Emilio Cutillo, el pintor.

En el marco del proyecto ‘Casa Karaku en tu Casa’ se realiza la exposición virtual Tesape’a, una muestra retrospectiva de la obra de los pintores Fidel Fernández, Emilio Cutillo, Juan de Dios Valdez y Joel Riveros. Aquí, la segunda entrega del reportaje producido al respecto, entrevista a Emilio Cutillo.

Texto y fotos: Mirna Robles Armoa

Equipo de producción: Mirna Robles Armoa, Leandro Veragua, Ale Ayala Pastore.

Fue un lunes de julio, de fresco ligero de invierno. Tomamos el bus para llegar a tiempo. Con ayuda del maps buscamos la ubicación que nos indicaba. Llegamos a la calle Aparicio Figari entre Ana Díaz y Rodríguez de Francia, en los bordes del Mercado 4, un peculiar tramo en el que se suceden dos callejas, en una de las cuales se encuentra la casa de Emilio Cutillo, quien nos esperaba para conversar.

Nos recibió Nat Martínez, su pareja, quien también es pintora y que se encontraba esa tarde concentrada en una importantísima misión de intercambio; son tiempos estos en los que el trueque se ha puesto de moda como una gran novedad, a pesar de ser una de las actividades humanas más originarias. Aguardamos a Emilio que estaba terminando un trabajo en su taller. Nos acomodamos, preparamos el espacio para la grabación. Leandro ubicó la cámara y las luces, Ale conversaba con Nat de historias compartidas y conocidos en común.

Emilio bajó, en remera y zapatillas. Saludos, presentaciones, y a la grabación. Luego de verlo y escucharlo hablar, se le antoja a uno/a que los cuadros de este pintor son muy parecidos a él, impetuosos, inquietos, de ritmo acelerado. Leandro ya había dado la señal de inicio y Ale ya se encontraba dialogando con el entrevistado. En medio de la plática-entrevista Ale realizó una observación que tal vez podría tomarse como una descripción visual bastante precisa de la obra de Cutillo: “la pictórica que rompe con la línea”, le dijo, y el entrevistado se sintió conforme con esa apreciación. En la escena se veían los rulos en la cabeza de Cutillo, que parecían estar pintados como para “romper con las líneas”, y podría figurarse una conexión íntima, tal vez física, de transmutación, entre el artista y su trabajo, como si su propio cuerpo fuera causa o consecuencia, tal vez ambos, de las formas que se expresan en sus cuadros.

En archivos de internet se puede encontrar lo que parece configurar la línea temática principal de la obra de Cutillo; el plenairismo. Así denominan a la técnica de pintar al aire libre y en el instante. En los archivos hay materiales donde aparecen Emilio y Juan de Dios Valdez pintando en las calles de Asunción. Es recurrente en la descripción de Cutillo escuchar que habla de su trabajo como una bitácora visual. Posiblemente un factor que produzca fascinación por sus cuadros sea el de reconocer lugares de la ciudad que transportan por segundos hasta los espacios retratados: Las Delicias, El Bolsi, la casona de EEUU y Rodríguez de Francia, Ita Pytä Punta, imágenes de la Costanera, del Mercado, de las calles.

Para Emilio su trabajo es como un registro periodístico en instantáneas de lo que ocurre en la ciudad. Llegó a retratar la toma del colegio República Argentina por parte de los estudiantes secundarios, aquella acción que irrumpió una tarde y sorprendió a todo el país. Pasaba por el lugar y se quedó a plasmar el momento. Hace unos días publicó por Facebook una imagen del ex Cine Victoria envuelto en humareda gris.

Al igual que Fidel, Emilio Cutillo es un pintor que no viene de un estrato social privilegiado. Su forma de expresarse a veces parece irreverente, pero una irreverencia que habla desde la sinceridad.

-Yo vivo de esto- dijo total claridad, como algo sobre lo que no cabe duda alguna en él, su labor de pintor es ante todo un oficio.

Parecía burlarse cuando nos pedía que no vayamos a nombrarlo como “artista”, que ni siquiera sabe bien lo que es el arte. Sin embargo, cuando habla de la pintura se lo sentía convencido de saber al respecto. Y es patente que no sólo sabe sobre lo que habla, si no que ama eso de lo que habla.

Emilio siente una sola contradicción en su abordaje vital del oficio de pintor, la de tener que ajustar los temas de los cuadros a los gustos de venta. A veces tal vez desearía desarrollar mejor inquietudes, pareceres, ideas, pero la necesidad de vender para sobrevivir de seguro lo sitúa de seguido en el incómodo lugar de hacer cuadros a pedido, “como si fuese un local de empanadas”.

Pero aunque sean obras “a pedido como empanadas” lo que no toleraría jamás es llegar al punto en que dejara de pintar con “total amor”.

Ale y Emilio se habían cruzado tiempo atrás en Areguá y hablaron como remontados a esos años. En lugar de bajar, la temperatura parecía haberse estacionado a esa hora en que ya estaba oscuro afuera. Cerramos la grabación, ordenamos los equipos y nos quedamos a charlar otro rato con el pintor, en el corredor de la casa, puchos de por medio. Luego bajamos al Callejón A (el siguiente era el Callejón B) para retornar y la imagen de la casa que dejábamos fue, otra vez, la de un refugio de creación, como si las casas de los pintores no pudieran ser de otro modo. Caminamos por el callejón que era, que es, como un espacio aislado y en contacto a la vez con ese mundo citadino que es el Mercado 4, y seguimos caminando, cruzamos las calles de Asunción por Rodríguez de Francia y caminando volvimos esa noche a nuestras casas, casi juntos hasta el final dado que los tres somos vecinos de pocas cuadras en este recodo de asfalto, cemento, tránsito de vehículos y algo de olor de jazmín cada tanto. Yo pensaba, pienso, en la necesidad de los espacios-refugio en esta ciudad, en este país, en este mundo.

Y seguía pensando en la entrevista. Bien que me cuidé de no llamarlo artista al pintor Emilio Cutillo.

En la exposición Tesape’a podés acceder a la muestra ‘Una bitácora visual de Asunción’ en el siguiente link https://flic.kr/s/aHsmQucN1M

https://flic.kr/s/aHsmQucN1M

Video: Entrevista a Emilio Cutillo. CASA KARAKU

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