“El Hombre que enterró a Hitler”, una historia de su sepultura en Asunción

Alguien que convivió con nazis desde niño puede vivir en una especie de temor silencioso. A pesar de ello, siempre hay una oportunidad para el coraje humano. Para “Don Fernando” el personaje central del libro, fue insoportable ver la continuidad del racismo nacionalsocialista prolongarse en el discurso de su propio nieto. Así que fue hasta un periódico de su barrio en el gran San Pablo y le contó a un periodista lo increíble: Hitler fue enterrado en la capital paraguaya y él lo presenció. Conversamos con Marcelo Netto, coautor de este thriller de aventuras basado en una información real que sigue sorprendiendo.

Por Jorge Zárate

“En agosto de 1945, Hitler llegó a Cambé, una colonia rural alemana antes llamada Nueva Dantzig, situada en el estado de Paraná, cerca de Londrina. Allí vivió, entre idas y vueltas, cerca de 10 años –huyendo al final de 1955 para el Paraguay. En febrero de 1971, moriría a los 81 años, muy probablemente en la Patagonia argentina a pocos kilómetros de la frontera con Chile.

Cerca de dos años después, sus restos mortales fueron trasladados para Asunción, en el Paraguay, donde ocurrió una ceremonia de sepulcro el día 1 de enero de 1973. Cuando muchos perdieron la vida en un combate insano, el dictador vivió para ver al hombre caminar en la Luna y al Brasil de Pelé ser tricampeón de fútbol”

Esas frases del reporte de un periodista devenido informante, es el corazón de la novela “El hombre que enterró a Hitler”, editada en noviembre pasado en Brasil por sus autores, Marcelo Netto y Aldo Gama.

“Nos pareció que la forma novelada era la manera más amable de contar esta historia que se basa en hechos reales y documentados”, cuenta Netto desde San Pablo.

Periodista de oficio, recuerda aquellos días de 2012 en que acompañado de un colega, llegaron a Asunción para corroborar si existía el bunker en el que “se había sepultado al führer”, tal como lo escuchó de su fuente, un sargento retirado del ejército brasileño.

Fernando Nogueira de Araújo, es “El Hombre que enterró a Hitler” que según entiende Netto fue “testigo de ese hecho como un premio a su silencio, a no haber contado nunca que el padre de su amigo Haroldo, que fue su compañero de banco en una escuela de Londrina, era un nazi”, considera Netto.

Un episodio de racismo con su propio nieto lo decidió a contar la historia. “El niño le preguntó por qué él era blanco y no tenía los ojos azules, si su raza era impura”, recuerda Netto del que supone el disparador de la historia del segundo sepulcro de Adolf Hitler en Asunción en 1973.

De esa ceremonia participaron unas 60 personas reunidas en los al menos dos subsuelos de un bunker. El ataúd fue metido en un lugar en el sitio más profundo y después fue emparedado con hormigón, de acuerdo al testimonio de Fernando que guía la novela.

“Llegamos a hablar con gente del gobierno de (Fernando) Lugo en 2012, pero penosamente tres semanas después sufrió el golpe de estado que lo derribó y ya no insistimos en averiguar si había alguna manera oficial de corroborar la existencia de ese edificio subterráneo”.

De acuerdo a lo que investigaron Netto y equipo, se trataría de una locación ubicada en las primeras cuadras de la avenida España, en terrenos donde entre otros edificios existe un hotel que tendría vínculos con una entidad alemana heredera de la que fuera la “Ayuda Social Germano Paraguaya”.

En la novela, con un ingenioso sistema de código se revela la ubicación exacta, aunque debe reunirse la clave a través de las páginas del libro y luego colocarla en el Google Maps, por ejemplo.

“No lo revelamos porque podría tener eventuales consecuencias judiciales para nosotros, que hacemos esto sin fines de lucro. La gente puede encontrar el lugar en el libro”, dice el autor.

