Metallica ajustició a todos en el Jockey

Ante más de 40 mil personas, la banda más importante del metal se presentó por primera vez en Paraguay. El Jockey Club fue testigo de los más grandes clásicos de Metallica. La espera llegó a su fin. Tardó, pero llegó, aquí la crónica del concierto.

Foto: Roque Martínez.

Foto: Roque Martínez.

Asunción tendría una semana agitada. En el medio de un clásico del fútbol paraguayo y una huelga general, la semana comenzaba con el tan esperado día en que Metallica se presentaría por primera vez en nuestro país. Uno de esos shows que de verdad merecen el calificativo de histórico, porque de todas las bandas que habían pisado Paraguay, Metallica era, sin dudas, la más esperada. El 24 de marzo no fue un día cualquiera en el calendario de muchos.

Por razones que permanecerán para siempre en secreto, este cronista no pudo llegar a tiempo para ver a la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura; por lo tanto, sería poco ético emitir comentario alguno sobre la performance de esta agrupación de chicos que está dejando muy en alto de la bandera de Paraguay en su gira junto a Metallica.

Desafortunadamente tampoco este cronista llegó para ver a De La Tierra, el supergrupo conformado por Andreas Kisser, Flavio Cianciarullo, Andrés Giménez y Alex González. La propuesta es un refrito del metal de los 90’s que particularmente no me ha convencido al momento de escuchar “Maldita historia”,  el disco que presentaron en esta gira junto a Metallica. Sin embargo, estoy seguro que sobre el escenario los  citados músicos dieron un gran show, teniendo en cuenta la trayectoria y calidad que carga cada uno de ellos.

Trataré de volcar sensaciones y pensamientos acerca del show de Metallica de la manera más sincera posible, ya que tratándose de una banda de semejante carrera, el fanático se impone al humilde cronista de show, por lo que intentaré dejar plasmada la visión de ambos. De hecho, esa siempre es la idea para que el texto no termine en una insulsa y fría reseña.

Foto: Roque Martínez.

Foto: Roque Martínez.

Metallica: la cosa que sí debió ser

Mientras aún no me terminaba de acomodar las luces se apagaron y las pantallas comenzaron a emitir un video de presentación donde la banda explica el concepto de la gira, para luego dar paso a un fragmento de El bueno, el malo y el feo, de Sergio Leone, el clásico film spaghetti western de 1966. Ese momento tan anhelado finalmente estaba por suceder. Metallica, la banda que tantas veces escuchaste en la soledad de tu habitación o en los encuentros con tus amigos estaba a punto de salir al escenario del Jockey Club.

Cuando todavía en ese extasiante preámbulo sonaron las primeras melodías de “The ectasy of gold” de Ennio Morricone, estoy más que seguro que todavía varios nos preguntábamos si era real ese momento que estábamos a  punto de vivir. James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo estaban a punto de iniciar su show en Paraguay ante la atónita mirada de más de 40.000 personas que los esperaron durante años.

Y la apertura con “Battery” fue un puñetazo directo a la cara, luego con “Master of Puppets” nos pasaron por arriba y remataron con la impresionante “Welcome home (Sanitarium)”, la seguidilla de canciones del considerado mejor disco de la banda: Master of puppets, álbum del que estoy seguro cada quien lo conozca tiene un recuerdo muy especial. El mío es haberlo comprado una tarde de la disquería Walhala. Mejor inicio del show, imposible.

“¡Hola Asunción!”, fueron las primeras palabras de James Hetfield. “Es muy bueno finalmente ver a la familia de Metallica en Paraguay. Espero que se sientan bien esta noche. Este es su set list. Este es su pedido”, agregaba antes arrancar “Ride the lighting”, tema con el que una amplia mayoría festejó su inclusión, evidenciando de esta manera su preferencia por el viejo material.

Tras un breve intermedio de guitarra de Kirk Hammett la banda dio inicio a “The unforgiven”, el primer tema medio tempo de la larga lista de clásicos que estaban marcados para esta noche. El Black Album decía presente en el Jockey. Como casi todo el show, es Hetfield quien lleva adelante esta canción, alternando la guitarra acústica con la eléctrica, tal como lo vimos hacer en aquellos VHS de la época más exitosa de la agrupación.

“Gracias por hacernos sentir como en casa. Es nuestra primera vez aquí”, decía el gran James antes de presentar “Lords of summer”, la nueva canción que están presentando durante esta gira sudamericana, la cual me prometí no escucharla para conocerla en el show. Sin dudas, es una canción cargada del espíritu thrasher de los 80, con muchos cambios de riffs y que incluye además la clásica “cabalgata” de batería tan propia del estilo. Es Metallica sonando al Metallica que tanto nos gusta.

