“PASAJERO 1.842, DEL STANBROOK AL CITIBANK”

Por Mariano Montero

Vicente Durá Campos, en 1971, al momento de jubilarse en el Citi. Imagen proveída por el autor del artículo.

En febrero de 1971, en Asunción, un señor de rostro serio, bigotes en forma de v invertida, anteojos y calva incipiente, era agasajado por sus colegas en las oficinas de la sucursal paraguaya del First National Citibank, con motivo de su jubilación.  Había trabajado en aquel símbolo del “imperialismo norteamericano” desde 1958, año en que el banco abrió su sucursal en la capital.

A sus cincuenta y un años, recién cumplidos, decidió que ya había sido suficiente.  Fue uno de los auditores del banco durante doce años.  En el comunicado de prensa emitido por la entidad rezaba: “se desempeñó como Auditor, destacándose por su eficiencia y sentido de responsabilidad.  Las actividades sociales, deportivas y culturales lo tuvieron como conspicuo dirigente y entusiasta propulsor”.

El flamante jubilado decidió pasar el resto de su vida en una ciudad del interior del país, Itacurubí de la Cordillera.  Trabajar más de diez años como auditor de un banco de primera línea, no marida demasiado bien con deseos de ser escritor; razón por la cual al flamante jubilado le costó años “soltar la mano” para que salgan los primeros versos.  Sus familiares y conocidos dan fe de que escribió mucho más de lo que publicó.

Siempre fue celoso de su pasado.  Ninguno de sus compañeros del Citi supo nada acerca de aquel terrible año de 1939.  Pese a que le costaba disimular ese acento español en el habla, él nunca reveló el sufrimiento vivido.  El Paraguay de Stroessner no era el lugar y tiempo propicio para revelar ese pasado de brigadista por la República Española.  Estuvo a punto de hacerlo en 1946, durante el fervor por la Primavera Democrática, pero un quinto sentido y lo vivido durante la Segunda República Española lo hizo desistir de aquello.  Recién en 1982 editó su primer libro de poemas titulado Entre brumas seniles.   Allí había señales, pero todavía no se animaba a expresar lo que tenía adentro.  Recién lo hizo un año antes de su muerte, con la publicación en 1988 de Evocando huellas, en donde incluyó un poema titulado “Pepito, a mi hermano»:

“Larga guerra fratricida /arrasó a Pepito, hermano mío / sepultado entre montañas / insensibles a sus ansias libertarias / Cayó combatiendo adversidades / Las metrallas de las fuerzas mercenarias / lo arrastró desde el Ebro catalán / hasta el confín de la Esperanza / en los Montes Pirineos que cruzó / en el seno de columna trashumante / su destino se cumplió”.

Cuando lo aceptaron como auditor en el recién inaugurado Citibank de Asunción, se le cruzaron aquellos momentos de terrible incertidumbre, casi veinte años atrás, el 28 de marzo de 1939, cuando junto a su hermana y a su padre logró subir al Stanbrook, en el puerto de Alicante.  Tenía solo 19 años y no pudo soportar las escenas de las que fue testigo.  Sus compañeros de entonces en las Brigadas Internacionales, ante la inminente derrota, siguieron diferentes caminos, entre ellos, su hermano mayor, José, el del poema, quien falleció en septiembre de 1939 en el campo de refugiados de la localidad francesa de Gurs.

Vicente Durá Campos fue el “noveno miliciano” paraguayo del grupo ligado al Partido Comunista Paraguayo que luchó a favor de la República Española contra el levantamiento golpista de Francisco Franco, entre 1936 y 1939.  Pese a que Vicente nunca perteneció a aquel partido, estuvo vinculado a ellos por su hermano José.

El capitán del Stanbrook, Archibald Dickson. Imagen proveída por el autor del artículo.

Cuando el Stanbrook logró eludir el ataque de las embarcaciones fascistas que intentaron detener a los más de 2600 republicanos que lograron embarcarse gracias al gesto heroico de su capitán Archibald Dickson -quien solo había llegado al puerto de Alicante a cargar naranjas-, finalmente llegó al puerto de Mazalquivir, Orán, en lo que era la Argelia francesa.  Fue allí que, a medida que iban descendiendo, se les iba asignando un número de pasajero a cada refugiado.  A Vicente le tocó el 1.842; a su padre, el 2.094; y a su hermana, el 2.297.  Los tres fueron a un centro de refugiados y lloraron junto a los otros 2635 pasajeros al enterarse que, seis meses después, el Stanbrook había sido hundido por un submarino alemán, y su capitán Dickson había fallecido en ese episodio.  No la pasaron para nada bien en un campo de concentración para refugiados, en Boghari, Sahara.  Vicente nunca contó si fueron parte de la mano de obra gratuita para construir el Transahariano.  Y tampoco relató la forma en que lograron salir de aquel infierno y volver al Paraguay del que habían emigrado a España siendo pequeños.

La historia de Vicente no es relatada en el libro sobre los milicianos paraguayos en la Guerra Civil Española, editado por Arandura en 2002, debido a que fue escrito en 1969 y sus autores y ex compañeros optaron por no mencionarlo sabiendo que vivía en el Paraguay de Stroessner y que podía tener problemas si se conocía su historia.

Sus últimos años los vivió en la ciudad de Itacurubí de la Cordillera, y antes de morir donó todos sus libros particulares y un predio para que se funde una biblioteca y centro cultural, que actualmente lleva su nombre.  Lamentablemente, falleció solo once días antes del derrocamiento del régimen de Alfredo Stroessner (1954-1989), representante del fascismo local contra el que él luchó en España, y por el que tuvo que vivir un opresivo insilio en su propia tierra.

 

 

 

*Profesor de Enseñanza Media y Superior en Historia (Universidad de Buenos Aires), autor de Agapito Valiente.  Stroessner kyhyjeha.  Reconstruyendo la vida de Arturo López Areco.  El Partido Comunista Paraguayo y la Columna Mariscal López, editado en 2019 por Arandurã en Asunción, Paraguay.  También coordinó la compilación de las Obras completas de Lincoln Silva, de inminente aparición por la misma editorial.

Comentarios

.
Sin comentarios

Sorry, the comment form is closed at this time.

.