Lía Colombino y Carlos Bazzano participan en antología sudamericana

“Del caos a la intensidad: vigencia del poema en prosa en Sudamérica” contendrá una selección de 14 poetas. Será publicada este año en Perú y en Argentina.

Es prosa poética. Una línea que Bazzano y Lía exploran asiduamente. Bazzano coordina el Laboratorio de Creación Literaria y Lía es cofundadora de Ediciones La Ura y coordinadora de los talleres de escritura “abrapapalabra”.

Uno de los textos de Bazzano en la antología es éste:

“Pase usted a la sala. Pero antes deje ahí en la esquina sus billetes, también sus monedas, su ropa. Deje ahí sus amuletos, ya no importan las estrellas distantes. Deje también sus tristes libros tristes, los poemas terminados, los poemas por terminar. Hay lugar en la sala, deje sus pecados y sus grandes obras de bondad. Deje ahí sus sueños, las pesadillas, las esperanzas. Deje ahí a su viejo amor, a su viejo odio, sus certidumbres, sus certezas. Sí, déjelas ahí. Deje su boleta a Cochabamba, deje ahí sus cigarrillos, sus noches en vela, las noches de hambre, gula y lujuria. Deje sus noches abrazado con ella, la sonrisa de la infancia, los días de sol, la decadencia, la cadencia de esa cadera. Deje los gemidos en la madrugada silenciosa, el sudor y la sangre. Déjelo en la esquina de la sala. Al final del pasillo, le prometo, no verá una luz, tampoco sentirá oscuridad, no tendrá ni frío ni calor, ni verá colores, ni sentirá olores,  no sentirá miedo pero tampoco seguridad. Deje ahí sus absurdas palabras, deje ahí su esperanza de luz u oscuridad, ya ha llegado a la sala, no hay marcha atrás, adelante, deje ahí sus recuerdos y sus olvidos, adelante, pase, estas palabras ya no existen”.

Lía ha enviado a los editores su poemario Lupa, Ediciones La Ura.

El primer tramo de esta obra nos cuenta:

“Prueba el agua con el dedo del pie, el gordo. El pie debe estirar el empeine hasta torcerlo para que el dedo, el gordo, pueda alcanzar el agua y comprobar, no sin asombro, que está fría. El dedo, al rozar la superficie, produce un sonido pequeño que rompe y corta en dos la siesta. El árbol, detrás, se levanta, enorme, y agita tres hojas o cuatro. El viento no obtiene la fuerza suficiente para más. Prueba de nuevo el agua. Ahora se ha senta do y ha metido ambas piernas que le cuelgan desde el borde. Burbujas se pegan a sus pantorrillas para luego desprenderse de ellas y emerger. No se decide. El agua está fría, pero ella tiene aquel calor que se siente desde adentro. De nuevo el árbol de atrás. Esta vez una hoja cae, justo para ubi carse en la superficie transparente. Ella saca las piernas, camina atrave sando el pasto mojado con los pies mojados. Hojas húmedas se le adhieren a los pies, a las plantas de los pies. Vuelve después de unos minutos, esta vez decidida a zambullirse. Cuelga de las rejas una toalla verde y azul y una remera, azul. Mira la escalera que se sumerge en el agua y posa un pie en ella, ahora el otro. Se queda unos minutos observando hacia abajo. Los pies se acomodan en el posterior es calón. Apoya la cola en el escalón que dejaron sus pies. El agua traspasa la tela negra que cubre porciones de su cuerpo, la moja y moja también la piel por debajo. Un suspiro se oye, como si algo que debía ocurrir hace rato ya, estuviese ocurriendo. Ahora apoya los codos en las rodillas, y las manos, he- chas bollo, en el mentón. Un mentón que se diría inexistente…”

Más información se puede recabar en este enlace: http://www.vallejoandcompany.com/del-caos-a-la-intensidad-vigencia-del-poema-en-prosa-en-sudamerica-2016-por-claudio-archubi/

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