Independencia del Paraguay: celebrar, pero desde la condición colonial

Por Arístides Ortiz

¿Es independiente el Paraguay contemporáneo? Esta es la pregunta central que debemos respondernos en este día. 

 Recordar es un acto que se realiza desde un lugar, desde un imaginario presente construido socialmente. En este caso, el imaginario de la memoria colectiva recuerda un hecho acaecido hace casi 205 años: la gesta cívico-militar que depuso al gobernador español de la provincia del Paraguay, los días 14 y 15 de mayo de 1811, y puso en el gobierno a mestizos nacidos en la colonia. Se inscribe en el imaginario colectivo que aquel acto fue de independencia de una colonia que pasó a ser una república. Se memora desde el Estado, y también desde la sociedad, como un acto emancipatorio inmanente -esto es estático, no en movimiento- que se mantiene hasta nuestros días.

Abordado así  el pasado en el que ocurrió aquella gesta, se da por hecho que el Paraguay es hoy una nación y un Estado independientes.

 El mito del 14 y 15 de mayo

Sin embargo, la independencia debe ser entendida, como todo acto humano, como un proceso histórico, interminable, no como un acto único. Toda independencia es inconclusa, incompleta, porque está dentro del movimiento incesante de la historia, del de-venir que lo expone permanentemente al desafío de seguir acumulando actos y gestos independientes o dependientes. En este sentido, el abordaje histórico de los sucesos del 14 y 15 de mayo es un mito: es decir una creación social, una invención de  paraguayos y paraguayas.  Un mito en el entendido de que aquel acto político militar fue tan sólo un hito del largo proceso de construcción nacional, no la consagración eterna de la independencia.

La antigua casa de la familia Martinez Sáenz, hoy Museo de la Casa de la Indepedencia. Fuente: internet.

La antigua casa de la familia Martinez Sáenz, hoy Museo de la Casa de la Indepedencia. Fuente: internet.

Puede también entenderse esta invención social, el mito, como un símbolo potenciador de lo que se quiere, a lo que quiere llegar la colectividad en el futuro, o la negación, tal vez, de una verdad dura: la no independencia. O las tres cosas a un mismo tiempo. El mito no puede ser entendido como un simple autoengaño, sino como una necesidad social satisfecha colectivamente. Así, el mito contiene  una negación y un proyecto colectivo futuro. La negación de una realidad presente arropada con deseos de vida, de cohesión social, de proyecto nacional.

La independencia como un proceso histórico

Aquel acto protagonizado por los próceres de la Patria fue un hecho precedido por incontables actos y gestos  que, con el tiempo, hicieron posible la  ruptura de la relación política-económica de subordinación al Imperio Español. Un acto, la gesta de mayo, en el que se expresó la nacionalidad paraguaya construida desde que guaraníes y españoles se encontraron por primera vez, y luego confrontaron, en los años del siglo XV.

El río histórico continuó corriendo. 55 años después (1811-1964) aquella nacionalidad había construido un Estado robusto a través de los gobiernos de Rodríguez de Francia y los López. Un Estado que iba ocupando territorialmente su geografía con población, infraestructura y políticas sociales. Para 1864, el largo proceso de acumulación histórica había contorneado un Estado-Nación diferente al de los otros países  de la América de aquellos tiempos: uno que iba rompiendo ataduras económicas y proyectando desarrollos peligrosos para los imperios y sub imperios de entonces. Era un proyecto de independencia política y económica crecientes.

El punto “0” histórico y la vuelta a la colonia

La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) significa una ruptura histórica para el Paraguay. El largo proceso de acumulación de organización nacional, de proyecto país, se corta abruptamente y se cae en un punto cero histórico. Los intereses contrapuestos de los vencedores, la influencia de la comunidad internacional y el azar confluyeron para que la nacionalidad sobreviviente siguiera teniendo un pedazo de geografía.

El punto “0” implica la vuelta a la colonia. Los primeros 30 años posteriores a la guerra (1870-1900) el Paraguay fue directamente gobernado, principalmente en las cuestiones estratégicas, por las cancillerías de Argentina y Brasil, tutelados a su vez por el imperio inglés. En las primeras décadas de 1900 la condición clásica de colonia se transforma en tutelaje de los dos estados vecinos. Corre la nueva historia y se va consolidando un Estado oligárquico: pequeño, administrador de los intereses de la minoría política y económica en permanentes riñas políticas y militares, sin control alguno sobre la geografía que había quedado  tras la guerra. La nación y el Estado fueron mutando durante todo  el siglo 20, pasando de una época liberal a una colorada, con crecimiento poblacional y aumento de las funciones estatales. Pero, en esencia, la nacionalidad seguía atravesada por la condición colonial y, sobre esta, el Estado seguía siendo gobernado por una oligarquía.

Es decir una mentalidad colectiva colonizada, y un Estado controlado desde fuera, apoyado en la oligarquía.

