Cómo olvidar el país, la tierra y sus olores

En los textos principales de Rubén Bareiro Saguier todo huele a tierra, a vino del exilio y a la imperiosa necesidad de sanar el pasado.

Rubén, en su biblioteca. Una imagen que muchos de sus visitantes recuerdan.

Rubén, en su biblioteca. Una imagen que muchos de sus visitantes recuerdan. Fuente: La Obra de Rubén Bareiro Saguier y su relación conlos DD.HH.

Me enteré de la muerte de Rubén Bareiro Saguier cuando Eulogio García le dedicó el primer tema de Trueno, durante el festival por la huelga general y la liberación de los presos de Curuguaty. Pensé que lo de Eulo, poeta, era alguna especial retribución a la amable, cálida y vasta figura de Rubén. No, «Rubén Bareiro falleció hoy», comentó Pachín Centurión, antes de subir al escenario a darle ese punto de fuga maravilloso al festival con Carlos Cáceres y Ricardo Flecha. Concentrado con mis compañeros organizadores en los detalles mínimos del encuentro, la noticia fue un destello más de la pirotecnia que a las 24.00 acompañaría el lanzamiento oficial de la huelga general. Le hubiera gustado seguramente participar de ese destello, conjeturé después, mucho después, menos aferrado a la huelga y más metido en la rutina de comer, dormir, trabajar y acunarme en los ojos de Zenit. Pero aun así, la muerte de Rubén Bareiro Saguier no encarnaría tan metálicamente en mi memoria quejumbrosa hasta que el compañero Miguel Armoa me solicitara escribir un trazo sobre Rubén Bareiro. Acepté la propuesta sin saber ni remotamente por dónde comenzar ni qué decir. De él solo recordaba esa figura amable con el pucho sujeto a los flacos dedos, el vino siempre al alcance de la mano y ese aire de desterrado impenitente que vaga el mundo desafiando al olvido.

Eulo me recordó este verso: “Tierra de tierra adentro/ de tristeza adentro/ tierra terrible/ ni siquiera puedo poner tierra entre nosotros/ o echarte tierra encima/ porque me estás doliendo siempre/ me estás sangrando a mares que no tuve/”

Ojo por diente

Lo que en el mundo de la escritura le significara alta distinción, el premio “Casa de las Américas” a su cuento “Ojo por diente” le significaría en su patria la expulsión del régimen de Alfredo Stroessner.  “Ojo por diente fue premiado en el prestigioso concurso de la Casa de las Américas, La Habana, en 1971. El autor, sin ninguna desconfianza viajó a su país en 1972. Allí fue apresado y arrojado a la siniestra celda, con cuatro reflectores prendidos noche y día, en la Dirección de Investigaciones, sometido a absurdos y pesados interrogatorios”, nos cuenta la contratapa de la edición de “Ojo por diente”, Servilibro, 2006.

“En ojo por diente”, Bareiro Saguier había cometido el grave error de fabular sobre la arbitrariedad de los poderes locales, del juez, del comisario, de los terratenientes. En este relato todo un pueblo es acusado por el juez de paz de cuatrero, menos los poderosos. Claro que la reacción del régimen no vino solo por la fábula, sino por la procedencia del premio: Cuba.

Por esos tiempos, el régimen e Alfredo Stroesner encarnaba una figura monstruosa del régimen de Fidel Castro. Ya estaba determinado que las personas con barba eran comunistas y las que llevaban pelo largo eran putos. Incubaba la proto estética fascista que hasta ahora sangra, garrotea y delinque en el cuerpo, en la moral y en las arcas del pueblo.

Fuente: Rubén Bareiro Saguier y su relación con los Derechos Humanos

Fuente: Rubén Bareiro Saguier y su relación con los Derechos Humanos. Víctor Jacinto Flecha.

Algo genera el exilio en la memoria que la vuelve implacable.

“Me canso de soñarte y no amanece/ no porque los gallos canten clarean tus ojos/ ni mi esperanza”.

