La pérdida del libro “es la pérdida de la mitad de toda la belleza y la inteligencia”

Para Montserrat Alvarez, crítica, poeta y filósofa, la idea antiutópica de la pérdida del libro, de un futuro sin lectores, es la idea de la pérdida de más de la mitad de toda la belleza y de toda la inteligencia habidas hasta hoy. Recomienda leer y fugarse, de vez en cuando, de las teclas y de las pantallas. «La vida sucede fuera de la pantalla”, advierte.

Montserrat Alvarez, de fondo, un cuadro de antiguas soledades

Montserrat Alvarez, de fondo, en un cuadro de antiguas soledades

Algunas veces siento que leer a Montserrat Alvarez es escucharla. Pero debo reconocer que a esta altura necesito escucharla más que leerla. El texto difícilmente supera esa lucidez en la exposición y esa perversión escénica (ella la llama pánico escénico) que embaucan el auditorio y a tertulianos. Claro, Montserrat tiene sus días. ¿Quién no? Aun con esta bastada observación, hagamos el intento de imaginarnos a Montserrat Alvarez hablándonos de lo que para ella es el libro en estos tiempos de wassap, chat, internet, televisión, radio y múltiples otros medios de comunicación.

-¿Qué estás leyendo, Montserrat?

La nueva narrativa paraguaya (libro recientemente publicado por Arandura con una veintena de narradores).

-¿Y qué tal?

Bien, me gusta.

-Montse, quisiera saber qué es, para vos, hoy, un libro.

Querido Julio, en una época de transformación radical de la experiencia inter e intrapersonal, el libro sigue siendo para mí, hoy como ayer, uno de los factores elementales de construcción de la subjetividad como mecanismo de producción intelectual y artística y como máquina de procesar datos.

Las nuevas formas de comunicación pueden ser "otro de los disfraces seductores de una comunicación que incomunica"

Las nuevas formas de comunicación pueden ser «otro de los disfraces seductores de una comunicación que incomunica»

¿Aun en estos tiempos del dominio de lo audiovisual?

Para generaciones anteriores a la nuestra, la fluidez e instantaneidad de lo virtual e interactivo no es relevante; para los más jóvenes, probablemente el libro ya no lo sea. Lo lamento por los unos y por los otros. En forma y contenido -haciendo en los conceptos, con fines de mero análisis, esta separación, que en los hechos no existe-, cuanto más soportes y modos, mayor complejidad, lo que equivale a decir que cuanto más, mejor.

-A mí me desespera un poco -debo reconocerlo-, ver a la gente concentrada en unas teclitas de celulares, en unas imágenes que intercepta al vuelo, como en un mundo tubo-túnel muy fragmentado a la vez…

El cerebro humano es una de las herramientas más plásticas que existen; su capacidad de adaptación es la posibilidad tanto de la salvación como de la autodestrucción de nuestra especie, el núcleo de la antropogénesis, el origen de todo el fenómeno civilizatorio, la raíz de la cual crece el espacio propiamente histórico.

-Me preguntaba ayer – y lo compartía con Blas Brítez- si era posible todavía vernos en las plazas con libros, leyendo, en voz alta –por qué no-, una poesía para robarnos aunque sea beso en la mejilla.

La idea antiutópica, apocalíptica, de la pérdida del libro, de un futuro sin lectores, tema caro a la ciencia ficción clásica y contemporánea (Bradbury es lo primero que viene a la mente, claro) es la idea de la pérdida de más de la mitad (porque sí, como bien dices, querido Julio, la Modernidad, socioculturalmente hablando, o es una edad libresca, o no es nada) de toda la belleza y de toda la inteligencia habidas hasta hoy (y más ciencia ficción: pienso aquí en Asimov o en Sagan conjurando estos mismos temores futuristas y neofóbicos con sus sueños de una Enciclopedia Galáctica en el ciclo novelístico de la Fundación y en Cosmos, respectivamente). Peor aún, es la idea de la pérdida de un pedazo de la mente, que es como decir de un pedazo de uno mismo, de lo real y del mundo. Es otra de las caras de una nueva indigencia en medio del forzado y mendaz «bienestar».

-Todas estas nuevas formas de comunicación, de interpretación y conocimiento del mundo se nos presentan todavía con el ya muy antiguo nombre de “progreso”. Como todas las cosas que en nombre del progreso han venido, nos asaltan arropadas de la idea de que nada podemos hacer sin ellas…

Aún con el dominio aparente de lo audivisual, el mundo del libro se ha recreado en diversas formas y tamaños.

Aun con el dominio aparente de lo audivisual, el mundo del libro se ha recreado en diversas formas y tamaños, como estas ediciones «cartoneras».

Es otro de los atrasos reales que suponen tantos supuestos adelantos para el grueso de los consumidores, por naturaleza inermes e impreparados para hacerlos, stricto senso, «suyos» («suyos» no en el sentido de «es suyo porque lo compran», sino en el más profundo, en el del ahondamiento de la subjetividad). Es otro de los disfraces seductores de una comunicación que incomunica, de una información que desinforma, de una transparencia que oculta, que distorsiona y que miente. Por ende, a quien sea que se detenga en revisar este exabrupto le increpo: Teclea y navega todo lo que quieras, siempre que no permitas que el tiempo te reduzca, sin que te percates, a una vegetativa extensión de tu teclado. La vida sucede afuera de tu pantalla. Lee. Me vas a agradecer este empujón toda tu vida si lo haces. De nada.

 

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