“¿Es posible pensar con perspectiva de derecho una salud mental que no sea comunitaria?”: Retazos del I Congreso Internacional de Salud Mental Comunitaria

Por Agustín Barúa Caffarena

¿Qué se medica?

Residentes de psiquiatría del Hospital San Martín (La Plata).

La incertidumbre es la condición de todo cambio de paradigma.

Hugo Cohen.

Nosotros traemos la peste: traemos subjetividad, libertad y salud.

Freud a Jung, ante la primera invitación para visitar Estados Unidos de América.

Cartel. Facultad de Psicología. UNLP.

Con la pregunta del título, inquietaba Analía Regairaz durante la evaluación final de este congreso organizado por la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP, Argentina) del 22 al 24 de agosto pasado. Pregunta que sugiere lo compartido allí.

Acá van otros retazos de un encuentro para reescribirnos.

– Doctor Doctor… ¿Cuándo estaré listo?

- Hasta que dejes de pedírmelo a mí.

Dicen que Franco Basaglia, fundador de la Psiquiatría democrática italiana y que estuvo 6 meses preso durante el fascismo en Italia, al entrar por primera vez al manicomio, dijo “el mismo fétido olor, la misma perdida de dignidad: esa violencia inaceptable”. La subjetividad dentro del manicomio no es propia, es la del encierro, decía Patricia Pauluc. Franco Merlini, psicólogo milanés, se preguntará luego “¿Cómo hago para saber de qué cosa enferma una persona a la que le han retirado sus objetos personales, que no podrá recordar ni una pálida memoria de sí mismo?”.

Emiliano Galende insistió que “no es lo mismo externar que desinstitucionalizar. Hay que reconstruir la subjetividad colonizada y dominada, la manicomial”. Nos relata que la humanidad como la conocemos hoy, desde el inicio de la escritura, tiene 6.000 años, por 5800 años nadie pensaba que se necesita encerrar, esto surge hace 200 años. El modo de producción capitalista necesitaba un nuevo sujeto dispuesto a vender su fuerza de trabajo, heterosexual, que se case y tenga hijos y reproduzca la sociedad. Las personas disidentes que no se ajustan al poder fueron históricamente castigadas de dos formas, exilio y encierro: ambas están en el manicomio; el manicomio no proponía curar sino alojar y disciplinar.

Nos proponían lo que ya Ronald Laing dijo: la poesía es fundamental para trabajar con la locura, dando el ejemplo de los Calligramas (2014) de Apollinaire de 1918, que se caracterizan por la forma de la tipografía y la disposición espacial de las palabras sobre las páginas.

Los derechos son el primer paso: Si no se consideran los derechos, no se puede curar”

Merlini hizo un recorrido histórico de las conexiones más terribles de la Psiquiatría europea de primera mitad del Siglo XX. Habló de la Aktion T4, el programa nazi para asesinar a las personas con enfermedades mentales o taras hereditarias, creado y ejecutado bajo la responsabilidad principal de médicos y enfermeras alemanxs entre 1939 y 1941. Esto solamente a partir de los ’80 comenzó a reconocerse. Afirmaba Merlini “una sociedad que quiere decirse civilizada debería aceptar tanto la razón como la locura”.

Otro punto surgió al recordar que Basaglia fue acusado judicialmente varias veces (en el ’71 por el asesinato del padre y madre por su hijo que estuvo internado, y en el ’73 por la muerte de otra persona que también estuvo internada y que se mata asfixiada por comer pedazos de sábana) pero nunca fue condenado. Lo que se argumentó es que la persona nunca es totalmente incapaz de entender, es consciente como puede de sus propios límites.

Pastilla, internación y ‘ya se le va a pasar’”

Agustina Calandra e Ignacio Sacomani hablaban del paradigma hegemónico que arma al “loco peligroso encerrado, sin derechos, sin deseo”. Sostenían que hay que dejar de centrarse en la psicopatología y pasar a ser agentes de transformación social.

Ellxs trabajan en el Club Social, uno de los dispositivos que pertenece al Servicio de Rehabilitación en Salud Mental del Hospital Psiquiátrico Alejandro Korn de la localidad de Melchor Romero.

Allí apuntan al deseo de la persona: lo que tienen ganas, escuchando sus potencialidades, lo que necesitan, en tanto lógica de humanización ante los efectos de subjetivación que el dispositivo cerrado promueve en las personas en tanto aplastamiento del deseo. Apuestan a la restitución de derechos a través de los proyectos productivos, de su derecho a la sexualidad o de problematizar los “manicomios que se tragan” (hipermedicación). El tratamiento que proponen implicaría ese riesgo vital: la persona tiene que hacerse responsable en la comunidad con sus afectos y las redes que se puedan armar.

