“Bruno Marabel no es un monstruo”

Genaro Riera Hunter, sicólogo clínico, sicoanalista y miembro del Ágape Psicoanalítico Paraguayo, invita en esta entrevista a reponerse de la primera impresión y a mirar más allá de la brutalidad, de la violencia “absurda e incomprensible” de los actos de Bruno Marabel, para des-cubrir y entender el lado oscuro de nuestra condición humana.

Por Arístides Ortiz Duarte

Bruno Javier Marabel, entonces un joven de 19 años de cuerpo atlético, alto, de ojos negros y vivaces y amante del boxeo, conmocionó a la opinión pública del país cuando, en setiembre y octubre del 2018, mató a toda una familia de cinco miembros.

En la madrugada del 29 de setiembre de aquel año, en una antigua y ajada casa del Centro Histórico de Asunción ubicado sobre la calle Oliva casi Montevideo, Marabel asesinó a puñaladas a su esposa, Dalma Rojas, mientras dormía; a su suegra, Elva Rodas, a golpes de martillo, a Saulo Rojas, hijo de 4 años de Dalma, a quien aplicó diez y siete puñaladas y luego estranguló; a Cristian Rojas de 5 años -el otro hijo de Dalma- a quien también apuñaló en seis ocasiones y estranguló; por último, el 2 de octubre del 2018 mató a Julio Rojas de 52 años -padre de Dalma- también con arma blanca. Marabel enterró todos los cuerpos en distintos lugares de la casa. El entonces acusado negó en principio haber cometido el crimen, luego cambió su versión durante el juicio oral y declaró que sólo mato a Julio Rojas, a quien acusó de haber matado al resto de la familia. El pasado lunes 2 de noviembre fue sentenciado en primera instancia, en total, a 40 años prisión.

Genaro Riera Hunter advierte sobre las calificaciones “ligeras” de los actores de crímenes como el que nos ocupa, llama la atención en considerar el contexto socio-cultural de la época (el “quiero” y el “necesito” en tiempos del imperio del mercado, el convertir en objeto al Otro) que incide en los autores de homicidios de esta naturaleza, y recuerda que Marabel, como toda persona, puede cambiar y dejar de ser un peligro para la sociedad, “si él está abierto al trabajo del cambio”, porque los tratamientos “solo ayudan a los dispuestos o abiertos al cambio”.

¿Cómo se puede definir, síquicamente hablando, una personalidad como la de Bruno Marabel?

En primer lugar, debo aclarar que todo lo que manifieste al respecto de este caso es en base a informaciones periodísticas. Una opinión estrictamente profesional debe basarse en entrevistas sucesivas psicoanalíticas para poder determinar procesos micro-psíquicos que ilustren el diagnóstico, fundamentalmente el estructural (el contexto social, el cultural) y no solo el fenoménico, el hecho en sí.

Bruno Marabel.

Dicho esto, yo diría que sus actos responderían a una eclosión de acciones de carácter sicopáticos. De una personalidad tipificada dentro de esta perspectiva. Es la forma típica, el paso al acto, de resolver sus conflictos o problemas presentes. Puede haber actos sicopáticos sin ser delincuente o incluso sin antecedentes. La sicopatía se define por la tendencia a resolver todo conflicto por vía del paso a los actos sin elaboración de las consecuencias. Las fantasías no se vuelven en realizaciones sintomáticas, no hacen síntomas psíquicos; las fantasías se realizan en acciones: robo, violaciones, agresiones, ataques, etc. Lógicamente también puede existir lo que se llama, ya desde la psiquiatría clásica, psicosis latente, larvada, ordinaria o blancas, etc.; pero para determinar su existencia o no, como señalaba más arriba, se requiere entrevistas sucesivas psicoanalíticas para detectar lo signos de los llamados fenómenos elementales o discretos de la psicosis. Sin embargo, por las informaciones que se lee, se puede identificar rasgo de perversión por el ensañamiento y la agonía en el dolor que puso en las personas asesinadas con sus actos, y por las mentiras de su relato, sus cambios de versiones; la falta de sentimientos y emociones puestas en sus palabras marca una postura cínica defendiendo unas acciones deshonestas y amenazantes. Así entonces se configuraría un cuadro de una psicopatía con rasgos de perversión, vale decir, con rasgos de insistente repetición. No es conveniente calificar ligeramente experiencias como este lago de sangre, de odio y rencor, como actos de un sujeto psicótico. Los golpes, como carnicero en cólera, se multiplicaron sin miedo y sin remordimiento, según las informaciones, pero eso no debe llevarnos necesariamente de manera prejuiciosa a calificar como respuestas de una estructura sicótica. Reitero: este diagnóstico no puede ser hecho sin escuchar las palabras del protagonista en situación psicoanalítica.

