«Es nuestro deber continuar la lucha contra la dominación extranjera por la que ellos han muerto»

El Dr. Alberto Alderete presentó el miércoles pasado su nuevo libro: “Las causas de la guerra de la Triple Alianza”. Aquí un resumen de la presentación y de la obra.

Batalla de Tuyuti. Detalle de una pintura de Cándido López.

Batalla de Tuyuti. Detalle de una pintura de Cándido López.

En el marco de la conmemoración del 203 aniversario de la independencia del Paraguay, el pasado miércoles 14 de mayo fue presentado el libro “Las causas de la guerra de la Triple Alianza”, del abogado e investigador Alberto Alderete, en la plaza de los héroes. La presentación de la obra estuvo a cargo  del historiador Dr. Hérib Caballero Campos, ante numeroso público que llenó la plaza.

El autor refirió que desde 1860 el Paraguay se convirtió en un sistema capitalista  conducido por el estado,  denominando al mismo acumulación primitiva capitalista, que es la etapa utilizada, en un momento histórico determinado, para acumular los capitales, la maquinaria, la mano de obra y los métodos de trabajo necesarios para comenzar la revolución técnica y productiva que supone el capitalismo industrial.

Dijo que el Paraguay evolucionaba independientemente hacia la civilización capitalista industrial, pero controlando esa expansión en su beneficio, y no en beneficio de Buenos Aires, del Imperio del Brasil y de su metrópolis Inglaterra. La guerra vino a cortar esa evolución progresiva, para reemplazarla por la súbita asimilación al mercado financiero de Europa en calidad de misérrima semi colonia.

La presentación del libro de Alderete el miércoles pasado.

La presentación del libro de Alderete el miércoles pasado.

En lo económico

Señala el autor que las políticas que permitieron al Paraguay  capitalizarse rápidamente y alcanzar dicho desarrollo han sido,  la remoción de las élites que pretendían incorporar al país en el circuito de dependencia económico política de  Buenos Aires, que a la vez tenía como metrópolis a Inglaterra; la implantación de una radical reforma agraria igualitaria; un particular sistema impositivo de características progresivas gravando a las clases más pudientes e imponiendo altas contribuciones a los de ingresos elevados, reduciendo al mínimo a los de escasos recursos; un autoabastecimiento económico del país que garantizaba su soberanía económica y política; una rudimentaria planificación de la producción diversificando la producción agrícola y ganadera que rompió con la economía de monocultivo que deformaba las economías latinoamericanas; un sistema que se parecía a la nacionalización del comercio exterior de los principales productos de exportación como el de la yerba mate, el tabaco y la madera y una política económica que beneficiaba a las grandes masas pobres de la población.

Para 1860 el gobierno paraguayo ya tenía desarrolladas políticas de protección y fomento al desarrollo de la  industria nacional así  como privilegios a los inventores; la exención de derechos de importación sobre las maquinarias para la industria, la agricultura, artesanado y ciencia que no fabricaran o no estuvieran todavía en uso en la república; la libre exportación sobre los productos industriales. Se crearon gravámenes de importación del 25 % sobre artículos suntuarios y el 20 % sobre los demás productos ad valorem, pero llegando hasta el 40 al 45 % con el pago de otros derechos.

libro alberto aldereteDesarrollo de la industria

Se levantan astilleros donde se construyen buques y una flota fluvial; fábricas metalúrgicas como la fundición de hierro de Ybycu’í donde se fabricaban herramientas de trabajo y armas; construye ferrocarriles y se instala el primer telégrafo de Latinoamérica; levanta escuelas, construye fábricas de papel con fibras de coco y caraguatá; fábricas de tinta, cuarzo, pedernal, la industria hilandera bastante extendida ha llegado a tener las características de una verdadera industria nacional, fabricando tejidos de algodón y lana; se construyen minas y fábricas de loza, tiene fábricas de pólvora, minas de cal, de hierro y azufre; emite su propio papel moneda respaldado por la fuerte, sólida y garantía segura  y ninguna deuda interior o exterior.  Envía jóvenes a Europa para profesionalizarse y no tenía deuda pública o externa como los países de la región, porque le bastaban los recursos nacionales para invertir en su desarrollo.