Ana María del Cueto (2014) citará a Ulloa para hablar de una “clínica de la salud mental”, entendiendo la “salud mental como una producción cultural, no solo diferente a toda enfermedad, sino como un recurso ‘curativo’ que optimiza los procesos terapéuticos puestos en curso diferenciando así una clínica de la salud mental de una clínica de las enfermedades”. En otro aspecto, reflexionaron sobre que desde el hospital uno piensa “son familias abandónicas que dejan a sus familiares un montón de años”, pero que al salir y al visitar a las familias las encontraron con un montón de necesidades.

Cecilia Baroni de Radio Vilardevoz (Uruguay) cuestionaba que en el manicomio es “pastilla, internación y ‘ya se le va a pasar’, y la persona vuelve después doblemente arrasada”. A la vez alertaba de que hoy el manicomio es múltiple: está en nuestras casas o en la Amazonía ardiendo.

En el trabajo “Desacatadxs. La experiencia de armado de un equipo de futbol en hospital de día”, sus autorxs del Hospital San Martín decían que cuando salieron a jugar futbol a una zona vecina de lugares muy transitados por vehículos temían que salgan detrás de la pelota y tuvieran un accidente, pero no pasó nada. “Pudimos darnos cuenta de nuestras actitudes tutelares, paternalistas”, contó Pablo Cutrera.

Otra discusión que se planteó fue si quienes cuestionamos lo manicomial, ¿Cómo transitamos la tensión entre apostar a lo deseante y a las pasiones alegres (Baruch Spinoza) por un lado, y por otro la bronca que nos genera “el trato como bestias” (Franco Rotelli) que los encierros manicomiales producen?

El trabajo de la muerte en las instituciones

Tomamos esta frase de Enriques (1989) para pensar los malestares institucionales.

Martín Saltzman sugirió que hay batallas que no hay que dar “En el Tao Te King [uno de los textos fundamentos del taoísmo filosófico] dice ‘Hay que obrar sin combatir’”.

Otra chance parece indicarla Claudia Bang (Universidad de Buenos Aires) cuando habló de la Fiesta popular de la quema del muñeco, donde trabajan comunitariamente que es lo que se quiere quemar en un proceso donde, en el armado del muñeco, hay múltiples intervenciones. Hay muñecos de todas las instituciones. Todo esto genera algo en lo simbólico y en lo vincular.

Claudio Martínez (Universidad Nacional del Comahue) nos habló de sumarnos a lo que está siendo. Propuso, con Pichon Riviere, que hay que crear dispositivos en lo existente, y cuestionó lo que nombra como rituales de conquista: por ejemplo, el hacer una casa en la casa de los otros (lo ejemplifica con que sean lxs profesionales quienes definan día y hora de las visitas domiciliarias). Permanece abierta la necesidad de preguntarnos por lo que Diana Maffía llama el desgaste por empatía.

Por fuera del congreso, algo llamativo visitando muy brevemente algunas instituciones sanitarias platenses fue observar equipos muy fragmentados con la marca conflictiva de “lo nuevo y lo viejo”. ¿Qué hacer? ¿Cómo tramitar? Citaban Sofia Corinaldi y Florencia Portillo al psicoanalista Juan Mitre (2014) “Cabe preguntarse al respecto si realmente tal o cual institución se muestra confiable, si es capaz de alojar lo bueno y lo malo del sujeto, si soporta que la fastidien, si puede perdurar para ese sujeto en el tiempo y no ratificar la de destino de exclusión que en general se ha armado. Si realmente está preparada para soportar que se le ponga prueba con actos de todo tipo”.

Psiquiatras en la encrucijada

Así nombraron un grupo de psiquiatras el trabajo que presentaron y a la vez el momento que viven. Martín Saltzman decía “Cuando comencé la residencia de Psiquiatría una persona me dijo que los psiquiatras deberían pedir perdón por 200 años de erigirse como jueces supremos sobre la voluntad de las personas (…). Quienes intentamos una psiquiatría más disidente y critica somos castigados; lo primero que te dicen es ‘antipsiquiatra’, que lo que hacemos ‘no es algo científico’”. Agrega “la psiquiatría de hoy es una aplicación de Android: basada en algoritmos y protocolos y monitoreada por los laboratorios farmacéuticos”.

En esta incertidumbre, citan a la escritora estadounidense Ursula Le Guin “No es una respuestas a lo que buscamos, sino el modo de formular la pregunta”

Afiche. Asociación Movida de Locos.

El médico me dice que ‘haga algo’”

Ante este lugar tan mandatado y universalizante, que busca que la persona este “estabilizada” y nada más, y donde se entiende una actividad como producción desconociendo que antes de ella la persona tiene otras problemáticas, las terapeutas ocupacionales Paula Abregu y María Luciana Malavolta vienen repensando su profesión vinculándola a la ciudadanía (vivienda, trabajo, vínculos) y entienden que es en y desde la comunidad donde hacerlo.