“My cell service is bad here”, (¿mensaje de voz para Tigo?) decía nada menos que el cantante de Metallica antes de hablar sobre la votación de la canción del día que se definiría hasta último momento a través de mensajes de texto. Era el turno de “Fuel”, canción que siempre funciona excepcionalmente en vivo y que hasta el más ortodoxo thrasher terminó coreando. Una prueba de ello fue ver a través de la enorme pantalla a los fans enloquecidos cantando cada palabra de la canción  a lo largo de la primera fila.

Otra vez desde el Black Album, era el turno de “Sad but true”, la canción metalera por excelencia de este disco. Ver a los cuatro jinetes tocar esos riffs hiperpesados sacudió nuevamente a todo el Jockey Club. Uno de los puntos altos de la noche se sucedía luego con “Fade to black”, Hetfield empezó esa melancólica melodía que sirve de intro donde la letra de la canción es todo, fue un momento donde muchos se tomaban la cabeza de la emoción. ¿Cómo no conmoverse con “Fade to black”? Imposible, al menos si tenés sangre fluyendo por las venas.

Entonces sonó “…And justice for all”, quizás el tema más discutido de todos los elegidos por el público local. Difícil tarea describir el momento de “One”, al escuchar la intro no pude evitar sentir una catarata de emociones en el pecho. Al momento del doble bombo no pude evitar que muchas imágenes me vengan a la mente: la manera en que me encontré con el grupo, el cassette de …And Justice for All, que fue el primer material que conseguí de Metallica.  Al día de hoy, después de 18 años, “One” sigue siendo la canción favorita de quien escribe.

Aquí debo parar y decir que James Hetfield es único e incomparable. No existe otro frontman en la música que tenga el manejo del escenario que él tiene. Sin dudas es el motor una banda que depende absolutamente de su inspiración compositiva a la hora de grabar sus discos como de su performance al momento de los shows. Mucha historia lleva sobre sus hombros.  Además, siempre me pregunto, ¿alguien puede tener otro Metallica favorito que no sea James? No lo creo. ¿Lars? Por favor.

De todas formas, nobleza obliga decir que Ulrich estuvo casi impecable tras la batería. Uno cargaba con cierto prejuicio de que el músico no es el mismo de años atrás, y si bien ya no tiene esa precisión casi exhaustiva de otras épocas, su performance fue tremenda. Al igual que Hammett, quien se lució a la hora de hacer brillar sus solos de guitarra. Trujillo es una garantía de destreza con el bajo, pero además se lo vio -y escuchó- bastante bien a la hora de acompañar con los coros a James.

Luego de “For whom the bell tolls”, la muñeca derecha de Hetfild demostraría su poder incendiario con “Blackened”, ese himno thrasher que abre …And Justice for all. Era después el momento de “Nothing else matters”, aquella oscura balada del disco negro que nunca cansa escuchar. La voz de James se escuchó impecable. Los solos de Kirk también. Un momento único. ¿Cuántos bajones en la vida de uno se vivieron con ese tema sonando de fondo? Muchos.

Fue bastante simpático escuchar a Hetfield gritar “¡Asunción!” durante casi todo “Enter Sandman”, la canción más coreada de la noche por el público, aunque a más de uno le pese. De a quienes les cupo la suerte de presentar los temas en el escenario, la mejor sin dudas fue Sally, la chica que no vaciló al momento de presentar “Creeping ‘fucking’ Death”, cuya actitud enérgica le valió el reconocimiento del propio Hetfield al agregar “this is for Sally”, al iniciar el tema que pondría a más de 40.000 almas con los puños en alto gritando a los cuatro vientos el “die by my hand” del coro.

El momento de la votación había llegado a su fin. Por poco más de veinte votos “The day that never comes” se impuso a la épica instrumental “Orion”. Recuerdo perfectamente la primera vez que llegué hasta “The day that never comes”, a primera escucha lo disfruté tanto que al terminar la canción exclamé: «¡volvieron!”. Particularmente disfruté bastante de este tema, pero no la hubiese cambiado por “Orion” por nada del mundo. Seguramente los mismos músicos también querían tocar al menos una canción del último  disco.

Cuando empezó a sonar “Seek and destroy”, todos nos pusimos a sacudir las cabezas. La banda apuntó y destruyó. El show de la banda más grande, importante y exitosa del metal llegaba a su fin y su recuerdo ya empezaba a ser imborrable. “Si te divertiste esta noche, seguíme”, decía un James Hetfield totalmente embalado con el Jockey a pleno que lo seguía a cada movimiento. Los cuatro jinetes se presentaron en Paraguay, en el que posiblemente haya sido el mejor show que se haya visto en nuestro país. Es que son Metallica, y nunca se detendrán.

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