En lo social

Tiene una clase social homogénea que no sufre los rigores del hambre ni de la pobreza. Casi todos los habitantes saben leer y escribir.

En lo político, un régimen despótico y unipersonal

En cuanto al  régimen político, el Paraguay  tenía  una  rudimentaria estructura republicana. En 1844 se aprueba una Constitución que consagra la división de los poderes del estado, el reconocimiento de que la soberanía popular reside en el pueblo, con lo que se sientan ciertas limitaciones al poder político.

El Presidente de la República es elegido por el Congreso Nacional.  Sin embargo, si bien los 200 diputados del Congreso Nacional son elegidos por el pueblo, se reúne cada cinco años, y el poder judicial reside en los jueces y tribunales que son elegidos por el Presidente de la República, por lo que la independencia judicial es meramente enunciativa. El texto constitucional no menciona ni una sola vez la palabra libertad, ni reconoce los derechos individuales ni las libertades de pensamiento ni de expresión. Por la reforma constitucional de 1856 el número de diputados se redujo a 100 y el Presidente de la República queda facultado para designar en pliego cerrado puesto de modo solemne y auténtico en una oficina pública, a la persona que en su ausencia había de desempeñar provisionalmente el Poder Ejecutivo. Esta disposición preparaba el camino para la designación de Francisco Solano López como el sucesor. En efecto, a la muerte de Carlos A. López en 1962, el Congreso Extraordinario eligió a Francisco Solano López al cargo de Presidente de la República por un período de 10 años.

De hecho, el gobierno de los López era despótico y unipersonal, no había libertad para hacer oposición y el estado era el único autorizado para editar diarios. Prácticamente todos los aspectos de la vida privada caían dentro de cierta forma de reglamentación del estado, aunque  no hay pruebas de que el pueblo se resintiera de este paternalismo o lo considerase opresivo, aunque ello no es un justificativo.

Sin embargo, estas restricciones a las libertades no opacan ni obnubilan el carácter progresivo del gobierno de los López. En realidad esa era la característica general de los países de la región. Si bajo el régimen de los López, la rudimentaria estructuración republicana había restringido el ejercicio de las libertades políticas, en la retórica de la democracia liberal de Bartolomé Mitre y la oligarquía porteña, las libertades, el sufragio y la participación eran aplastados por el terror y el fraude, que hacían ilusorios esos derechos.

Por el lado del Brasil, ni siquiera era una república sino que regía en el mismo una monarquía esclavócrata,  ejercida por el Emperador Pedro II, en la que 2 millones de esclavos “disfrutaban de la libertad” bajo el látigo de los plantadores de café. En el Uruguay por su lado, el gobierno constitucional de Atanasio Aguirre fue derrocado por una sangrienta invasión militar del Imperio del Brasil y el apoyo militar y financiero del gobierno de Buenos Aires, para imponer como Presidente a una persona de su agrado, el ex soldado de Mitre, General Venancio Flores.

La bandera de Brasil flamea sobre el Palacio de López, al finalizar la Guerra de la Triple Alianzad.

La bandera de Brasil flamea sobre el Palacio de López, al finalizar la Guerra de la Triple Alianza.

Las causas de la guerra

(Extractos del libro)

Por el lado argentino, durante todo el siglo XIX la misma estuvo sometida a una cruenta e irreconciliable guerra civil entre dos fueras económico- sociales y políticas, los Unitarios y los Federales. Los Unitarios representaban los intereses de la oligarquía de Buenos Aires y los Federales expresaban los intereses del resto de las provincias interiores y el litoral argentino.

Las causas que impulsaron a la oligarquía portuaria y comercial porteña representada por Mitre para traer la guerra al Paraguay, no es externa, sino interna, que es la de imponer la organización de la Argentina en función de los intereses de la oligarquía estanciera, portuaria y comercial  porteña de la  provincia de Buenos Aires. Para ello, tenía que derrotar a las provincias interiores y estancieros del litoral representadas por el General Justo José de Urquiza y otros caudillos de sus causas como Felipe Varela, el general Ángel Vicente Peñaloza y Ricardo López Jordán. Pero también tenía que eliminar al estado paraguayo, que podía aglutinar en cualquier momento a las provincias interiores y a los estancieros del litoral para aplastar a Buenos Aires y su política de supremacía sobre los mismos.