Plantean una Terapia Ocupacional Crítica con un sujeto histórico social y con prácticas emancipadoras y transformadoras. En esta línea, en el texto “Terapias Ocupacionales desde el Sur. Derechos humanos, ciudadanía y participación” (2016) se propone, en lugar de colocar “su foco en el individuo y en su cuerpo físico”, retomar el mandato de la Terapia Ocupacional “para que las personas de todos los orígenes de la vida puedan comprometerse y participar en las actividades y procesos que tienen valor para las mismas”.

Todo esto nos advierte que, a más del chaleco de fuerza y el chaleco químico, también está el chaleco teórico.

Acompañantes terapéuticos (A.T.) y Educadores sociales: ¿Qué espejo nos ponen a las viejas profesiones?

María Laura Frank (Universidad Nacional de Córdoba) responde a la pregunta del título: “El espejo que nos ponen es caleidoscópico”. Pareciera que ellas dan cuenta de algo que, en las profesiones históricas, se agota, no llega. A la vez, alguien dirá desde el público “Un psicólogo dijo que las competencias del AT la debemos tener todas las profesiones de salud mental”.

Galende pareciera remarcar esto: “algo debemos estar haciendo mal que están diciendo los usuarios no a la atención, si al grupo de pares”.

Estos dos perfiles laborales ya no son tan nuevos. El Acompañamiento Terapéutico es de amplia difusión actual en Argentina. Frank dice “hay 600 estudiantes de AT en primer año, hay 700 en Bahía Blanca (…). Algo va a pasar cuando estos AT comiencen a interactuar con los psiquiatras”. Por, otro lado, la Educación Social ya con tiempo de desarrollo en Uruguay en el campo educativo más que sanitario.

Frank diferencia que en el Acompañamiento Terapéutico hay prácticas más psiquiatrizadas (que adaptan al sujeto a la sociedad) y otras más socializadas.

Como el herpes: eso que jode, que molesta en la institución”

Así bromeaba en serio, Lis Pérez del Consejo de Educación Secundaria (Uruguay) hablando del ERPE (Espacio de Reflexión sobre las Prácticas Educativas), un dispositivo que crearon basado en “construir estructura de demora ¡que es pensar!”, y donde no usan diagnósticos “sólo contener, escuchar, apoyar”.

Generaron también la figura del Referente socioafectivo del adolescente, siendo este últimx quien lo elige (se pregunta “¿Quién es tu persona de confianza?”). No puede ser ni su papá ni su mamá: aclaran “es y, y no o”.

Otro dispositivo que instituyeron es el Espacio de Resignificación Vincular (ERVI) donde repiensan lo adultocéntrico “los adultos resisten y no quieren perder el poder”, dicen. “Si [adolescente] se deja el gorro, no es de mala educación… si masca chicle es que tiene hambre ¿Cómo entendemos los modos comunitarios en las instituciones educativas?”.

Cuenta Verónica Perillo que otra línea que crearon ante la cuestión suicida adolescente es la de los “Enlaces con la vida” donde el acompañamiento incluye trabajar siempre con otrxs, tener una actitud comprometida con la vida y practicar la empatía; generar espacios de escucha, de reflexión y orientación; propiciar la participación de unx referente afectivx protectorx adultx; articular con el sector salud; planificar “el retorno”.

Una memoria epidérmica

Florencia Battistessa y Florencia Urruty, de las Residencias Integradas Multidisciplinarias de Florencio Varela apuestan a activar lo sensible: eso indeterminado, cambiante, potente, del encuentro.

Battistessa se preguntará ¿Qué sentimos cuando escuchamos a una persona sin coagularla en un nombre? ¿La crisis es, ante todo, una crisis de las presencias?

Urruty estuvo en la Clínica de La Borde (Francia) y compartió una experiencia en un taller de música sin saber la lengua. Allí pensó “no se tocar un instrumento”, replanteándoselo luego como algo de esa subjetividad alumna que se ubicaría desde la falta y el no saber que detiene. Todo esto hasta que alguien le dijo “acá podés hacer lo que quieras”, y pudo habilitarse para reconocer miradas, suspiros y las musicalidades de las voces.

Luego, sobre la discusión de las relaciones entre el adentro y el afuera institucional, señala “la idea en La Borde no es ‘salir’: es ir al encuentro de otra cosa”.

Infancias

Beatriz Janin, psicoanalista que trabaja con infancias, hizo varios señalamientos que rescatamos. Trayendo a Silvia Bleichmar con la idea que “La madre puede narcicisar al hijo si tiene un sobrante”. Entonces Janin se pregunta si las personas que sienten que no pueden nada, que no valen nada ¿Qué pueden dar?

