“El escritor es un observador de su tiempo y espacio”. Entrevista a Sebastian Ocampos.

Entrevista de Arístides Ortiz

Sebastian Ocampos es un escritor que recientemente presentó su primer libro, Espontaneidad,  una colección de cuentos bien asuncenos. Parte de una generación de narradores definitivamente urbanos, influidos por internet y de lectura voraz, Ocampos habla en esta entrevista de su libro, de la literatura y de otros escritores paraguayos y extranjeros.

—Sebastian: Espontaneidad es tu primer libro. ¿Cuánto tiempo expresa su publicación en términos de proceso, de ensayos de estructura, de técnica narrativa, de corrección?

Espontaneidad es un resumen de diez años de cuentos. El primer cuento, que da título al libro, fue escrito en el último tramo de mis 19 años. Escribí otros antes de ese cuento, en los que ensayé varios modos narrativos, en busca de estructuras contemporáneas, no clásicas, que me permitiesen narrar las historias que me interesaban y aportar algunos valores estéticos a la historia del cuento, género en el que casi no se abordan nuevas formas…

sebastian ocampos espontaneidad—Contame cómo es el proceso de creación literaria de Sebastian cuando va a escribir.

—Mi proceso se cimienta en la lectura diaria de cuentos desde los 18 años, cuando decidí ser escritor. En un primer momento, aún sin tener un criterio cuentístico, esa lectura me permitió escribir cuentos de forma espontánea: un detalle de la realidad me llamaba la atención hasta el punto de que imaginaba de inmediato una historia y simplemente la escribía. Tras años de práctica, ya con cierta capacidad de análisis, mantuve esa forma de escribir, con la diferencia de que unos temas existenciales de la realidad son los que me mueven a escribir cuentos (por ejemplo, en los últimos que escribí, luego del libro Espontaneidad, los lectores se encontrarán con la xenofobia, la violencia criminal ocultada en el país, la dificultad de ser coherente, la mediocridad artística como un lujo, la manifestación de la conciencia en los sueños, los celos condicionados…). En menos palabras: mi proceso de creación literaria es así: cuando tengo el cuento en la cabeza, escribirlo me toma solo un par de horas de una madrugada. Luego lo corrijo unas veces, ya sea una noche, una semana o un mes más tarde. Y al final, antes de la publicación, recibo las opiniones de la gente lectora que respeto.

—Hay una diferencia importante entre las generaciones de escritores de 30 años como vos y los más viejos: ustedes no vivieron el clima político y social cerrado del stronismo. ¿Cómo influyó este hecho en tu literatura?

—De cierta manera, tienes razón: como solo tenía cinco años cuando llegaron al acuerdo de mandar a Stroessner fuera del país, no tengo ningún recuerdo de ese cerrado clima político y social. Pero ese clima se mantuvo en las vidas de las personas que lo sufrieron y en la sociedad y la organización sociopolítica y económica, hasta ahora, con unas pocas diferencias fundamentales. Y yo conocí ese clima gracias a las historias de mucha gente querida que sufrió la dictadura, como mi tío Celso Ávalos Ocampos, quien debió exiliarse en otros países por ser un perseguido político. Entonces la diferencia importante entre mi generación y las generaciones anteriores es que no sufrimos directamente la dictadura; la sufrimos —quienes la sufrimos, claro, porque muchos otros se beneficiaron con el stronismo— indirectamente, lo que me permitió escribir —para ser auténtico, no falso— desde la perspectiva del narrador que cuenta las historias de otros personajes. Esa diferencia importante también influyó en la mayor publicación literaria en el país, sobre todo en Asunción. Gracias a eso, los interesados en las letras tuvimos más libros a disposición, algo imprescindible para ser escritor.

—Los referentes más emblemáticos de la literatura paraguaya han escrito, fundamentalmente, sobre el mundo rural y sus protagonistas campesinos y campesinas. Cito a Roa Bastos, Casaccia y Villagra Marsal. ¿Tu generación se ha desmarcado algo, poco o mucho de este espacio físico y cultural en sus escritos?

—El escritor es un observador de su tiempo y espacio. Por lo tanto, era inevitable que Casaccia, Roa Bastos, Villagra Marsal y otros escribieran sobre el mundo campesino, pues en ese entonces era el mundo preponderante en el Paraguay, un mundo que fue destruyéndose con mucha violencia en las últimas décadas en varios países, más en el nuestro, violencia que por cierto apenas ha sido expuesta por el periodismo y la literatura. Los escritores menores de cuarenta años nos desmarcamos de ese espacio físico y cultural porque simplemente nuestro espacio es otro, distinto. Y escribimos sobre lo que conocemos.

—¿Pueden considerarse urbanos tus cuentos?