“Fernando asegura que estuvo allí y en 2011 se pidieron autorizaciones para reformas en el lugar. En el 2014 salió el libro del periodista argentino Abel Basti que reveló ya lo que contó Fernando y hasta el momento hemos visto que ninguna autoridad paraguaya se interese en el tema”, agregó. “En 2019 escuchamos que estaban intentando vender una propiedad de la zona. Puede ser que hayan sacado el ataúd de allí, pero es imposible destruir un bunker. Hoy día, si ahí se hace una revisión, entendemos que tiene que estar todavía”, apuntó.

Fernando Nogueira de Araújo

La fuente, la amistad

Netto conoció a “El señor Fernando”, la fuente de toda la investigación en el 2007. “Este señor tuvo un amigo de infancia que se llamaba Harold Ernst (Haroldo Ernesto). Este chico era el hijo de un guardaespaldas de Hitler (especulan que sería Bruno Gesche). Según nos contó, el niño les mostró su uniforme, su pistola Luger, el brazalete nazi”, comentó. “Si mi papá se entera me mata”, le habría dicho en ruego sellando una complicidad que tardaría años en romperse.

La amistad se vio interrumpida por un hecho histórico.

“Lott le dio una patada en el culo al Führer”, cuenta Netto que le escuchó decir Don Fernando a un viejito nazi brasileño que rememoraba aquellos días de fines de 1955. Fue cuando el mismísimo Juscelino Kubistchek, envió al general Henrique Batista Duffles Teixeira Lott a darle un ultimátum a Adolf Hitler y seguidores que vivían en Nueva Dantzig, una colonia rural alemana que hoy se llama Cambé.

“Así, cerca de 600 personas dejaron la colonia en diciembre de aquel año (1955), antes de la asunción de Juscelino que se dio el 31 de enero de 1956. Cerca de 400 siguieron al líder al Paraguay y otros 200 vinieron para el barrio Cidade Dutra en San Pablo”, reporta el personaje que hace de informante en la novela.

Esto ocurrió una semana antes de la navidad de 1955.

A partir de allí, Fernando siguió escribiéndose con Haroldo. Remitía las cartas que enviaba generalmente para Navidad a la dirección de la “Ayuda Social Germano Paraguaya”.

A fines de 1972, Fernando que ya era sargento del ejército brasileño recibió a un tal a Paulo Corenchuck, que estaba ligado a la Misión Nuevas Tribus, que se le acercó en Manaos para decirle que Haroldo lo invitaba a un evento especial, a él y su esposa, en la capital paraguaya con los gastos pagos.

Lo único que le pidieron es que fuera de uniforme. Y fue así que el testigo accede al evento como un invitado especial de su antiguo amigo al que, sin embargo, no encuentra en la ceremonia.

Todo indica que Haroldo se había convertido en una autoridad entre los nazis sobrevivientes y que la invitación operó como un premio, pero también como una manera de reatar ese pacto de silencio con el amigo de la niñez.

Huida Nazi

En 1928 se funda el Partido Nazi en nuestro país en Colonia Independencia y más o menos por la misma época pasa lo propio en Brasil:  “Locura o no, es un hecho que entre los años 1928 y 1938, Brasil fue sede del mayor partido nazi fuera de Alemania… Oficializado en 1928 y declarado ilegal en 1938, el partido Nazi en las tierras tupis llegó a contar con 2.900 miembros y actuar en 17 estados brasileños con destaque en Paraná, Santa Catarina, Río Grande do Sul, San Pablo, Rio de Janeiro, Minas Gerais, Pernambuco, Bahía y Pará.  Inclusive en un determinado momento Hitler llegó a declarar: “No vamos a desembarcar tropas y conquistar el Brasil con armas en la mano. Las armas que tenemos son invisibles”. , expone el personaje del informante.

La historia da cuenta del avance alemán en el continente desde principios del siglo XX, los planes nazis de apropiación del cono sur de Sudamérica y finalmente la huída nazi que se da en estos territorios.

Todo aparece en un libro a punto de ser traducido al español y al inglés, que tiene los ingredientes necesarios para llegar a ser película o serie, en estos tiempos que favorecen este tipo de producciones. Sin embargo, durante mucho tiempo la idea fue hacer un documental: “Inclusive lo estudiamos con Walter Salles, el director de Diarios de Motocicleta (2004), la película que recrea el viaje iniciático del joven Ernesto “Che” Guevara por Latinoamérica.