Luego resalta que el diagnóstico que más se está usando actualmente en Argentina es el del espectro autista. Sin embargo resalta que la niñez “tiene dificultades para verbalizar ¡pero en una época donde los bombardeamos con imágenes, con adultos desconectados y que no lo reconocemos, desbordados, deprimidos!”. Agrega “el problema de catalogar niños es que los estamos invalidando, los ponemos en el lugar de extraterrestres, y pasan a ser un extraños”.

Remarca “Cuando se reemplaza la palabra por la pastilla con facilidad, estamos ejerciendo violencia”.

Sobre lo adolescente dice “Ojalá los legisladores entiendan el funcionamiento psíquico de los adolescentes: ¿Suponen que un adolescente, si tiene más castigo, se va frenar? El adolescente busca ser un héroe, se supone omnipotente. Si le digo ‘si robás, vas preso’, esto lo jerarquiza frente a sus pares”.

Cuestiona “esta sociedad individualista, biologicista y meritocrática, donde prima el narcisismo, espera que el niño a los 2 años ya sean maravillosos, para el narcisismo de los padres: no se tolera el sufrimiento”.

Y esa no maravillosidad exige ser pensada. Janin (2012), hablando de una abuela y una madre en relación con un niño de 3 años, dice “(…) Pero al otorgarle ambas un enorme poder al niño, ya sea desde la idea de que podía manipular a los otros o desde la convicción de que toda la decisión era suya, el niño quedaba en el lugar de adulto. Lugar que termina dejando a un niño sin sostén. Tiene que poder solo”.

Finalmente apuesta a “devolverle a un niño su carácter de incógnita: que podamos preguntarnos que nos está diciendo”. Propone “apostar a la esperanza y al cambio, facilitarles el armado de proyectos, de esta manera van a poder construir y construirse deseos”.

¿Qué clase de guerra puede hacer bien a la salud?

Esto se preguntaba Federico Napiarkorvski, de la Asociación Cultural Jardín del Unicornio, sobre la guerra contra las drogas. Haciendo parte de este club cannábico resalta que el foco del cultivo es no violar los Derechos Humanos, y reducir los costos sociales, judiciales y alejar del narcotráfico.

Marcó un problema moral por el que no se valora igual a una mujer que cultiva para generar aceite de cannabis para una enfermedad, de otra que lo hace para gestionar su propio placer.

Mural. Facultad de Psicología – UNLP.

Legajos corregidos

Fueron varios lxs psiquiatras argentinos exiliadxs y desaparecidxs en la Argentina. Patricia Pauluc contó que al ir volviendo al país después del silencio de la dictadura, en un encuentro en el ’86 de salud mental se saludaban diciendo “¡Estás vivo!”.

En la ceremonia de inauguración, la Secretaria de Salud de la UNLP Edith Pérez2 decía “la dictadura no sólo exilió personas: también exilió saberes y desapareció saberes (…). Esta facultad tiene 800 víctimas desaparecidas de las que más de 500 eran estudiantes, del terrorismo de estado”.

Se señaló a la vez que la facultad fue víctima pero también victimaria por la complicidad de las autoridades. Susana Inés Aristegui Rodríguez fue asesinada por un grupo de tareas de la dictadura argentina cuando estudiaba Psicología en esta universidad. En su legajo figuraba que tuvo que interrumpir sus estudios “por razones laborales”. Quizás el momento más sentido del evento fue cuando se le entregó a su hermana su legajo corregido.

Afiche. Centro Cultural Olga Vázquez.

Finalmente, tal vez una frase que resuma el congreso fue un mural que hicieron médicxs generalistas de Tolosa (La Plata) con su comunidad. En el patio se lee “Juntarse es salud”.

Bibliografía

. Apollinaire, G. (2004). Calligrammes. University of California Press.

. Del Cueto, A. (2014). La salud mental comunitaria: vivir, pensar, desear. Fondo de Cultura Económica.

. Enriquez, E. (1989). El trabajo de la muerte en las instituciones. R. Käes, La institución y las instituciones. Buenos Aires: Paidós.

. Janin, B. Los niños rebeldes y desafiantes de hoy. Revista “Actualidad Psicológica” Nº 405. Marzo de 2012.

. Mitre, J. (2014). La adolescencia: esa edad decisiva: una perspectiva clínica desde el psicoanálisis lacaniano. Grama.

. Simó, S., Córdova, A., Correa, F., Galheigo, S., García-Ruiz, S. (2016). Terapias ocupacionales desde el sur Derechos humanos, ciudadanía y participación. Universidad de Santiago de Chile

1 *Psiquiatra de Atención Primaria de Salud. Antropólogo social. Psicodramatista. Investigador de la Universidad Nacional de Pilar. Integrante del colectivo Noimbai, de ALAMES Paraguay y de la Sociedad Paraguaya de Psiquiatría.

2 Fallecida dolorosamente al día siguiente del Congreso.

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