El principal objetivo de la guerra era liquidar el foco rebelde (el estado paraguayo) que en cualquier momento podría reagrupar a las provincias interiores y a los estancieros del litoral. La guerra al Paraguay era la continuación lógica y la última etapa de la guerra de la oligarquía comercial y portuaria porteña representada por el Presidente Mitre contra las provincias interiores y el litoral argentino.

Las provincias interiores argentinas y las montoneras carecían de un modelo económico superior al de la oligarquía porteña que era su dependencia de Inglaterra. El Paraguay de los López sí tenía un modelo superior al de la oligarquía porteña que era el desarrollo industrial autónomo, al que podía unirse las provincias argentinas, la república oriental del Uruguay, Río grande del Sur y una parte de Matto Grosso en una gran confederación, proyecto que fue planteado por Urquiza a Carlos
A. López y desechado por éste. Este era el temor mortal de Buenos Aires y del Imperio del Brasil.

Por parte del Imperio del Brasil

  • Tanto el gobierno como la oposición  no encontraban otra alternativa definitiva de solución sino la desaparición para siempre del gobierno Lopizta y el modelo de estado paraguayo vigente desde la época de Francia,  soberano y potente que estaba como enclavado dentro del  territorio del Brasil. Este consideraba que el Paraguay  ponía en peligro su soberanía sobre Río Grande do Sul, pues para llegar al mismo, la única vía que tenía era el río Paraguay, para lo cual tenía que pasar por este territorio. Río Grande del Sur ya se había independizado de Brasil de 1835 al 45, por medio de una revolución republicana, por lo que temía una desmembración territorial;
  • las necesidades de expansión territorial a expensas de sus vecinos, como solución alternativa ante la negativa de su clase dominante a abandonar el sistema anacrónico de producción agrícola, en especial de la caña de azúcar y del café,  basado en el trabajo esclavo y,
  • imponer su dominio en el Río de la Plata

Por parte de la Banda Oriental del Uruguay

Un sector de la oligarquía uruguaya representada por el Partido Colorado, consideraba negativa la cooperación del gobierno Uruguayo representada por el Partido Blanco con el gobierno del Paraguay de los López. El Partido Blanco tenía también una estrecha relación política con el partido federal de la Argentina, representado por Urquiza. En realidad, el partido blanco era la versión oriental del federalismo argentino.

La condición impuesta al Partido Colorado y su líder político militar Venancio Flores, por parte  del Imperio del Brasil y del gobierno de Buenos Aires para que éstos destituyeran al gobierno Blanco de Bernardo Prudencio Berro, a quien sucedió Atanasio de la Cruz Aguirre, era que el gobierno de Venancio Flores tenía que formar parte de la triple alianza contra el Paraguay.

Por parte de Inglaterra

Se ha dicho que la guerra de la triple alianza fue tramada pacientemente por la diplomacia inglesa y que Argentina y Brasil la hacían  no por sus propios motivos sino por encargo de ella, motivado principalmente por el modelo de desarrollo autónomo del paraguay, que sería un mal ejemplo para sus vecinos. Es cierto que el principal beneficiario fue el capital y el comercio londinense que financiaron la guerra, pero, ni el Imperio de opereta del Brasil ni la oligarquía aldeana porteña hacían la guerra por encargo de Inglaterra. Estos actuaban por cuenta propia porque tenían buenas y urgentes razones para destrozar al Paraguay[1]. Sus motivos fueron, antes que externos, internos.

