El misterioso destino de los restos del Dr. Francia

Los restos del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, fueron sepultados el 22 de Setiembre de 1840 a la una y media de la tarde, en la iglesia de la Encarnación, en un mausoleo construido para el efecto, luego de  la misa de cuerpo presente oficiada por el cura de la Catedral José Casimiro Ramírez. El mausoleo o panteón, fue ubicado al lado del evangelio, cerca de la mesa del altar mayor de dicha iglesia. A la muerte del Dr. Francia, sus antiguos enemigos como la familia Machaín, Zavala y De Peña, hicieron correr todo tipo de versiones sobre el destino de sus restos. Algunos dijeron que la familia de Juan José de Machaín y Cálcena, reo condenado por sedición, robó el cuerpo y lo tiró al río. Otros, que el cura de la iglesia Juan Gregorio Urbieta sacó el cuerpo con la ayuda de una familia y lo trasladó al cementerio de la iglesia en lugar seguro, y otro, que los Cónsules Carlos A. López y Mariano Roque Alonso, con el acuerdo del párroco, mandaron destruir  la lápida, y los restos reubicados en la contra sacristía de la iglesia. Sin embargo, la versión más aceptada, tanto por historiadores de la época como contemporáneos, coinciden en afirmar que la lápida de mármol en la que estaba inscrita el epitafio, han sido retirados por el gobierno de López y Alonso, así como el monolito y el pilar de granito que indicaban el lugar de la tumba, con el fin de protegerlo de intentos de profanación en venganza por parte de familias perjudicadas por el Dictador. Por lo tanto, existe una alta probabilidad de que los restos del Dr. Francia sigan estando en el mismo lugar originario donde fue sepultado.

Iglesia de la Encarnación. Fotografía tomada en la mañana siguiente del incendio ocurrido en 1889, sitio que hoy ocupa la Plaza de los Comuneros.

Iglesia de la Encarnación. Fotografía tomada en la mañana siguiente del incendio ocurrido en 1889, sitio que hoy ocupa la Plaza de los Comuneros.

Profanación de tumba en la  iglesia de la Encarnación

Sin embargo hay un hecho cierto. En 1870, Carlos Loizaga, miembro del Triunvirato y Sargento Mayor en la “Legión Paraguaya”, aprovechándose de su privilegiado cargo, en horas de la noche y a la luz de las velas, en forma clandestina y sigilosa, en compañía del párroco de la iglesia de la Encarnación Jerónimo Becchis ,  Juan Silvano Godoi y ayudado por dos peones, cavaron una tumba que creyeron era la del Dr. Francia. A los pocos metros de removida la tierra, aparecieron restos humanos y supusieron que los de más arriba eran los del Supremo dictador. Carlos Loizaga los mandó colocar dentro de un cajoncito de fideos llevado especialmente para el caso. Pero entre la tierra y los cascotes apareció otro cráneo que Juan Silvano Godoi se bajó a recoger y lo llevó bajo su capa. Loizaga mandó colocar la caja en un altillo de su casa. Estando en Asunción en 1876, el Dr.  Honorio Leguizamón, médico de la cañonera argentina “Paraná”, se enteró de que los restos del Dictador estaban en poder de Loizaga, a quien se los pidió ya que eran conocidos, y éste se los entregó. El propio Leguizamón relata el hecho: “Dentro de un cajón de fideos me fueron presentados los restos. Grande fue mi desencanto al encontrarme sólo con una masa informe de huesos fragmentados a martillazos. De los vestidos únicamente encontré la suela de un zapato que correspondía a un pie pequeño. Conseguí del señor Loizaga, me permitiera traer el cráneo.” Posteriormente, el Dr. Leguizamón donó los restos al Dr. Estanislao Zeballos, historiador argentino, quien a su vez lo donó al Museo Histórico Nacional de Buenos Aires.

Para certificar la autenticidad de los restos donados por el Dr. Zeballos al Museo argentino, aquel pidió al señor Carlos Loizaga que le escribiera una carta en la que certificara la autenticidad de los mismos. La carta de Loizaga decía: “Estimado Señor E. Zeballos. En 1870 siendo cura de la Encarnación el Padre Vecchi, que está vivo, yo  hice con él la exhumación de los restos del Tirano y los tuve mucho tiempo en un cajón de Fideos en mi casa y de allí saqué las reliquias que llevó el Dr. Leguizamón y Ud. tiene. El resto del esqueleto fue llevado por mí a un cementerio abierto. Abril, 17 de 1888”. De toda esta maraña de informaciones, algunas ciertas y otras sólo rumores, fueron los que cubrieron de dudas y misterios la tumba y los restos del Dr. Francia, y sirvieron de manto de olvido y desinterés  de buscar seriamente el lugar donde fueron enterrados  los restos. Es increíble que los gobiernos se hayan dejado llevar por rumores y chismes para dejar en el ingrato olvido los restos de uno de nuestros principales próceres.