Netto describe una realidad, hay más de 200 investigadores que ayudaron a consolidar la hipótesis de la sobrevida del líder nacionalsocialista desde la publicación de “El escape de Hitler”, de Patrick Burnside, seudónimo de Patricio Scaramucci, el italiano que comenzó a revelar esta asombrosa hipótesis.

“La gente común es la que testimonia en Latinoamérica su presencia en diversos países. Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay, Perú, etc. ¿Por qué no creerle a la gente sencilla? Es un tema a investigar ese…”, cuenta recordando testimonios que le hicieran a él, o los que recolectó el argentino Abel Basti, dice ejemplificando.

Netto dice que lo importante es que la verdad salga a flote, siguiendo la máxima de Carl Bernstein, el famoso periodista del caso Watergate: “El reportaje es la mejor versión de la verdad que se puede obtener”.

Sin embargo, el mundo parece querer olvidar: “La oficina central de investigación de Crimenes del Nacionalsocialismo, según publicó hace poco el diario inglés The Guardian cerrará sus puertas en 2025”, recuerda Netto que le escribió varias veces intentando generar interés de los burócratas en esta historia.

“Nuestra intención es que esta sospecha sea esclarecida, sería bueno que se pueda investigar, que se tenga acceso, nos gustaría que las autoridades tomasen la iniciativa de una manera legal. Sabemos que personas influyentes del Paraguay pueden intentar bloquear esta investigación ya que los hechos se desarrollaron bajo la dictadura de Alfredo Stroessner, pero aquellos que quieran investigar esto pueden requerir que se llegue hasta el búnker y se trate de comprobar”, pide.

Marcelo Netto

Cosas ciertas

Aquí un fragmento revelador consignado en “El Hombre que enterró a Hitler”: “Los aliados saben que Hitler escapó. Con el suicidio, Hitler también escapó de la Corte de Nuremberg evitando que haya proceso judcial, ni orden de registro y captura en su contra.

Se estima que al menos 8 submarinos hicieron el Cruce del Atlántico a Sudamérica entre Mayo y agosto. El comandante del U-977, que vendría a rendirse a los argentinos el 17 de agosto ese mismo año, afirma que el viaje a Mar del Plata duró 99 días, saliendo de Bergen, en Noruega, en un viaje de 7.644 millas náuticas (14.157 km). Heinz Schäffer también dice que el U-977 inició un viaje de inmersión en modo «Schnorchel» continuo, 66 días, del 10 de mayo al 14 de julio de 1945, y que el submarino solo se detuvo en Cabo Verde para un breve descanso, completando el resto del viaje alternando pasajes superficiales y sumergidos. El crucero brasileño Bahía, según versión oficial, se hundió el 4 de julio debido a un accidente, pero existe la sospecha de que se hundió solo por el U-977 que huía.

Un mes antes, otro submarino alemán, el U-530, ya había también había llegado a Mar del Plata, Argentina, y entregado a las autoridades locales – o recibido por ellos, según quien cuenta la historia. Entonces se especula sobre por qué esos submarinos estaban en el mar meses después de que terminara la guerra.

Dos embarcaciones brasileñas que estaban patrullando como el Bahía, capturaron en sus instrumentos el paso de los navíos nazis, arrojándose sobre ellos bombas de profundidad. El evento fue confirmado, en ese momento, por el comandante de la Fuerza Naval de la Noreste, almirante Soares Dutra.

Aldo Gama

Se documenta la existencia de colonias nazis durante este período en varias regiones de Brasil, siendo la más grande y activa ubicada en la región Sur del campo.

Luego de desembarcar en la Patagonia Argentina, y pasar unos días en Bariloche, la seguridad del líder alemán concluyó que a causa de la vasta extensión territorial, poblaciones remotas y de difícil acceso y la simpatía por la causa demostrada por el gobierno de Getúlio Vargas, que Brasil sería un gran lugar para quedarse mientras planificaban estrategias de acción”.

 

 

 

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