Así, las necesidades de la política interior de la oligarquía porteña, las necesidades de la expansión territorial y de temor al desmembramiento territorial del Brasil, con la complicidad usuraria de la banca y el comercio de Inglaterra, se pusieron de acuerdo para arrasar la independencia, la tierra y la población del Paraguay

Un gobierno provisorio impuesto marca la nueva era del “Paraguay civilizado”

Cuando aún no había terminado la guerra porque el pueblo paraguayo seguía combatiendo con su Presidente al frente, los aliados instalan un gobierno provisorio en Asunción el 15 de agosto de 1869 en una reunión en el Teatro Nacional, presidido por el ministro de relaciones exteriores del Imperio del Brasil, José María Da Silva Paranhos y José Roque Pérez, ministro plenipotenciario de la Argentina. Son nombrados como gobierno provisorio  Carlos Loizaga, José Díaz de Bedoya y Cirilo Antonio Rivarola, los dos primeros integrantes de la “Legión Paraguaya” que combatieron en las filas de las fuerzas extranjeras contra la patria.

El primer acto de este llamado gobierno provisorio fue dictar dos decretos. El primero, dictado en  fecha 17 de agosto de 1869, un día después de la batalla de Acosta Ñú, donde aún no se terminaba de quemar el campo de batalla con los miles de niños combatientes muertos y heridos. Decía el mencionado decreto: “Art. 2º. El primero de los deberes indeclinables de todo buen ciudadano paraguayo es contribuir con cuanto esté de su parte a la completa victoria de los gobiernos aliados, acreedores a nuestro cordial agradecimiento”.

El segundo Decreto fue dictado el 17 de agosto de 1869, 5 días después de la batalla de Piribebuy. Este monstruoso instrumento “DECRETA: Art. 1º. El desnaturalizado paraguayo Francisco Solano López, queda fuera de la ley y, para siempre, arrojado del suelo paraguayo, como asesino de su patria y enemigo del género humano”.

El siguiente artículo es la traición más vergonzosa y la felonía más grande, una afrenta a los que aún defendían la patria de la invasión extranjera: “Art. 3º. Los ciudadanos paraguayos que continúen a servir a la tiranía de Francisco Solano López serán considerados y punidos con todo rigor  como traidores a la nación y enemigos de la humanidad”.

Ambos decretos fueron convertidos en leyes por el Congreso Legislativo en fecha 13 de julio de 1871. Ambas leyes rigieron durante todos los gobiernos colorados y liberales que se sucedieron.

Recién en 1936 la Revolución de Febrero del Coronel Rafael Franco, deroga ambas leyes, el 1º de marzo, aniversario de la última batalla de cerro corá. En su artículo 2º el decreto ley disponía: “Declárase Héroe Nacional sin ejemplar al Mariscal Francisco Solano López, inmolado en representación del idealismo paraguayo con sus últimos soldados en la batalla de cerro corá, el 1º de marzo de 1870”. Los restos del Mariscal López son traídos de Cerro Corá por una Comisión presidida por el ministro Juan Stefanich y depositados en el Panteón Nacional de los Héroes.

Zonas de litigio territorial, culminada la contienda.

Zonas de litigio territorial, culminada la contienda.

La ruina. Despojo y extranjerización

Siendo fieles a su consigna de que la guerra no era contra el Paraguay sino contra “el tirano López”, al término de la guerra, Brasil y Argentina le despojaron al Paraguay de su territorio.

Despojo de territorios

El Brasil despojó al Paraguay 62.325 km2, ubicado entre el río Blanco y el río Apa, quedando este río como límite norte del Paraguay, ratificado por el Congreso Paraguayo por ley del 26 de enero de 1876. Argentina nos despojó 94.090 km2, que comprende los actuales territorios de Formosa y de Misiones.

Despojo y venta de tierras fiscales con  poblaciones estables

El nuevo gobierno remata a precios viles a capitalistas extranjeros 29 millones de hectáreas de tierras fiscales, y como de costumbre, el campesino se convirtió en peón explotado y sin tierra.

Despojo de edificios y bienes públicos

Las casas y edificios  públicos son vendidos a precios viles a extranjeros. El Ferrocarril es hipotecado y rematado a precios irrisorios, lo mismo que el telégrafo. La Fundición de hierro de Ybycu í es destrozada y arrasada, sus edificios quemados, sus máquinas saqueadas y su jefe el Capitán Insfrán es pasado a cuchillo.