—Sí, de los diecinueve cuentos del libro, dieciocho son urbanos y uno es rural, chaqueño, para ser más específico, solo porque el protagonista no encuentra un trabajo mínimamente digno en la ciudad donde vive su familia, Asunción, que es el territorio principal del libro. Es la ciudad en la que nací y viví prácticamente toda mi vida. También se menciona a Aregua, pero solo porque los personajes, en el futuro distópico que les toca vivir, deben abandonar la capital paraguaya en busca de una vida mejor. En otros cuentos no menciono el nombre de la ciudad porque son historias que pueden vivirse en cualquier ciudad del mundo y para que cada lector las ubique donde quiera.

Libro de cuentos ilustrado de Sebastián Ocampos.

Libro de cuentos ilustrado de Sebastián Ocampos.

—¿Por qué son urbanos?

—Porque las historias transcurren en las ciudades, sobre todo en Asunción, como lo dije. La capital paraguaya es desde hace décadas una metrópolis que permite una diversidad de formas de vida, más individuales que comunitarias, en la que los personajes viven sus dramas sin preocuparse de los demás. Esto es notorio en los cuentos cuyos protagonistas son adolescentes o jóvenes. Por supuesto, también hay otros cuentos en los que los personajes son solidarios entre sí y hacen lo posible para ayudarse a sobrellevar ciertas situaciones trágicas. La vida en las ciudades es muy compleja. Y me parece que el libro refleja eso.

—¿Cómo influye  internet en la literatura de hoy?

—Influye en muchos aspectos, desde la forma de escribir hasta la forma de leer. Nunca hubo tantas obras a disposición de tantos lectores. Influye directamente en mi decisión de continuar viviendo en el Paraguay, pues una vida literaria sin conexión a internet —sumado a mi situación financiera del día a día— sería impensable para mí. Gracias a internet, puedo leer los últimos libros de los autores que me interesan; puedo comunicarme  con escritores, críticos y lectores sin importar la distancia geográfica e incluso idiomática; y puedo escribir, publicar y ofrecer mis libros en las librerías virtuales sin depender de la industria editorial multinacional, que solo busca producir libros best seller, desechables, olvidándose en casi todos los casos del rigor literario. En síntesis, internet es una herramienta importantísima para las personas que valoran el conocimiento y buscan mejorar individual y colectivamente. Lo difícil es lograr esa valoración en los países como el nuestro, en los que esta herramienta se usa solo para el entretenimiento estéril, la pérdida de tiempo, la evasión de la realidad.

—Dame el nombre de un escritor paraguayo que haya influido en vos.

—Son varios. Empecemos con la pluma de Barrett. Sin él, la literatura del Paraguay no sería la misma. Continuemos con Roa Bastos, cuyas novelas y cuentos son clásicos en los sentidos descritos por Ítalo Calvino. Luego se encuentran Gómez Sanjurjo y Maybell Lebron, ambos con sus labores poéticas, de una belleza intimista que me asombran y conmueven cada vez que vuelvo a leerlos.

Otro de culto a nivel global.

No lo llamaría de culto. A quien releo cada cierto tiempo, sin que me defraude en las nuevas lecturas, es a Milan Kundera. Ahora, por ejemplo, leemos El telón —su penúltimo libro de ensayos sobre la novela— con los participantes del Taller de Escritura Semiomnisciente, que dirijo todos los sábados en el Centro Cultural Juan de Salazar. A quien también busco leer, más que a otros, es a Philip Roth, un amigo estadounidense del escritor francocheco.

—Dos nombres de escritores o escritoras de tu generación cuyos trabajos valorás.

—Permíteme mencionar nombres de autores de una generación mayor que la mía. Javier Viveros ha dado un salto de calidad con el libro de cuentos Manual de esgrima para elefantes. No en vano lo publicaron en Barcelona y Buenos Aires. También me parece interesante la prosa cuidada, con pinceladas poéticas, de Rolando Duarte Mussi y Juan Ramírez Biedermann. Y si bien valoro el trabajo literario de algunos autores de mi generación, los mismos aún se mantienen inéditos.

—Por último, Sebastian: ¿qué opinás de Espontaneidad a unos meses de su presentación? ¿Qué opiniones ya recibiste?

—Yo estoy lo suficientemente satisfecho con el libro como para mostrarlo sin mayores pudores a los escritores que respeto y admiro, como Mempo Giardinelli, con quien tuve la suerte mantener un diálogo abierto al público en la Libroferia Asunción 2015. Él, al igual que otros lectores de envidia, dijo que lo leería con gusto. Y hasta ahora —de seguro porque aún no recibí ninguna diatriba disfrazada de crítica literaria— he sobrevivido con una sonrisa de felicidad a todas las opiniones.

 

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