Cavalera Conspiracy: bajo los inmortales restos de Sepultura

La primera vez que sentí la necesidad de traducir letras de canciones del inglés al castellano fue con el disco “Roots” de Sepultura editado en 1996. Eran tiempos en que no había Internet por lo que copié cada una de las canciones del disco para que una persona por la suma de G. 30.000 me las traduzca.

Cada persona que asistió en la noche del viernes pasado en el Club Olimpia cuenta con una anécdota especial sobre la música de los Cavalera y Sepultura. En la entrada se dejaban ver metaleros de la vieja escuela, metaleros de los ’90, punks y hasta personas ajenas al heavy. Max siempre supo tener una órbita variada entre sus seguidores.

Tanto los locales Stormia y Patriarca como los brasileros Capadocia no pudieron presentarse por un atraso del bus de Cavalera Conspiracy de 6 horas en la aduana del lado brasileño debido a un problema de documentación con respecto a los equipos de la banda, por lo que el escenario se montó recién a las 21 hs, hora en que arribaron a nuestra capital.

Una gran sorpresa resultó que el concierto se realizara al aire libre detrás de las graderías locales y no en el polideportivo del Club Olimpia, tal como estaba anunciado desde un principio. Mucho mejor. Es bien sabido que los recintos cerrados con tinglado no ayudan mucho a la calidad del sonido para un show en vivo.

Cavalera Conspiracy reunió en 2007 a Max e Igor Cavalera luego de la conflictiva salida del mayor de los hermanos en 1997, hecho que los distanció durante 10 años. Ambos fundaron Sepultura, la banda de metal más exitosa nacida en Sudamérica, pero otros se quedaron con el nombre. Tras 30 años de haber iniciado aquella historia finalmente los Cavalera pisaban nuestro país de la mano de Terre Producciones y Main Stage.

Con tres discos de estudio de su nueva banda bajo el brazo, los hermanos se muestran nuevamente del lado más extremo de la música con ese death thrash que supieron tocar en los inicios de Sepultura. Cerca de la medianoche, Cavalera Conspiracy, el grupo que todos habían ido a ver dijo presente sobre el escenario.

La gente podía reclamar la demora del inicio del show, pero de ninguna manera la performance de la banda ni mucho menos el sonido nítido, potente y poderoso que se escuchó desde la primera hasta la última canción durante el concierto. Sepultura marcó la vida de muchos y a juzgar por los rostros de disfrute nadie salió defraudado.

El set list arracó con “Babylonian Pandemonium”, tema que abre “Pandemonium”, el disco que la agrupación se encuentra presentando en esta gira sudaméricana. Siguió con “Sanctuary” e “Terrorize”, dos canciones de su segundo trabajo.

Entonces llegó el momento que todos fueron a buscar: un pedazo de canciones del gran repertorio de Sepultura cantadas por la voz original, ejecutadas por el guitarrista que las supo componer y tocadas por el demoledor baterista que supo redondear esos himnos del metal y quien fue quizás el músico que más se destacaba dentro de la clásica formación del cuarteto.

“Esta es la canción que abre Chaos A.D, el disco de Sepultura de 1993”, fueron las palabras de Max para presentar “Refuse/Resist”, uno de sus tantos clásicos. Ahí mismo se desató un intenso pogo sin concesiones entre los más extremos del público quienes no disimulaban para nada la emoción del momento. “Canten paraguayos”, soltaba Max.

El mayor de los Cavalera preguntaba “a ver Asunción, ¿cómo se llama esa? ¿War for…?”. Era el momento de “Territory” y así Cavalera Conspiracy recreaba en vivo las dos primeras canciones del disco que llevó a Sepultura a sonar alrededor del mundo entero. Hasta ese momento, la entrada ya valía lo pagado.

Todavía los hermanos recuerdan a Nailbomb, la banda paralela a Sepultura que formaron en aquél lejano 1993 con la que sólo sacaron un disco de estudio. La elegida fue esa pesada y cadenciosa canción de base industrial que es “Sum of your achivements”. Sin dudas, otro gran momento de la noche.

Cavalera Conspiracy se despedía de Asunción con rumbo a Ciudad del Este.

Cavalera Conspiracy se despedía de Asunción con rumbo a Ciudad del Este.

Max sabe manejar a su audiencia. Para ganarse a todos salió nuevamente desde un costado del escenario tocando el riff de “Symptom of the universe” de Black Sabbath o la intro de una de Slayer. También mostró ese costado punk de permanente desacato a la autoridad que tan bien le sienta al cantar y hacer cantar a su público “Policia” de Titas en plan pausado pero haciendo énfasis en cada una de sus palabras.

Igor se mostró como el poderoso baterista que fue en el mejor momento de Sepultura. El menor de los Cavalera era quien daba el toque diferente desde la batería al histórico brasilera. Una avalancha de manos de toques precisos en la percusión que lo rodeaba. Sin dudas, uno de los grandes bateristas del metal. Max en todo momento pedía ovación para su Igor. Se nota que las cosas están más que bien entre los hermanos.

Seguramente Marc Rizzo no tendrá el carisma ni el talento de Andreas Kisser, sin embargo, cumple de manera efectiva la tarea de recrear los solos de guitarra y llevar adelante los riffs más intrincados de la agrupación. En tanto que Johnny Chow mantiene la intensidad con sus cuatro cuerdas desde inicio a fin y marca una fuerte presencia sobre el escenario.

Tras “Warlord” y “Torture” de Cavalera Conspiracy, la banda propuso volver bien atrás en el tiempo. Los arpegios que dieron apertura a una seguidilla de himnos pertenecían a “Beneath the remains”, luego vendrían “Desperate Cry” y “Troops of doom” que sonaron para golpear el corazón nostálgico de los fans old school de Sepultura.

Es indudable que Max le pone la misma garra a todas las canciones que suenan en vivo. Para “Killing inside” agitaba a los presentes como si se tratara de otro de sus clásicos inoxidables, aunque este tema en particular no lo fuera.

El berimbau que sirve de intro de “Attitude” se dejó escuchar un largo rato antes de arrancar con aquella gran canción de “Roots”. Max dejó el corazón en esta canción. “Orgasmatron” debe ser uno de los mejores covers hechos en la historia. El líder de Motorhead, Lemmy Kilmister, debe estar muy orgulloso. Esta versión presagiaba el final de esta fiesta metalera.

“Vamos Paraguay quiero ver el wall of death carajo”, gritaba Max antes de iniciar “Roots bloody roots”, canción que abre el último gran disco de Sepultura. Abajo el circle pit se armó y pobre de quien no estaba preparado. Los cuerpos transpirados de los más extremos evidenciaba el buen momento vivido. La adrenalina era total.

“Gritá carajo. Vamos todos olé olé olé Ca-va-le-ra”, seguía agitando Max antes del infernal riff final donde pudrió la voz y sus compañeros llevaron esta canción hasta sus límetes por lo que sonó casi como un death metal. Luego, Max, Igor, Marc Rizzo y Johnny Chow se despidieron evidenciando lo bien que la pasaron en el show que acababan de brindar.

Sepultura fue una banda que a pesar de salir del tercer mundo marcó el camino a músicos del metal de todos los puntos del planeta. Y este sin dudas fue un show memorable, atendiendo la historia que llevan sobre sus hombros los hermanos Cavalera. Esperemos que se repita. Pronto.

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