Paraguay contrae su primera deuda externa

Paraguay contrae su primera deuda externa desde su nacimiento como república en 1871, con la banca británica Baring Brothers, por 1 millón de libras. Luego contrata otro empréstito por 2 millones de libras esterlinas, los cuales serán amortizados con la venta de las tierras públicas.

Parafraseando a Vivían Trías, se puede decir que el Paraguay ya está “civilizado”: debe 3 millones de libras.

De un desarrollo homogéneo a una deformación de su estructura económica

El nuevo modelo de desarrollo se caracteriza por una deformación de la estructura económica, en la que conviven en la actualidad, una rémora atrasada de sistema latifundista de la tierra y un singular proceso de aparición y crecimiento de determinados sectores de la industria, en forma de injertos en el seno de una estructura atrasada. El país es condenado a cumplir el rol de agroexportador de materia prima. Esta misma estructura económico-social y el mismo modelo de desarrollo se ha desarrollado desde entonces hasta la actualidad, con pequeñas variantes.

La economía ya no descansa como en las últimas décadas de la post guerra en la recolección y exportación de la yerba mate, en la producción y exportación del tanino y la madera. En la actualidad descansa en el mismo modelo pero en otros productos de exportación: soja, trigo, girasol, carne, algodón, forrajes, carbón vegetal y madera, que juntos representan el 80 % del total de las exportaciones paraguayas en el 2012, de la que sólo a la soja corresponde el 38 % de las exportaciones.

Los productos manufacturados

La industria ha crecido en determinados sectores, pero su estructura y desarrollo es raquítico e ineficiente. Los productos manufacturados corresponden sólo el 14,7 % de las exportaciones.

Desindustrialización del país

El rol de país agroexportador de materia prima impuesto al país por la división internacional del trabajo y el sistema capitalista mundial, no permite el crecimiento y desarrollo de la industria. En las últimas décadas, en el Paraguay se ha producido un retroceso en la participación de la industria en el PIB, a lo que podría denominarse una “desindustrialización”.

Según los datos de las Cuentas Nacionales del Banco Central del Paraguay, a inicios de 1990 la industria en el PIB era del 15 %; en los primeros años del 2000 baja al 13 %; en el 2012 sigue bajando al 12 % y para el 2013 se redujo sólo al 10 %. La industrialización de la soja es sólo el 22 % de lo producido y no del 35 o 40 % como mienten los agro exportadores. El auge que ha tenido la agro-ganadería ha ido desplazando al sector industrial. Esto indica que el país no se está desarrollando sino que está retrocediendo en su proceso de desarrollo industrial, que es el estadio superior de desarrollo al que debe aspirar nuestro país.

Extranjerización de la tierra

El proceso de extranjerización iniciado en la post guerra continúa, agudizándose en los últimos tiempos en determinados sectores, como el de la tierra, alcanzando niveles alarmantes.

Tomando en consideración a los propietarios individuales, se tiene que el 23,1 % de las tierras productivas está en manos de propietarios brasileños y de otras nacionalidades. Y esto pese a no tener en cuenta a las tierras que están en poder de las personas jurídicas, que si bien suman sólo 10.682 propietarias (3,7 % del total), tienen en conjunto el 49,5 % del total de las tierras censadas en el 2008.

Conclusión

Finalmente, según Alderete, la guerra del 70 ha sido reaccionaria, al destruir el primer y último intento que tuvo América Latina de evolución independiente hacia el capitalismo industrial, en el contexto de la formación y consolidación de los estados-naciones del siglo XIX.

«Sin embargo el pueblo paraguayo que respaldó y sostuvo aquel modelo de desarrollo, nos demostró que el florecimiento del Paraguay es posible. Los padecimientos de nuestra patria se deben no a su capacidad de recursos productivos, sino a una casta dirigente política corrupta, entreguista, anti popular y anti nacional».

“Nosotros, los paraguayos somos los descendientes de aquel pueblo que se inmoló por su patria, por su tierra, su casa, su cultura, su familia, sus bienes, sus derechos,  su mundo. Es nuestro deber, continuar la lucha contra la dominación extranjera por la que ellos han muerto y  no han podido lograr: ¡Una Patria de los paraguayos para todos los paraguayos!”, dice Alderete.



 

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