Leamos lo que Mario Benedetti escribe, como palabras preliminares, en el libro “Caminando al Andar”, 2001, Arandurâ Editorial: “Ahora que Rubén Bareiro Saguier puede pisar otra vez su tierra, atravesar libremente sus fronteras de realidad y de palabra, quizás podríamos pedirle que nos cuente cómo cantan, en cualquier amanecer, los gallos de su patria. Y sobre todo, si cantan en castellano o en guaraní”.

A Benedetti no le termina de sorprender el apego de Bareiro Saguier a su patria y a la lengua madre, el guaraní. No porque Saguier escribiera en guaraní, sino cómo el mundo guaraní lo inunda todo en su prosa y en su poesía.

“Como lo ha señalado Roa Bastos en su prólogo, Rubén Bareiro Saguier completó, por así decirlo, este proceso de incorporación del veneno subyacente del habla guaraní en las formas de la lengua culta”, señala en ese mismo libro Benedetti.

Benedetti explora en su “A la víbora de la mar” para reforzar esta idea. Acá un verso cortito de esa colección que tal vez nos traslade con más precisión a esa idea de la tierra y el mundo rural guarani: “Amenazo/ el viento huele a leño/ abro los ojos y caerá la lluvia”.

Benedetti infiere que Rubén le pide ayuda a la lengua madre para recuperar su sentido de orientación cuando dice: “Préstame el camino/ para pisar mi nombre/ para pisar mi sombra/ para pisar mi sangre/ para pisar mi tierra”.

Rubén murió el martes 25 de marzo de 2014, a los 84 años.

A su regreso al país luego de la dictadura stronista, se puso como prioridad jerarquizar el habla y el mundo guaraní. Su participación en la Asamblea Nacional Constituyente (1991) “fue determinante para que el guaraní sea declarado idioma oficial”, sostiene el trovador Angel Pachín Centurión, hasta hace poco secretario general del Centro Paraguayo del Teatro (CEPATE).

Estudios y obras

Uno de los rostros más conocidos de Rubén, tanto en sus obras como las que sobre él se escribieron.

Uno de los rostros más conocidos de Rubén, tanto en sus obras como en las que sobre él se escribieron.

Según el propio Rubén, sus estudios más definitivos  son, quizá, los que “hice en mi infancia, en mi pueblo (Villeta)”, pero destaca, en sus estudios de Letras, el hecho de haber tenido profesores como  Viriato Díaz- Pérez y Mariano Morínigo. A más de terminar Letras y Derecho, en la Universidad francesa “aprendí el rigor analítico, las exigencias científico metodológicas y la sensibilidad humanista”, cuenta el propio Rubén en el libro “Camino al Andar”.

Cuenta en su andar con 21 obras publicadas, entre investigaciones, crítica, prosa y poesía. Ya a sus once años recibe el saludo de la intolerancia y la arbitrariedad. Lo llevan preso, lo ubican en la ventana de la comisaría de Villeta como una forma de escarnio por la filiación liberal de su padre. Era 1941, había ya arribado al poder el general Higinio Morínigo. Se preparaba el escenario de la guerra civil de 1947, de la que él rescata varios episodios en sus cuentos.

Hombre de mundo, de haber viajado por Estambul, Nueva York, Viena, Budapest, Venecia, París, Quito…, ha dicho alguna vez que en “el frío camino/ se me sube a los huesos/ por los hoyos del cuero/ que calca en cada suela/ la forma exacta de mi patria”.

Cerremos este trazo fugaz con una pintura de Victor Jacinto Flecha: “En efecto, para Bareiro Saguier, la escritura funciona como acto de recuperación de la imagen cotidiana de su tierra que fluidamente amenaza diluirse por el alejamiento. Más bien, podríamos decir, que su escritura es la captación de un mundo de imágenes del pasado, “una forma de rebrotar raíces, ramas, flores, pájaros, cantos”, en fin una atmósfera que vuelve al escritor a través de la producción textual para salvarlo de la soledad y la ausencia”.

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