todo».

El optimismo no es suficiente
Dicen «la garra guaraní» y es sorprendente como pareciera que, cuanto más miedo tenemos (obvio que la albirroja es el mejor ejemplo), invocamos a nuestros ancestros.
Sin saberlo, parece que les pedimos que nos protejan. Delicado ¿no? Con todo lo que los matamos y los seguimos matando de desprecio, asco y olvido.
La garra… mueca vacía, gol sin grito, muerte sin sábana.

El orden no es suficiente
Se ríen las redes. Juzgan las redes. Burla y juicio abren las puertas al amuleto nacional por experiencia que nos protege de reconocer nuestros miedos: Se stroessnerizan las redes.
Mientras, da saltitos el Ministro del Interior Acevedo. Alza todo: voz, chiste y amenaza. Nos ofrece más «linceterapia» , miedo motorizado y churro. Otro Gobierno que nos vuelve a dar su chupete autoritario de clasismo y crueldad.
Nunca preguntas. Nunca cuidados. No sabe, no puede, no quiere.
Hay cuestiones concretas y urgentes que resolver: cierto. Si nos entregamos al pesimismo, seguro que podremos menos: cierto. Hay límites que necesitamos que funcionen: también cierto. Pero más allá de esto, igual esas voces siguen necesitando ser escuchadas, ser cuidadas.

Ahora… ¿Podremos intercuidarnos?
Difícil. No logramos dar valor al cuidar; se ve cuando solemos hablar de cuidados y salud mental en Paraguay, siempre nos salen:
1. «¡Yo no estoy loco!».
2. «¿Para qué le voy a contar a nadie mi problema si nadie me va solucionar?».
3. «Llévenle al Neuro».
El miedo a reconocernos frágiles. El miedo a pedir ayuda. El miedo hecho institución y barrote.

Sin embargo, cada vez más, en estos últimos años en nuestra sociedad hablamos de salud mental y cuidados.
Pareciera buen momento para preguntarnos ¿Cómo recuperamos una sensibilidad que sea comprensiva, amorosa y a la vez crítica? ¿Cómo admitir que hay dolores que no van a tener reparo nunca y que la vida sigue aún con ellos? ¿Cómo asimilar que es preferible compartir lo que sentimos al autoengaño de pretender ocultar lo inocultable?
Quizás cuando termine la pandemia aparezca el lúcido dolor que nos decida a que nunca volvamos a vivir este pánico masivo por haberles permitido por tanto tiempo que nos roben la salud y todo lo que nos roban día a día.
Al final es raro: lo tan jodido de este virus, a lo mejor, no es tanto. Tal vez nos está ayudando a parar, y eso no es poco. Parar como reflexión, parar como darnos cuenta, parar como hacer nacer otra cosa.
Hace mucho que venimos corriendo y ya es hora que paremos, nos lo merecemos.

[1] Agradezco la colaboración en este texto de Irene Codas, Rosemary Gómez, Laura Sánchez, Martha Perrotta, Genaro Riera Hunter, Noelia Buticce, Paz Ortiz, Maricruz Méndez Vall, Marisol Díaz Escobar y particularmente a las y los médicos que anónimamente testimoniaron.

[1]Psiquiatra de Atención Primaria de Salud. Antropólogo social. Integrante de ALAMES Paraguay, del Colectivo Noĩmbái y de la Sociedad Paraguaya de Psiquiatría. Investigador de la Universalidad Nacional de Pilar.

[1] Guaraní, carne. Expresión que se refiere a cuando una regla o compromiso se deja de cumplir.

[1] El Grupo Lince es una «agrupación táctica motorizada » de creación relativamente reciente. Existe una controversia entre quienes la defienden y quienes la cuestionan.

Durante mucho de la dictadura stronista (1954 – 1989) la sede del Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital fue un sitio de tortura, muerte y desapariciones.

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