¿Una personalidad como la de Marabel se construye socialmente, se nace con esa personalidad, o las dos cosas?

Genaro Riera Hunter.

Desde luego que una subjetividad como la de Marabel responde a las condiciones que impone una época. La nuestra, de consumo y de ser consumido por los objetos impuestos por el mercado, que nos deja en un punto débil en relación a los lazos sociales. Debilidad en los lazos sociales quiere decir que el otro es un fetiche para uso instrumental del goce de manera abierta, desnuda y sin mediación alguna. La clínica de la época es una clínica del acto, de pasar sin compás de espera a conseguir de manera directa sin mediación simbólica el placer que se cree necesario y con derecho a tener.  Es una clínica del goce directo. Una clínica del más, del necesito más. Una clínica en donde el deseo, en el mejor de los casos, está en suspenso o directamente muerto.

Un sicario, que hay muchos en el mundo, mata por encargo, sin culpa alguna; toma el asesinato de otro ser humano como un trabajo. Los jerarcas nazis mataron a cientos de miles de personas innecesariamente durante la Segunda Guerra Mundial sin culpa alguna. La acusación fiscal concluyó que el móvil principal de Marabel fue el de quedarse con los bienes de la familia asesinada ¿Qué diferencias y coincidencias hay entre los nazis, los sicarios y Marabel?

En los tres casos que menciona, existe un punto común, que se desarrolla a diferente escala y razones, y es lo inhumano que habita en lo humano. Una suerte de narcinismo (narcisismo más cinismo) de fuerza tanática (fuerza de la muerte), para usar el neologismo de la psicoanalista Colette Soler.

En una entrevista que dio a un medio televisivo local, Marabel se quejaba de que lo consideraran un “monstruo”; de hecho, muchas personas lo definen así ¿Es Marabel un monstruo o no? ¿Porqué?

La casa donde vivían la familia y Marabel.

Ante la experiencia de lo absurdo, de lo indecible, de lo incomprensible; ante el puro sin sentido, el ser humano responde con expresiones calificantes del tipo mágico: monstruo, diablo, demonio, etc. Desde luego que Marabel no es un monstruo, una especie de hiedra de Lerna; pero sus actos, a los que me referí más arriba con su primera pregunta, nos lleva a los que nos ocupamos de estas extrañas manifestaciones psíquicas a calificar, no como monstruo a «lo inhumano» que habita en lo humano, sino a estudios diagnósticos de los movimientos o dinámicas de las pulsiones y fijaciones que luego cobran formas diagnósticas, todo esto gracias a los hallazgos freudianos.

¿Marabel puede cambiar en el futuro, con ayuda siquiátrica y sicológica, y dejar de ser un peligro para otro ser humano, o no?

Puede cambiar si él está abierto al trabajo del cambio. Los tratamientos solo ayudan a los dispuestos o abierto al cambio. Si no hay síntomas psíquicos que le moleste y desee saber sobres sus causas no hay camino para ningún cambio en él o en ninguna otra persona. No basta el sufrimiento, es necesario querer ser otro. En este caso es necesario que quiera querer saber de su goce metido en cada uno de sus actos.

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