“Franquistas, fascistas y nazis”: la Academia Paraguaya de la Historia y sus miembros correspondientes en el extranjero

ABC Color, 20 de marzo de 1968. El dictador Francisco Franco recibe al embajador paraguayo en España, Alberto Nogués (a la izquierda, también numerario de la APH) y a Julio Cesar Chaves (centro).

Por Mariano Montero*

En septiembre de 2020, escribí para E’A un artículo sobre un caso de posible plagio cometido por la presidenta de la Academia Paraguaya de la Historia (APH) (Link al artículo: http://ea.com.py/blogs/reflexiones-desde-el-monte-cuando-el-plagio-lo-hace-el-profesor/).  Lo del plagio era una cuestión, si se quiere, anecdótica.  El principal objetivo del texto se dirigía a exponer el alarmante carácter endógeno de las relaciones establecidas entre los historiadores que pertenecen a la corporación más poderosa a nivel institucional, la APH.  Resultado de este, para decirlo en términos coloquiales, “amiguismo”, es que se haya publicado aquel artículo plagado de errores que no hubiera sorteado ningún filtro en una revista seriamente arbitrada.  “Ese” era el núcleo de mi texto, el corazón, no el posible plagio en sí.  La intención/esperanza, fue la de generar un debate dentro de la comunidad de historiadores paraguayos/as acerca de estas prácticas reñidas con la ética profesional.  Pero la única reacción que suscitó mi artículo, fue el silencio generalizado de toda la comunidad (además de una “campaña” de desprestigio a mi persona generada por el editor de la revista de la APH donde se publicó el artículo de Mary Monte).  Desde ya que no esperaba que vengan todos a abrazarme y felicitarme por mi publicación, pero tampoco este otro extremo de “aquí no pasó nada, sigamos”.  Por lo que, muy decepcionado, y especialmente desilusionado de la “no reacción” de muchos historiadores que estimaba hasta ese momento, decidí revisar un poco la historia de esta corporación llamada Academia Paraguaya de la Historia.

«Alberto Nogués, presentando al dictador Franco sus credenciales como nuevo embajador paraguayo en España, 1966» (Fuente: http://www.madrid.org)

Quería entender de donde provenía este verticalismo, esta actitud de tirarse arriba de la granada para que no explote cerca del “maestro”, y el innegable perfil ideológico de derecha, matizado, inteligentemente, con la inclusión de algunos, muy pocos, intelectuales progresistas.

Entonces, se me ocurrió realizar un rápido estudio prosopográfico de sus miembros correspondientes en el extranjero, desde el año 1956.  El resultado, es una especie de “tren fantasma” de la historia, del cual, por una cuestión de espacio, detallamos solo 10 casos:

Federico Nielsen Reyes (1904-1987): ingresa como miembro correspondiente por Bolivia a la APH en 1965 y permanece hasta su muerte en 1987.  Treinta años atrás, fue embajador de Bolivia en la Alemania nazi, cooperó en la organización de los Juegos Olímpicos de 1936, y, su mayor galardón, fue el traductor y prologuista de las dos primeras ediciones del libro de Adolph Hitler (Mein Kampf) en castellano, publicados en la España nacionalista de Franco.  A su vuelta a Bolivia, en 1939, fue un reconocido propagador del nazismo en su país y en Sudamérica.

Ciríaco Pérez Bustamante (1896-1975): miembro de “honor” en la APH desde 1956.  Español y franquista, en 1938 fue jefe local de Prensa y Propaganda  del bando nacionalista.  Autor, como Luis G. Benítez en el Paraguay, de los textos escolares del régimen de Franco.  De acuerdo a Peiró (2017), figura en los expedientes universitarios como uno de los profesores que denunciaba a colegas “indeseables” en los claustros.

Richard Konetzke (1897-1980): miembro de “honor” desde 1956.  Historiador alemán especializado en Latinoamérica.  Entre 1930 y 1943 con el régimen nazi en su esplendor, trabajó normalmente en su país, y luego de 1945 pasó a la España franquista.  En sus primeras obras es innegable la impronta de la ideología nacionalsocialista y del franquismo después.

Paul Bouchard (1908 – 1997): miembro de “honor” desde fines de los sesenta.  Profesor canadiense de la Universidad confesional de Laval, Quebec.  Tuvo un pasado corporativista y antisemita, creando un grupo de extrema derecha denominado Fasces Republicano, relacionado con el periódico La Nation.