Estudio del cráneo

En 1825 el Doctor Félix F. Outes, antiguo colaborador del Dr. Zeballos y eminente hombre de ciencia, hizo el examen de los supuestos restos del Dr. Francia, al cabo del cual publicó un extenso informe, del cual extraemos las partes más importantes que comienza diciendo: “Los restos donados al Museo Histórico Nacional, comprenden una calota craneana incompleta, una porción de careta facial y una mandíbula en malas condiciones de conservación”. En su parte conclusiva señala el Informe que, “En primer término, la calota craneana, por su carácter morfológico y particularidades anatómicas, pertenecen a un individuo de sexo femenino, a lo sumo de 40 años, y que con mucha probabilidad no era un europeo, y parece ser propia de numerosas agrupaciones indígenas sudamericanas. Entre la calota y la careta facial, no existe vinculación alguna. Prescindiendo de los caracteres que ofrece ésta última, resultaría vano todo esfuerzo de reconstrucción valiéndose de ambas piezas, pues en los dos existe exceso de frontal. Ello demuestra, prima facie, que corresponde a dos individuos”. La mandíbula por último, es de un niño que, al morir, conservaba la totalidad de su dentadura de leche, por lo que pertenecería a un niño de menos de seis años”. Y termina el informe con una valoración lapidaria: “Las particularidades de diversas especies que ofrecen los restos referidos, como el análisis crítico de los mismos antecedentes expuestos, evidencian, en forma terminante, que no pertenecen al cadáver del célebre Dictador paraguayo”. Todo hace suponer que Loizaga desenterró una fosa común, y que en la oscuridad de la noche extrajo de la misma restos que no pertenecían al Dr. Francia, profanando tumbas de otras personas.

Edgar L. Insfrán y la opinión de los historiadores nacionales sobre los huesos

En 1960, el Instituto de Numismática y Antiguedades del Paraguay, remitió una nota al entonces Ministro del Interior Edgar L. Insfrán para que iniciara gestiones tendientes a reincorporar al patrimonio nacional  las piezas óseas del Dr. Francia, que se hallaban en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires. Insfrán remitió notas a varios historiadores nacionales del momento, solicitándoles su opinión sobre la petición que se le hacía. El historiador Julio César Chávez contestó: “Primero, desde el punto de vista histórico no hay pruebas de que los restos depositados en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires, hayan pertenecido al Dr. Francia, y, segundo, desde el punto de vista científico está probado que dichos restos no pueden ser de los del Dictador”.

El historiador Manuel Peña Villamil, en forma elocuente observa el proceder del señor Loizaga: “a) No obró guiado por un serio e imparcial espíritu de investigación histórica sino impulsado por la pasión política; b) no se apoyó en ningún examen  pericial idóneo que descartara la posibilidad de un error acerca de los restos que exhumaba, ya que en el sitio existían otros despojos humanos que posibilitaban la equivocación; c) no manifiesta en su versión documental de qué medios se valió para la identificación ni que hallara entonces alguna prueba que pudiese corroborar la autenticidad, tal como restos de vestiduras, alhajas, distintivos u otros efectos que hubieran pertenecido al Dr. Francia; d) No indagó sobre la falsedad o veracidad de la versión que corría en esa época, acerca de la anterior remoción de los restos del Dictador sepultados originariamente bajo el altar mayor de la iglesia”, concluye la nota. Por su parte, el historiador R. Antonio Ramos contesta a la nota de Insfrán expresando que los restos óseos de Buenos Aires, no pertenecen al Dr. Francia. El historiador Marco Antonio Laconich rechaza la autenticidad de los restos óseos y duda de que se haya producido el traslado de los restos de su lugar original. El Tte. Cnel. Cab. Director del Instituto de Historia y Museo Militar, Manuel Cháves, también duda de que los huesos hayan pertenecido al Dr. Francia.

Luego de las opiniones de estos historiadores, Benigno Riquelme, “en nombre y  representación de las más altos centros de estudios históricos de este país”, remitió notas a las Universidades de Harvard, Yale y a Smithsonian Institution, solicitándoles hacer un estudio de los restos óseos presuntamente pertenecientes al Dr. Francia. Harvard acepta pero solicita que se les envíe los huesos; Yale contesta que no le era posible y Smithsonian responde que puede es posible hacer el estudio y que se les envíe los restos, pero con todos los gastos de traslados de ida y vuelta costeados por el solicitante. Probablemente Benigno Riquelme envió las notas por indicación de Edgar L. Insfrán, ante la inconveniencia de dirigirse éste último en representación del gobierno, por ser una dictadura. Por otro lado, el médico paraguayo Pedro Peña, quien examinó los restos en el Museo de Buenos Aires, publicó una carta en el diario “La prensa” de dicha ciudad, el 1° de febrero de 1898, expresando serias dudas sobre la autenticidad de dichos restos. Finalmente, los restos óseos no fueron enviados a aquellas instituciones y ahí terminó el propósito de traer los huesos al país. Las opiniones de los historiadores citados y las notas de Benigno Riquelme, fueron publicadas por el Ministerio del Interior en 1962.

Partes del cráneo atribuido al Dr. Francia, obrante en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires. Fotografías contenidas en la publicación del Ministerio del Interior, las cuales fueron por cortesía del señor Gill Aguínaga.

