Así estudiamos y enseñamos guaraní ashá

Por Daniel Rojas Delgado*

Mi relación con el guaraní no es lo que se dice una relación perfecta, sino más bien una de encuentros, desencuentros y reencuentros. Ni tres años ko no llegué a vivir en Caaguazú que tuvimos que salir del país: ivai la ore situación ha roho La Plata-pe, a 56 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Hoy tengo 30 años, soy periodista, docente de comunicación social y di talleres de guaraní en Argentina varios años. Ko´ágã aju jey Paraguai-pe ha aime Ka´aguasu-pe.

El redescubrimiento del guaraní se dio cuando estudiaba Letras —carrera que no pude terminar— en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Mejor dicho, cuando una amiga de la infancia, Carmen Lezcano, me invitó a compartir junto a otros compañeros del profesorado lo poco o mucho que sabíamos de guaraní. Esta necesidad de acercarse al ava ñe´ê se debió a que en las aulas de las grandes ciudades argentinas el guaraní y otras lenguas como el quechua tienen una presencia bastante notoria —aunque a veces no aparezcan a primera vista.

Sin lugar a dudas, el interés creciente hacia el guaraní nos ha sorprendido, al igual que su presencia, más viva de lo que se cree; no sólo en Paraguay y en ciudades limítrofes, sino también en los modos de vivir, de pensar y de nombrar la realidad en gran parte de América.

Ahora bien, volviendo al taller, en gran medida fue posible debido a que tanto en la casa de Carmen como en la mía el ava ñe´ê siempre estuvo presente en la comunicación cotidiana, en la cocina y en la música de los domingos. Ha upéicha, arriéro pórtepe, roñepyrũ.

Un idioma popular y complejo

El método de enseñanza lo armamos de a poco, a machetazo limpio en el monte de una lengua que suena por la nariz y presenta casi infinitas posibilidades de creación. Buscamos acercar la cultura guaraní a través del canto, el juego, los mitos, la gastronomía, los pohã ñana y la gramática, sin olvidarnos de la literatura contemporánea, los ñe´ênga, audios de WhatsApp, películas y videos de YouTube. No nos atamos a un solo manual para definir qué guaraní enseñar pero sí le dimos un lugar VIP al jopara, que es la lengua popular que generalmente se habla y se escucha.

Algunas de las dificultades más grandes de los talleres, por ejemplo, eran hacer que recuerden cómo nombra una mujer o un varón a su familia (che memby, che rajý, etc.), reconocer las palabras triformes (tesa, resa, hesa) o distinguir las que tienen pronunciaciones similares pero significados diferentes (kua-kuã, tupa-Tupã, ku´a-ku´e-ku´i). ¿Ajépa hasy la guaraní?

Aprender una lengua en movimiento

El autor y parte del equipo de la Universidad de La Plata en visita al museo ferroviario de Sapucay.

¿Ha upéi? Después comenzaron los viajes de estudio. Para pisar tierra colorada con nuestros compañeros y compañeras, para “salir a la calle, viajar en colectivo, pasar unas horas en el copetín”, como decía el entrañable pa´i Bartomeu Melià.

Hicimos un primer viaje en 2016 a las playas de Encarnación, las ruinas de Trinidad y los talleres ferroviarios de Sapucai; visitamos a los parientes de Carmen en la campaña de Ybycui, fuimos a la fiesta patronal de la Virgen de Caacupé, y a algunos museos y librerías de Asunción.

La segunda vez, en la Semana Santa de 2018, la Escuela Básica N° 805 Dr. Facundo Insfrán de Lambaré nos abrió sus puertas, donde observamos clases e intercambiamos experiencias con otros docentes y alumnos, y luego pasamos un día fabuloso junto al lago Ypacarai, en Areguá. Estuvimos nuevamente en La Rosada de Ybycui, y nos entrevistamos con los escritores Susy Delgado, Feliciano Acosta y Javier Viveros, que generosamente nos recibieron con buena literatura y rica comida.

Recién en el tercer viaje, el año pasado, paramos en la ciudad de Caaguazú, donde gracias al Dr. Derlis Ortiz visitamos varias instituciones educativas urbanas y rurales de la zona, un par de comunidades mbya y nos reunimos con la ministra Ladislaa Alcaraz, titular de la Secretaría de Políticas Lingüísticas.

Discusiones necesarias

A lo largo de todo este recorrido —que fue enseñanza y aprendizaje a la vez—, empezamos a debatir qué era “lo guaraní”. Relevamos su presencia en escuelas, colegios y terciarios de la región platense y porteña, y notamos la necesidad de formar espacios de investigación universitaria.

Así fue cómo la doctora en Letras Angelita Martínez y la doctora Carolina Cuesta nos dieron la oportunidad de formar un espacio propio en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FaHCE-UNLP), de la mano del profesor Mariano Dubin, uno de los primeros miembros del taller y flamante doctor en Letras: creamos, dentro del Centro de Estudios e Investigaciones Lingüísticas (CEIL) de la FaHCE, el grupo de estudio

Lenguas indígenas y cotidiano escolar”. La discusión sobre qué es indígena y qué no, daría para próximos artículos.

Entonces empezamos a dar el debate sobre la relevancia de estudiar guaraní, a volver a mirar su presencia en la historia de los pueblos de América y a recordar que es una lengua viva con un prestigio siempre latente, sumado a su gran popularidad continental. Para esto, como grupo organizamos y participamos de varios talleres, jornadas y congresos en la región.

Espero que con esta mi vuelta al Paraguay, en particular al Interior del país, pueda avanzar y profundizar en la dirección ya señalada, aportando mi granito de arena. Hacer, decir y escribir lo que esté a mi alcance.

* Licenciado y profesor en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata

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