Emilio Rodríguez Demorizi (1904-1986): miembro de “honor” desde 1968.  Historiador dominicano.  Tuvo muchos cargos durante la era del cruel dictador Trujillo, siendo además amigo personal del mismo.

Pedro Santos Martínez (1925): miembro correspondiente por Argentina desde principios de los sesenta.  Dirigente católico argentino y decano de la FFYL de Cuyo entre 1976 y 1981.  «A Dios rogando y con el mazo dando», dijo Pedro Santos Martínez en su pronunciamiento el día que asumió como Rector de la Universidad Nacional de Cuyo.  Se lo señala como responsable de desapariciones de estudiantes y profesores.

Gerard Raoul Rouzier: único miembro correspondiente por Haití.  Jurista y ministro de “Deportes y de la Juventud” del dictador Jean Claude Duvalier (1971-1986).

Pablo Antonio Cuadra Cardenal (1912-2002): miembro correspondiente por Nicaragua desde principios de los sesenta.  Politico y diplomático, apoya a las tropas de Francisco Franco desde 1936, y es uno de los primeros intelectuales latinoamericanos en visitar la España franquista una vez finalizada la guerra civil.

Edmundo Narancio (1916-2001): miembro correspondiente por Uruguay desde principios de los sesenta.  Fue ministro de la dictadura civil en 1973 y se dedico a denunciar la infiltración marxista en la Universidad desde las páginas de El País.  Entre 1978 y 1980 fue embajador de la dictadura militar ante las Naciones Unidas.  Falleció en 2001 siendo presidente del Instituto Histórico Geográfico Uruguayo, entidad “gemela” de la APH.

Alberto Puig Arosemena (1897-1985): miembro correspondiente por Ecuador en 1959.  En 1939, fue cónsul ecuatoriano en Londres “se vanaglorió de su actuación y de llegar a dirigir uno de los consulados que menos visas concedió a judíos”, como demostraran Gil –Blanco y Canela-Ruano en 2018.

Claramente, esto es solo una muestra.  Entre 1956 y 1972, de 35 miembros de “honor” de la APH, 21 tuvieron fuertes lazos con ideologías neofascistas.  Y de 240 miembros (entre numerarios, correspondientes y de honor) un tercio (83) tuvieron indisimulables simpatías y lealtades con ideologías autoritarias, principalmente con el franquismo.  Y de los dos tercios restantes (157 miembros) la gran mayoría eran católicos conservadores que, al no haber encontrado evidencias de sus preferencias ideológicas no los incluimos en el primer tercio.  Más simbólico aún, es que su miembro más activo y presidente entre 1956 y 1972, Julio Cesar Chaves, tuvo profundos vínculos con el neofascismo intelectual de la época, como se puede apreciar en la foto en la que el dictador español lo recibe en el Palacio Real de El Pardo como si fuera un jefe de Estado.

Todo esto, sin mencionar los casos de importantes funcionarios stronistas entre sus integrantes, como Juan Ramón Chaves, Hipólito Sanchez Quell, Luis G. Benítez, Luis Vittone, Alberto Nogués y muchos otros stronistas “pasivos”.

Las actuales autoridades de la APH, junto a todos sus miembros, numerarios y correspondientes, deberían realizar un acto público de autocrítica sobre el rol histórico de la corporación a la que pertenecen, si es que pretenden formar parte de la comunidad democrática en el Paraguay.  No alcanzaría, pero sería un comienzo.

(Esto es solo un adelanto de un estudio de mayor alcance sobre el rol de la APH en lo que podemos denominar un “colegio invisible neofascista” a publicarse en una revista especializada arbitrada próximamente).

 

*Profesor de Enseñanza Media y Superior en Historia (Universidad de Buenos Aires).  Es autor de Agapito Valiente.  Stroessner kyhyjeha.  Reconstruyendo la vida de Arturo López Areco.  El Partido Comunista Paraguayo y la Columna Mariscal López, editado en 2019 por Arandurã en Asunción, Paraguay.  También publicó investigaciones sobre el pasado reciente del Paraguay en revistas arbitradas de Argentina, Perú y Paraguay, además de colaboraciones para medios gráficos y digitales

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