Partes del cráneo atribuido al Dr. Francia, obrante en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires. Fotografías contenidas en la publicación del Ministerio del Interior, las cuales fueron por cortesía del señor Gill Aguínaga.

El lugar donde estarían los restos del Dr. Francia

El médico francés Alfred Demersay, vino al Paraguay en 1845, 4 años después de la muerte de Francia y tuvo una relación estrecha con Don Carlos A. López, y se documentó para escribir su libro titulado,  “El doctor Francia, Dictador del Paraguay” en 1856. En el mismo expresa que es cierta la desaparición del mausoleo, como consecuencia de órdenes de los Cónsules. Pero en cuanto al traslado de los restos, afirma que sólo eran rumores y que los Cónsules rechazaban toda idea de profanación. Por lo tanto, es su creencia de que los restos no fueron movidos de su lugar original. Otro personaje de la época es el ingeniero militar húngaro Francisco Wisner de Morgensten, quien vino al Paraguay invitado por Francisco Solano López, quien le encomendó escribir sobre el Dr. Francia, lo que no pudo terminar por causa de la guerra, pero se publicó un apunte   en 1863, con el título “El Dictador del Paraguay, José Gaspar de Francia”. En el mismo, Wisner afirma que “la migración de sus despojos profanados por el odio o la venganza, no se produjo”. De esta forma Wisner afirma que los restos del Dr. Francia seguían estando en su lugar de origen.

El mausoleo de la iglesia tenía inscripta el siguiente epitafio grabado en mármol que decía: “Por mandato/De la/Exma. Suprema Junta Gubernativa/Hoy 20 de setiembre de 1840/aquí yace el Dictador/para memoria y constancia/de la Patria vigilante defensor/Doctor Don José Gaspar Rodríguez de Francia”.

En cuanto a los historiadores nacionales que fueron consultados  por Edgar L. Insfrán sobre los restos del Dr. Francia, hay disparidad de criterios: Julio César Chávez dice que los restos permanecen en el lugar originario donde fueron sepultados, aunque no descarta que pudieron haberse trasladados; Manuel Peña Villamil recoge las versiones de los traslados pero tampoco descarta que los restos hayan podido permanecer en el lugar original; R. Antonio Ramos cree que los restos fueron trasladados a otro lugar; Marco Antonio Laconich duda del traslado de los restos; Juan E O´leary no se pronunció al respect, como  tampoco lo hizo el Tte. Coronel Manuel Chávez,  y Benigno Riquelme cree que los cráneos que están en el Museo de Buenos Aires son auténticos y que los restos habrían sido trasladados en el lugar donde los levantó Carlos Loizaga.

Conclusión

Wisner y Demersay creen que los restos del Dr. Francia no fueron sacados del lugar original donde fueron sepultados, lo mismo que varios historiadores nacionales, entre los que se citan precedentemente. Por otro lado, el cráneo hurtado por Carlos Loizaga y obrante en el Archivo Histórico Nacional de Buenos Aires, no pertenecen al Dr. Francia, conforme a los estudios científicos e históricos que se hicieron del mismo. Por lo tanto, existe una alta probabilidad de que dichos restos aún permanezcan en el mismo lugar original donde fueron sepultados, es decir, al lado del evangelio, cerca de la mesa del altar mayor de dicha iglesia de la Encarnación (incendiada en 1889), hoy Plaza de los Comuneros, sito en la calle 15 de Agosto y Av. República, frente a la actual sede de la Cámara de Diputados.

Nunca, ningún gobierno se preocupó de investigar el lugar de los restos del Dr. Francia, signada por la indiferencia y el olvido, tal vez causada por las versiones, la mayoría de ellas fantasiosas que dieron por desaparecido los mismos. No se perderá nada si el gobierno realiza una investigación seria al respecto, tal vez sólo un poco de esfuerzo y  dinero. Pero si los trabajos investigativos dan con los restos de nuestro prócer, sería de gratitud, reconocimiento y justicia con quien fue uno de los pilares sobre el que se fundó la República del Paraguay, junto a los otros próceres. Por ello, el gobierno o el Congreso Nacional deben constituir una comisión especial para tal efecto, y convocar a la Academia Paraguaya de la Historia, al Instituto de Investigaciones Históricas Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia y a otros estudios del tema, a fin de hacer una recopilación de todos los documentos, la bibliografía, y con la ayuda de expertos y especialistas, hacer una reconstrucción de la iglesia y de su interior, para ubicar el lugar original de la tumba y si se encuentran, realizar los trabajos de exhumación para llevar los restos del Dr. Francia, en el lugar donde los paraguayos y paraguayas guardamos a nuestros héroes y les rendimos honores: el Panteón Nacional de los Héroes.

Comentarios

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1 Comentario
  • Avatar
    chiqui avalos
    Posted at 13:19h, 06 junio Responder

    Loizaga tenia que ser.Legionario y profanador de la tumba del Dr. Francia. Que se puede esperar de este descendiente suyo,canciller, entregador de YACYRETA a su verdadero pais de origen?.

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