Lenguas que mueren, lenguas que dominan

La sorpresa y la satisfacción del auditorio de empresarios chinos no eran para menos: Mark Zuckerberg, propietario de la red social más usada del mundo, dejó de lado su lengua materna –el inglés- y comenzó su alocución hablando en chino mandarín en una de las salas de un instituto universitario de economía y negocios de Pekín. Y lo siguió hablando durante 30 minutos.

Los chinos estaban conmovidos, tocados en lo hondo de su identidad. Zuckerberg también, pero por el inmenso negocio que podría desarrollar con más de un mil trescientos millones de chinos, potenciales usuarios de facebook.

Mientras las lenguas china e inglesa se cruzaban en el mercado capitalista de internet en Pekín, en el sur del continente americano, aquí en Paraguay, se realizaba entre el miércoles y el viernes pasados una Feria de las Lenguas. De las expuestas y analizadas, la de la comunidad Guaná –asentada en el distrito San Lázaro de Concepción- llamó la atención por el peligro que corre de extinguirse: apenas quedan cuatro ancianas hablantes. Salvo que el plan de restitución de esta lengua anunciado por la Secretaría de Políticas Lingüísticas alcancé su objetivo, la tendencia es que, cuando mueran esas ancianas, el Guaná deje de sonar en el polifónico Universo.

La agonía del Guaná es la triste historia de miles de lenguas del planeta. De las 6.800 que se hablan en el mundo, según la Unesco, el 40% de ellas podrían desaparecer cuando alcancemos el año 2100, según proyecciones del ya fallecido lingüista estadounidense Peter Ladefoged.

La contracara de este acelerado proceso de extinción de la diversidad lingüística es que algunas lenguas ganan agresivamente hablantes, en todo el planeta. Es el caso del inglés, del chino mandarín, del ruso, del castellano, del indio, del portugués.

¿Porqué?

Una primera causa, fundamental, es el proceso concentrador y uniformador  -material y cultural- del Capitalismo global. En su camino por concentrar todas las riquezas del planeta, el Capital necesita uniformidad simbólica. Si fuera posible, impondría una lengua, solo una, universal. La razón de que el Gran Bicho –que está dentro de cada uno de nosotros- no gusta de la diversidad língüística radica en que es poco pragmática para la explotación y la venta sin límites. Hablarnos y entendernos en un solo idioma para comprar y vender más y mejor es el destino que anhela para los habitantes del planeta.

El Capitalismo estimula una actitud básica del bicho humano –que es la de todos los bichos del planeta- para no morir: su relación de utilidad con otro ser humano, con todos los objetos y con las otras especies vivientes del mundo; en este caso hablo de la relación de utilidad del ser humano con las lenguas del mundo. Cuando este comprueba que otra lengua le sirve más que su idioma materno para vivir mejor o para no morir,  dejará de hablarlo  sin pena ni culpa. Es lo que pasa con los hablantes del Guaná, o del Udihe, una lengua que hablan menos de 100 personas en Siberia, en territorio ruso. El indígena guaná deja su lengua materna para hablar o el guaraní o el español; el siberiano deja el Udihe para hablar el ruso. O el paraguayo y la paraguaya dejan de hablar el guaraní para hablar el español. Es una cuestión de más posibilidades materiales y más prestigio. Es una cuestión de Poder.

Imbricado a los dos factores arriba citados para la agresiva muerte de las lenguas del mundo está la vocación de poder de los estados imperiales del mundo, con extensos territorios, grandes poblaciones y poderosas empresas trasnacionales. Las lenguas inglesa,  china mandarín, india, portuguesa y rusa tienen políticas globales de fortalecimiento y expansión de sus lenguas. Al Guaná, al Udihe y al Guaraní no los sostienen proyectos de poder.

La eternidad no debe ser pretendida por ningún bicho. Tampoco por ninguna lengua. Se sabe que, con el correr de la vida en el planeta, las lenguas desaparecen y aparecen, en una cadena  incesante. Pero ocurre que, en los últimos 150 años, la muerte de las mismas no tiene precedente,  como tampoco tiene precedente  la extinción de miles de especies animales y vegetales en el mismo lapso.

 

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