La condición colonial hoy

Tropas brasileñas y argentinas ocupan en 1869 el actual Palacio de Gobierno. Fuente: internet.

Tropas brasileñas y argentinas ocupan en 1869 el actual Palacio de Gobierno. Fuente: internet.

Las formas del coloniaje fueron cambiando. El dominio que ejercieron los primeros españoles sobre los guaraníes tuvo otras características: fue un colonialismo de ocupación militar y administración territorial directa. Eran otros los tiempos del Capitalismo y otra la particularidad cultural de este lugar del mundo.

Las formas del Paraguay colonial de hoy son otras.  Si antes los estados imperiales y sub imperiales necesitaban invadir con una guerra convencional a otro país para dominarlo, el Capitalismo Global de ahora les evita aquella fatiga.

La condición colonial del Paraguay de hoy se entiende mediante un fenómeno llamado colonialidad: ya casi no es necesaria (aunque a veces sí, como en el caso de EE.UU. Irak) la ocupación militar para gobernar, porque  hoy se gobierna a otros con las ideas, con patrones culturales impuestos a través de lo que se llama la colonialidad del saber: hacer que el otro piense y actúe en función de tus intereses .

Siendo más concretos, el Paraguay contemporáneo se ubica en la periferia del Sistema Mundo Capitalista.  Este sistema ha construido redes económicas, financieras y comunicacionales mediante las cuales los Estados imperiales y subimperiales, ubicados en el centro y al borde del sistema, despliegan sus estrategias geopolíticas y geoeconómicas. La consecuencia es la desterritorialización y trasnacionalización de los países periféricos como Paraguay; dicho de otra forma, este  Estado  que tenemos tiene escaso poder sobre sus tierras ni su economía, porque éstas están en manos de las empresas trasnacionales de los estados imperiales y sus aliados locales.

Cubiertos por un modelo agroexportador sin Estado, los alrededor  de 250 mil brasileños y brasiguayos asentados en la parte este de la geografía nacional controlan una economía agraria que es funcional al mercado financiero brasileño; las trasnacionales dedicadas a la extracción de recursos naturales controlan parcelas de tierras ricas en minerales y fertilidad; el crimen organizado trasnacional controla extensos corredores de la geografía convertidos en rutas para el narcotráfico, el armatráfico y otros productos ilegales que van a los mercados europeo y brasileño; los terratenientes sojeros y ganaderos controlan vastos territorios en donde imponen su economía, su justicia y sus armas. Es un espacio, el nuestro, cuyo Estado no controla su geografía terrestre, aérea ni su espacio comunicacional, y no tiene políticas económicas, culturales y sociales incluyentes para la mayoría de su población.

Este modelo imperial y oligárquico descrito sostiene su poder en la colonialidad: las grandes mayorías sociales excluidas de paraguayos y paraguayas  legitiman a sus amos a través de su pensamiento, un pensamiento organizado y narrado por sus amos desde la modernidad oligárquica y capitalista. Gran parte del soporte simbólico de esta condición colonial del Paraguay lo dan los grandes medios de comunicación asentados dentro y fuera del territorio.

Celebrar la nacionalidad

La propuesta es entonces recordar aquel pasado, pero desde la condición colonial presente descrita aquí, no desde la colonialidad tejida por los amos ni dictada por los miedos propios.  A partir de lugar de la memoria, es necesario y lúcido recordar celebrando a nuestros personajes históricos, gobernantes, intelectuales, artistas; celebrar nuestras heroicas gestas de pueblo; celebrar nuestros dos idiomas, especialmente  el guaraní, para reivindicar a nuestros antepasados originarios de este lugar, negados injustamente por el pensamiento occidental, y para resaltar nuestra principal diferencia de la otredad. Celebrar esta tierra, que a pesar del saqueo interminable, sigue teniendo riquezas. Celebrar que seguimos vivos como nacionalidad, y que en medio de las complejidades y la contradicción, las grandes mayorías de este país siguen caminando, luchando y deseando un país más libre y más justo. Celebrar que el futuro  es una posibilidad real que se construye en el presente.

 

 

Comentarios

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1 Comentario
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    Diego Villalba
    Posted at 00:20h, 15 mayo Responder

    No hay mucho que festejar, si hay mucho que reflexionar. Seguimos siendo una Colonia, ya no de España sino del Imperio Anglo Sionista y de su brazo armado el Imperio norteamericano. Paraguay dejó de ser Independiente con la derrota de la Guerra de la Triple Alianza. Lo peor es que toda latinoamérica está en similares condiciones por culpa de la oligarquía y la clase dirigente corrupta que es el cáncer de toda Latinoamérica. Ya no hay Próceres, es el Pueblo el que esta vez debe madurar, tomar conciencia e independizarse de sus opresores y recuperar el Estado Soberano que hoy está en manos de saqueadores y traidores de la Patria.

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