Primera exposición individual del pintor Juan de Dios Valdez

La muestra se inauguró el martes 25 de octubre y continuará abierta al público hasta el martes 15 de noviembre del presente año, en el primer piso del Hotel Guaraní (Oliva esquina Independencia Nacional, Asunción).

Palabras del artista:

Luego de diez años de dedicarme al oficio de la pintura, estoy mostrando mis obras  por primera vez todas juntas, pues siempre lo hacía esporádicamente en algunas galerías de arte, sobre todo los primeros años, y últimamente sólo en redes sociales. Son más de veinte cuadros de producción reciente y con temas variados, desde retratos hasta paisajes urbanos.

Palabras sobre Juan de Dios:

Gil Alegre Nuñez, artista plástico y director de Oga Mangoré:

techo-arcoiris-del-mercado_juan-de-diosComo muchos de los alumnos del Taller de Arte, Juanchi adquirió una formación básica de la técnica del dibujo, el volumen, la composición y el color, lo suficiente para emprender el caminoartístico. Tomó la decisión de ser pintor, experimentando el conocimiento con una búsqueda permanente. Después de una década de trabajo, de camino recorrido, pone a consideración del público el resultado de esa experiencia.

Juanchi es un prometedor artista que a partir de esta exposición personal nos seguirá sorprendiendo porque tiene la convicción y la capacidad para deleitarnos con su arte.

Isabel de Anda, artista plástica y profesora:

Cada vez que en clase proyecto imágenes como ejemplo, aparece alguna de Juan de Dios. Los alumnos comentan con ironía: «¡No podía faltar! Él fue tu alumno preferido, ¿verdad, profe?»En cada uno de sus trabajos demostraba haber captado enteramente el concepto y el disfrute de ejercitarlo, y así gozosamente transitar cada capítulo del programa. Sus obras se destacaban por la limpieza, la claridad, la vibrante luminosidad.Los minutos de clase, el espacio del cartón y el óleo del que disponía (¡y a veces no disponía!) se organizaban inmediatamente en su cabeza, y la imagen se le aparecía ya como idea definida.Juanchi no tenía ninguna dificultad técnica para bajarla al soporte, sin titubeos.

viaducto-lluvioso_juan-de-diosModerado, sobrio y aparentemente tímido, se le siente un empecinamiento en transitar a su propio paso los caminos del arte, sin influencias ni presiones.De una cosa, sin embargo, hace exagerada gala Juan de Dios, en un alarde que a muchos resulta casi insoportable: de su modestia.Es un lujo que casi nadie se puede dar: no es una condición que abunde entre los artistas.

Juan de Dios no necesitó muchas horas de aula, ni pomposos diplomas, ni huecas licenciaturas: él quería ejercer de pintor, SER.Sí, Juan de Dios fue mi alumno preferido, el que con su entusiasmo me hizo sentir profesora requerida,útil,  iluminadora, copartícipe activa de un proceso de descubrimiento que a él loapasionaba. Y a mí también.

Ha de ser muy difícil contaminar o corromper a Juan de Dios, y a su prístina obra. ¿Con qué se podría tentar a quien está convencido que lo mejor que le puede pasar es ser pintor?

Carlos Rolandi, artista plástico y profesor:

La mirada diferente ante una realidad viene de lejos y es cualidad de poca gente.Aprovechar este privilegio para mostrarlo  mediante el arte y el soporte adecuado, y finalmente compartirlo para el asombro de los otros, es maravilloso.

Juan de Dios ha sabido desde la infancia ver con ojos diferentes el paisaje que le rodea: el paso de la luz entre el follaje, la transparencia del arroyo diáfano entre las piedras, la sombra de los corredores a la mañana, el fresco rocío del pasto en la madrugada, el calor de la siesta en un sendero, las quietas callejuelas de algún poblado, las huellas dejadas por el arado y un sinfín de sensaciones diferentes que fueron quedando guardadas en su retina. Toda esa frescura del campo quedó plasmada en cantidad de lienzos mediante pinceladas de gran belleza.

gallina-pero_juan-de-diosEl golpe y cambio visual urbanos tampoco ha logrado marear su mirada. Esa nueva realidad lo afronta con naturalidad y la  seguridad de siempre: su paleta mantiene la misma luz intensa, ya sea en las paredes de los barrios, en los techos y el asfalto, en el transporte, los edificios, en la gente. Guarda siempre, a pesar del ritmo ya ciudadano, la misma frescura de antaño, mediante la presencia de enramadas, frondosos árboles o  sombras derramadas por el suelo y las veredas.

Juan de Dios tiene el don de ver y de hacernos ver lugares y sensaciones de otra manera. Esos momentos y lugares quedan y quedarán en lienzos gracias a él, más allá de nosotros: algunos paisajes y lugares que alguna vez fueron reales ahora mismo ya son recuerdos. La pintura de Juan de Dios ―y  ese es finalmente el don de un artista― es más real y perenne que un efímero y cambiante paisaje.

Sebastian Ocampos, escritor y editor:

raices-puras_juan-de-diosJuan de Dios vivió una infancia como la de la mayoría paraguaya, más aún la del interior: debía estudiar y trabajar, ayudar en la casa. Dibujar se le hizo fácil y de adolescente tuvo la suerte de conocer al artista plásticoGil Alegre Núñez, quien había regresado de Italia para aportar todo lo que pudiera en su San Juan Bautista natal. En la casa original de Agustín Barrios, Oga Mangoré, el maestro y el aprendiz cultivaron una amistad de respeto y admiración mutuos. Al terminar el colegio, el futuro como pintor se vislumbraba en la capital del país. Vivió como pudo en Fernando de la Mora y Areguá y estudió poco tiempo en Bellas Artes, donde conoció a Isabel de Anda y formó parte del grupo Contracorriente.

Si algo tenía claro en la vida era que quería vivir de la pintura. La bondad, la generosidad y la austeridad que lo caracterizan, más el talento en potencia, puesto a prueba día a día a la vista de muchas personas que lo observaban pintar al aire libre, quebraron el mito de que en este país no se puede vivir del arte, menos aún si eres joven. Pintó paisajes rurales y urbanos y los vendió. Pintó retratos de gente cotidiana y artistas consagrados y ganó concursos nacionales. Pintó desnudos y tuvo admiradoras y admiradores. Pintó caricaturas a quienes lo pidieran y se hizo de ingresos extras. Su nombre obtuvo prestigio y sentó postura ante lo que estaba en desacuerdo. Ser coherente en general cuesta caro en esta sociedad, en la que lo usual es pensar una cosa, decir otra y hacer lo que se permite. Sin embargo, él continuó diciendo lo que pensaba y pintando cuadros de todos los tamaños, algunos con fines de sobrevivencia, otros con el esmero de abordar nuevos temas, cada uno de ellos con la misma dedicación, la de quien sabe que vive de ese oficio.

Sus colegas generacionales, como el reconocido Fidel Fernández, lo llaman el maestro de la luz. Yo, que soy bastante ignorante en las artes plásticas, solo puedo decir que uno ve pintar a Juan de Dios (lo he visto muchas, demasiadas veces) y piensa que pintar es fácil, lo que a mi parecer es un logro fundamental de todo artista.

 

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